Sociedad Filarmónica de Gijón
Recital CARLOS ÁLVAREZ, ROCÍO IGNACIO, JORGE DE LEÓN
Obras de Bernstein, Leight, Lehár, Chapí, Torroba, Sorozábal, Verdi. Juan Antonio Álvarez Parejo, piano. Teatro Jovellanos, 12 de octubre.
 
Trío de ases para la apertura de una nueva temporada de la Sociedad Filarmónica de Gijón, en una época difícil para estas asociaciones musicales centenarias sin ánimo de lucro, que actualmente deben de competir con el resto de programación clásica de las ciudades, sin prácticamente otro apoyo que el de sus socios. En Asturias el caso de la Filarmónica de Gijón, que ahora preside Ramón Avello, es particular, pues desde hace varios años abre sus conciertos a la taquilla en el Teatro Jovellanos, tras revisar sus estatutos, lo que podría dar ideas a otras entidades similares también en peligro de extinción.
Volvía Carlos Álvarez a Asturias para lucir esa fuerza vocal en el amplio dibujo del fraseo que le caracteriza, desde la canción “Impossible dream” del musical The man of La Mancha de Mitch Leigh, si bien los relieves melódicos de otras páginas como “Luche la fe” de Luisa Fernanda contuvieron los momentos más emocionantes de la actuación del barítono. Los mayores bravos los obtuvo en “Credo in un Dio crudele” de Otello, en el tercer bloque del recital, dedicado a Verdi, que fue especialmente brillante esa tarde del Día de la Hispanidad. En dicha aria el malagueño ofreció una interpretación de gran intensidad melódica, con el valor expresivo de cada detalle, inclusive los silencios, controlando en todo momento su caudal sonoro.
Para Jorge de León fue su debut en Gijón, tras varios años sin reaparecer en la escena asturiana, tras merecer el Premio de cantante revelación en los ya desaparecidos Premios Líricos Campoamor en 2012. La canción “Maria” de West side story no fue quizá la mejor elección para abrir la velada, logrando el tenor una actuación más valiosa al frente de “No puede ser” de La Tabernera del puerto, con impulso vocal y perfilando con cuidado las líneas de la romanza. Hay que destacar el papel del cantante en los dúos, sobre todo “Già nella notte” de Otello, en un juego vocal de quilates con la soprano, y “Si, per ciel” del mismo Verdi, en la que De León mostró toda su flexibilidad vocal.
El trío de ases lo completó Rocío Ignacio, que, aun siendo menos conocida en Asturias –cabe recordar sus apariciones en la temporada de zarzuela del Campoamor–, dejó con gran sabor de boca al público. La soprano demostró su elegancia y dulzura en la selección de La viuda alegre, en especial “Vilja oh Vilja”, para dominar una línea de canto rica y con partes de especial agilidad, mientras la cantante llenaba el escenario. En “Un tiempo fue” de Jugar con fuego Rocío Ignacio mostró su derroche vocal, en una interpretación directa, de voz plena y bien timbrada, para lucir después su amplitud de registros en el dúo con barítono de La Marchenera. Sin embargo, quizá su momento de mayor exuberancia vocal y dramática fue “Come in quest’ora bruna” de Simon Boccanegra. Las propinas siguieron la línea ascendente de la velada, con arias y dúos de La forza del destino e Il Trovatore, entre las que destacó “Mira, d’acerbe lagrime” para soprano y barítono, del último título.  * Diana DÍAZ