Opéra National de Paris
Verdi DON CARLOS
Ildar Abdrazakov, Jonas Kaufmann, Ludovic Tézier, Dmitry Belosselskly, Sonya Yoncheva, Elina Garanca, Krzsztof Bączyk, Éve-Maud Hubeaux, Julien Dran, Silga Tiruma. Dirección: Philippe Jordan. Dirección de escena: Krzysztof Warlikowski. Opéra Bastille, 13 de octubre de 2017.
 
Jonas Kaufmann protagonizó Don Carlos en París junto a Ildar Abdrazakov y Elina Garanca © Opéra National de Paris / Agathe Poupeney
 
En el inmenso espacio escénico de la Bastille, casi vacío, se movieron con soberana lentitud practicables de grandes dimensiones diseñados por Malgorzata Szczesniak, rectilíneos, perfectamente mecanizados. Unos pocos elementos de atrezo, algunas proyecciones y un vestuario que traslada la acción al siglo pasado fueron las cartas del regista, Krzysztof Warlikowski, quien no demandó a sus cantantes posiciones incompatibles con el canto. En este regreso a Francia de la versión gala de la ópera verdiana, en todo caso, se eliminó el ballet, con una puesta en escena sin sabor y sin imaginación.
¿Qué dudas podía haber sobre el trabajo de los solistas? Sin menoscabo del enorme trabajo realizado –premiado con merecidos aplausos–, algunos no pudieron sobrepasar los obstáculos que representaron la inmensa sala, la orquesta y la prosodia francesa. Surgieron dudas sobre la capacidad de Jonas Kaufmann (Don Carlos) para llenar con su voz el espacio de La Bastille, en particular en el acto de Fontainebleau; en todo cas, en los recitativos, su francés fue perfecto y su actuación, hecha de rigor y fragilidad, inmejorable.
 Ludovic Tézier (Posa) salvó con elegancia y sabiduría el problema de las dimensiones de la sala, que conoce  muy bien, y además hizo gala de una prosodia académica, elegante y refinada, sin duda la mejor de la velada. Tampoco tuvo que luchar mucho contra la orquesta, puesto que el foso disminuyó el velamen en el aria de su despedida. No tuvo esta suerte Elina Garanca (Eboli), que si bien realizó un gran trabajo en las arias de lucimiento, resultó casi inaudible en los recitativos, como también lo estuvo Sonya Yoncheva (Elisabeth), de voz cristalina, de bello timbre, muy bien dosificada, poco capaz sin embargo de aguantar y hacer oíbles las notas graves. A ambas dejó la orquesta espacio libre para cantar su célebre dúo en el despacho de Felipe II, que realizaron impecablemente.
Ildar Abdrazakov fue un Felipe II convencional, con grandes dificultades para con la fonética y no mucha precisión en el registro grave, y casi lo mismo se dirá de Dmitry Belosselskly en el papel de Grand Inquisiteur. Su célebre dúo fue un bello diálogo entre dos buenos cantantes y no el esperado duelo de titanes que merecía la ocasión. 
El foso privilegió sus intereses por encima de los del escenario. Cubrió excesivamente momentos importantes (“Méfiez-vous du Grand Inquisiteur!”), dejando al pobre cantante fuera de combate. Philippe Jordan –y no fue esta la primera vez– arremetió a puñetazos en el aire cada vez que pudo con una versión de la partitura totalmente exagerada. El público agradeció muy justamente el impresionante trabajo del coro de la casa, muy bien dirigido por José Luis Basso: sus tutti, cantados con chulería, sin ningún temor para con las dimensiones de la sala, provocaron escalofríos.  * Jaume ESTAPÀ