Metropolitan Opera
Offenbach LES CONTES D’HOFFMANN
Vittorio Grigòlo, Anita Hartig, Erin Morley, Oksana Volkova, Laurent Naouri, Tara Erraught. Dirección: Johannes Debus. Dirección de escena: Bartlett Sher. 7 de octubre de 2017.
 
El Met repuso el montaje de Les contes d’Hoffmann de Bartlett Sher © Metropolitan Opera / Marty Sohl
 
Esta segunda reposición de la producción de Bartlett Sher estrenada en 2009 se confirmó que se trata de uno de los montajes menos imaginativos y peor logrados del renombrado director. A pesar de la heroica labor de los intérpretes, sigue siendo una propuesta con mucho de amateur y supone un retroceso para una compañía del nivel de la Metropolitan Opera de Nueva York. Vittorio Grigòlo encarnó nuevamente el rol del desdichado poeta con una labor escénica sin par, pero vocalmente su voz de tenor lírico no encontró el squillo necesario en toda la función, perdiéndose su proyección de manera vacua en la gran sala. Erin Morley recibió la ovación más grande de la noche con una estratosférica versión de Olympia, mientras que Anita Hartig se consagró como la verdadera estrella: en sus primeras interpretaciones de Antonia, papel nuevo en su repertorio, aportó energía al escenario con su instrumento de primerísimo nivel y una esencia de diva digna del iconográfico escenario.
Laurent Naouri estuvo voluminoso y cumplió como los cuatro villanos. Tara Erraught, por su parte, fue una Musa patética y hasta risible como el doble de Nicklause, mientras que Oksana Volkova se perdió completamente como Giulietta. Los roles comprimarios estuvieron bien actuados, y entre sus intérpretes cabe destacar a Christophe Mortagne, que caracterizó muy bien a los cuatro sirvientes. Robert Pomakov fue un apenas aceptable Crespel y Olesya Petrova estuvo poco convincente tanto vocal como dramáticamente como la voz –y aparición– de la madre de Antonia. 
La labor del coro fue uno de los puntos más consistentes de la noche, mientras que la orquesta, bajo la dirección de Johannes Debus, se mostró imprecisa en una lectura rítmicamente seca y musicalmente confusa. El poco público que aguantó hasta el final la interminable velada recibió a los artistas con amables y discretos aplausos.  * Eduardo BRANDENBURGER