Amics de l’Òpera de Sabadell
Mozart COSÌ FAN TUTTE
Núria Vilà, Anna Tobella, Joan Francesc Folqué, Elisa Vélez, Carles Pachón, Enric Martínez-Castignani. Dirección: Daniel Gil de Tejada. Dirección de escena: Pau Monterde. Teatre La Faràndula, 27 de octubre de 2017.
 
Pau Monterde se encargó de la puesta en escena de Così fan tutte © Amics de l’Òpera de Sabadell / Xavier Gondolbeu 
 
La fórmula parece sencilla, pero no lo es. Respetar la dramaturgia y el sentido de la obra, concertar con tino y naturalidad una música que lo es todo menos fácil y contar con un cuadro de solistas vocales que se apliquen al trabajo con entusiasmo y talento. El resultado ha sido en este caso un Così fan tutte de los que acreditan a un teatro. Con la partitura ofrecida en su práctica totalidad –solo se omitió “Ah! lo veggio”, probablemente para obviar la desproporción entre las arias asignadas a cada solista en una obra que es un prodigio de equilibrio–, Daniel Gil de Tejada bordó una dirección magistral, y si el volumen de la cuerda pareció exiguo en algún momento ello no obstó a la perfecta ejecución del  conjunto. El fraseo orquestal y las intervenciones de los instrumentos solistas supieron conjugar, en suma, una lectura plenamente refrescante.
La dirección escénica de Pau Monterde volvió a optar por la sencillez y la claridad de conceptos. Gestualidad impecable en los personajes, apartes bien escenificados y detallismo siempre justificado se integraron en una dirección escénica que supo jugar muy bien con los elementos escenográficos y el acertado vestuario de Elisabet Castells y que no tuvo otro inconveniente que la ahora ya habitual escasez de mobiliario, que obligó a las protagonistas femeninas a tomar el desayuno y escribir sus notas sentadas en el santo suelo y al notario a precisar de ayuda para no terminar sedendo en él, y unos ejercicios militares en orden cerrado de los que se hubiera podido prescindir.
Núria Vilà fue una Fiordiligi muy bien cantada, aun mostrando alguna precaución en el “Come scoglio” y Anna Tobella aportó solidez vocal y buena actitud escénica como Dorabella. Elisa Vélez fue esta vez una Despina hiperactiva –sensacional su trabajo escénico– con un canto expresivo pese al exceso de metal y a una dicción poco nítida. Joan Francesc Folqué tiene una voz justa de volumen pero bien modulada y Carles Pachón mostró espontaneidad teatral y autoridad vocal como Gugliemo. Un poco más de homogeneidad en la emisión y el futuro será esplendoroso. Enric Martínez-Castignani, en fin, es de esos artistas que no necesitan refugiarse en la calidad o en el volumen de la voz para mostrar su clase, dibujando un Don Alfonso sencillamente perfecto. Orquesta y coros cumplieron perfectamente sus respectivas funciones.  * Marcelo CERVELLÓ