Semperoper Dresden
Berlioz LES TROYENS
Bryan Register, Christoph Pohl, Jennifer Holloway, Christa Mayer. Dirección: John Fiore. Dirección de escena: Lydia Steier. 9 de octubre de 2017.
 
Dos detalles del montaje de Les troyens firmado por Lydia Steier © Semperoper / Forster
 
Los caprichos de la programación han permitido que dos teatros alemanes estrenen, con pocos días de diferencia, sendas nuevas producciones de Les troyens de Berlioz, bien diferentes en cuanto a concepción escénica y acercamiento a la partitura. Lydia Steier parecía más preocupada en ofrecer un espectáculo colorista y entretenido, pecando incluso de horror vacui por la profusión de detalles y acciones que poblaban constantemente el escenario de la Semperoper, pero, por otro lado, es innegable su habilidad para mover las masas corales. En última instancia, el espectáculo no estaba reñido con algunas buenas intuiciones dramáticas, en especial la relación entre troyanos y cartagineses, los primeros una banda de soldados errantes que no dudan en aprovecharse, incluso por la fuerza, de las mujeres de los segundos. Más discutible es convertir la “Caza real y tempestad” en una batalla contra los númidas que acaba con la brutal ejecución de los prisioneros por orden de un Énée retratado con rasgos poco favorecedores. Si Cartago parecía una comuna de refugiados del este de Europa, Troya era un reino de opereta con vestuario colorista (Gianluca Falaschi) de principios del siglo XX que se podía identificar, gracias al decorado de Stefan Heyne, con la propia Dresde. De hecho, el célebre caballo era una réplica de la estatua ecuestre situada delante de la Semperoper, en el pedestal de la cual se inmolará Didon.
El equipo artístico experimentó dos cambios importantes antes del estreno. John Fiore ocupó el lugar del anunciado Lothar Koenigs, dirigiendo con mano firme las excelentes fuerzas estables del teatro, tanto una Staatskapelle de sonoridad áurea y refinada, como un coro impactante. La amplitud de su batuta pecó en algunas ocasiones de cierta tentación a la espectacularidad, pero a la vez supo mantener la continuidad del discurso, subrayar las mil sutilezas instrumentales de la partitura y clarificar de forma reveladora la estructura de pasajes como el octeto con doble coro. Los cortes fueron escasos, pero en el caso del septeto del acto cuarto, poco comprensibles.
Bryan Register sustituyó como Énée a Eric Cutler, haciendo valer una voz de timbre impersonal, pero con la suficiente flexibilidad para capear la aguda tesitura y con un fraseo siempre escrupuloso. Jennifer Holloway fue una Cassandre de voz pulposa, sin problemas en los extremos de la tesitura, a la que solo le faltaron unas décimas extras de fervor visionario. La voz un tanto matronil de Christa Mayer supo imponerse como una Didon de delicados acentos en el dúo con Énée, y con toda la nobleza trágica requerida en el final. La Semperoper no dejó ningún cabo suelto en el amplio reparto, con aportaciones destacadas de Joel Prieto como un ágil Iopas, Agnieszka Rehlis como una Anna pimpante y Evan Hughes como un Narbal de gran firmeza. El elemento más excepcional, no obstante, fue Christoph Pohl, barítono lírico de voz sedosa y fraseo inmaculado que hacía desear que Chorèbe no desapareciera tan pronto de la acción.  * Xavier CESTER