Teatro Real
Bizet CARMEN
Anna Goryachova, Francesco Meli, Eleonora Buratto, Kyle Ketelsen, Jean Teitgen, Olivia Doray, Lidia Vinyes Curtis, Isaac Galán, Borja Quiza, Mikeldi Atxalandabaso. Dirección: Marc Piollet. Dirección de escena: Calixto Bieito. 11 de octubre de 2017.
 
Anna Goryachova y Francesco Meli fueron Carmen y Don José en Madrid © Teatro Real / Javier del Real 
 
Volvió Carmen a la escena del Real madrileño, esta vez en la ya muy veterana puesta en escena de Calixto Bieito. En realidad, fue la producción la que centró buena parte del interés, incluido el programa de mano, que le otorgó el título de clásico contemporáneo. Sin duda se ha visto en muchos teatros y, como el montaje sigue teniendo una reputación polémica, atrae público. Del papel titular se hizo cargo, en este primer reparto, la mezzo Anna Goryachova, de excelente figura y buena actriz, y con una voz hermosa y matizada, ciertamente aristocrática, mejor en el registro agudo que en el bajo, no muy grande ni demasiado sensual: una Carmen un poco postmoderna, en una palabra. Francesco Meli debutaba en una función escénica en el Real y aunque ha ampliado la voz, muy hermosa por otra parte, y pulida con una excelente técnica, no consigue centrar su Don José, que aparece más afectado que realmente atormentado por la obsesión amorosa. Quizás le perjudicó el haber recurrido en exceso al falsete en su dúo con Micaëla.
Muy aplaudida Eleonora Buratto en este último papel –suele ocurrir con este personaje–, en el que exhibió una voz limpia, cristalina y amplia, expresiva en todos los registros y de gran variedad de color. El Escamillo de Kyle Ketelsen lució un tipo poco torero y un instrumento sonoro con pocos matices, con marcada tendencia al sonido explosivo. Bien la Frasquita y la Mercedes de Olivia Doray y de Lidia Vinyes Curtis, aunque la puesta en escena les dejaba pocas posibilidades de finura, ni siquiera en el maravilloso trío de las cartas. Excelente Jean Teitgen en Zuniga y Alain Azérot en Lillas Pastia, y de gran presencia y factura Isaac Galán, Borja Quiza y Mikeldi Atxalandabaso. Resulta difícil de entender que no aparezca ningún nombre español entre los primeros papeles, en particular el de Carmen, para la que hay ahora mismo tan excelentes candidatas.
Es bien sabido que la puesta en escena de Bieito traslada la obra a los años setenta, en una zona fronteriza española (es decir, una España tan tópicamente castiza como la de los bandoleros de Mérimée). El regimiento decimonónico es aquí la Legión y en vez de evocaciones serranas y sevillanas, el espectador se encuentra con un escenario despoblado, con un mástil y una cabina de teléfonos en el primer acto, convertido en un aparcamiento luego y limpio del todo en la gran escena final. Ejemplar economía de medios y excelentes dramaturgia, movimientos e iluminación. Y como para compensar la retirada de las escenas más escandalosas con la bandera nacional, porque no está el momento para transgresiones tan obvias, parecen haberse multiplicado las escenas de sexo, continuas a lo largo de toda la obra y, la verdad, sin amor ni sensualidad ni erotismo. La carne cruda, incluida la de los fornidos y casi siempre medio desnudos legionarios, no daba para más.
La dirección musical, a cargo de Marc Piollet, apostó desde el primer momento por el gran volumen y los tempi desequilibrados, como si estuviera ante una partitura verista. Perdieron la delicadeza y la capacidad de evocación de una orquestación extraordinariamente sofisticada. Muy bien la orquesta y bien el coro, dentro del ambiente creado por la apuesta populista, como corresponde a los tiempos que corren.División de opiniones, bien marcada, cuando salieron a saludar algunos de los responsables de la escena.  * José María MARCO