Angers Nantes Opéra
Monteverdi L’INCORONAZIONE DI POPPEA
Rinat Shaham, Elodie Kimmel, Logan López González, Renato Dolcini, Mark Van Arsdale, Gwilym Bowen, Chiara Skerath, Elmar Gilbertsson, Eric Vignau, Dominique Visse, Peter Kalman, Sara Aristidou, Augusto García Vázquez, Agustín Pérez Escalante. Dirección: Moshe Leiser y Gianluca Capuano. Dirección de escena: Moshe Leiser y Patrice Caurier. 9 de octubre de 2017.
 
Intérpretes de L’incoronazione di Poppea en Nantes © Angers Nantes Opéra / Jef Rabillon
 
Jean Paul Davois, director de la Angers-Nantes Opéra, se despidió de su mandato con esta producción de campanillas. Contó para ello con la colaboración de Moshe Leiser y Patrice Caurier, que subyugaron al público ante un reto complejo dada la duración y el carácter específico de la obra, casi siempre en manso de artistas especializados en el Barroco. La propuesta actualizaba el lugar y la época de la acción. Una vez más, Christian Fenouillat dio rienda suelta a su imaginación para, con el gran rigor que se le conoce, presentar espacios verosímiles y a la vez estilizados para situar la acción. Christophe Forey contribuyó a valorizar dichos espacios con una iluminación adecuada. Por encima de la escenografía y su iluminación, sin olvidar el vestuario de Agostino Cavalca, imaginaron los directores una enorme cantidad de añadidos dramáticos, mucho más allá de la simple morcilla que arroparon la historia y los complejos personajes, con anécdotas ilustrativas de mil matices. Sorpresa de la noche fue ver por vez primera en el foso a Moshe Leiser dirigiendo el conjunto Il canto di Orfeo al alimón con Gianluca Capuano. El resultado fue calificado muy positivamente por el público, pues pusieron la parte orquestal de la obra a la altura de las mejores oídas en un auditorio.
Peter Kalman (Seneca) se llevó una ovación tras su suicidio, con el que concluyó la primera parte del espectáculo; aportó al rol un porte grave y majestuoso y también su emisión solemne y respetuosa al extremo de la fonética italiana. Elmar Gilbertsson fue un Nerone vocalmente irreprochable que redondeó su trabajo gracias al cuidado con que los directores de escena trataron su personaje. Lo mismo se puede decir de Chiara Skerath en su interpretación de Poppea.
La primera aria de Ottavia –Rinat Shaham, que cantó además el personaje de Fortuna– superó vocalmente a la segunda, que con acierto los directores mandaron concluir con el suicidio físico de la esposa del César. Ello subrayó las consecuencias del suicidio político imaginado por Monteverdi que suponía para ella alejarse de Roma. También la pareja formada por Ottone (Renato Dolcini) y Drusilla –Elodie Kimmel, que había sido la Virtù en el prólogo– respondió a las demandas vocales del podio y dramáticas del escenario. Eric Vignau, un gran actor, estuvo desopilante en el papel travestido de Arnalta, y no le fue a la zaga un veterano en estas lides, Dominique Visse, aconsejando a Ottavia en su papel de la Nutrice. El Valetto (Gwilym Bowen) y la Damigella (Sarah Aristidou) se libraron sin gran retención a juegos descocados. No se olvide la soberbia escena de la bacanal que siguió a la muerte de Seneca, la única en la que Mark Van Arsdale pudo mostrar sus cualidades vocales y dramáticas.  Tampoco se puede dejar de mencionar al coro de la casa, bien dirigido por el leridano Xavier Ribes.
Cerró la noche mucha sangre en escena durante el bellísimo diálogo que cerraba plaza, un contraste de gran efecto y original que ilustraba con justicia la trastienda violenta y dolorosa de los amores sinceros de los amantes.  * Jaume ESTAPÀ