Théâtre du Capitole
D’Albert TIEFLAND
Nikolai Schukoff, Meagan Miller, Markus Brück, Scott Wilde, Orhan Yildiz, Anna Schoenck, Paul Kaufmann, Jolana Slavikova, Sofia Pavone, Anna Destraël. Dirección: Claus Peter Flor. Dirección de escena: Walter Sutcliffe. 3 de octubre de 2017.
 
Intérpretes de Tiefland en Tolouse © Théâtre du Capitole 
 
Escenografía, orquesta, solistas y coro –todos los elementos– se aunaron para realzar la ópera de Eugen d’Albert salida del dramón homónimo (Terra baixa) de Ángel Guimerá. Un dramón, sin duda, pero por las confrontaciones contundentes entre los personajes y por el simbolismo del texto y de los lugares resultó la fábula –háblese de fábula, pues hubo lobos– de un realismo estremecedor. La historia –realista y simbólica a la vez– no por inverosímil dejó de interesar al público. La cuidada escenografía de Karpar Glarner representó al inicio la cima de una cadena de montañas y para explicitar el descenso del pastor al valle se desplazó el telón de fondo verticalmente, en un efecto de panorámica cinematográfica muy eficaz. La dirección de escena de Walter Sutcliffe llevó a continuación al espectador hasta la mansión de Sebastiano, el hombre rico del pueblo, el lobo que al final mata el pastor: un sótano lúgubre que dio de inmediato el tono del ambiente que reinaba en la casa. El trabajo de iluminación de Bernd Purkrabek subrayó con gran tino detalles preciosos en momentos precisos de la historia.
 
En cuanto al aspecto musical de la velada destacó especialmente la labor de la orquesta local, bien dirigida por Claus Peter Flor. Los metales aportaron resonancias, venidas con el Romanticismo, para caracterizar ambientes montañeses que ensancharon el espacio. Las maderas, bien presentes, aumentaron el poder lírico de las cuerdas, exponiendo de manera explícita el director no solo las múltiples referencias wagnerianas de la partitura –inevitables en aquella época–, sino también alusiones a Richard Strauss y aun a Jacques Offenbach con las que D’Albert quiso caracterizar la ligereza de las tres malintencionadas amigas de Marta.
 
Fue en el apartado vocal en el que el resultado de la noche podría haberse tambaleado. Descártese de las dudas a Markus Brück, que dio de Sebastiano, el malo de la película, una versión vocal que rozó la perfección por su tesitura ancha, el color masculino de su voz, la potencia de su emisión y la elegancia de su fraseo. Nikolai Schukoff (Pedro) y Meagan Miller (Marta), algo inseguros al inicio de la velada, ganaron progresivamente en confianza y dieron además veracidad al increíble cuento gracias a su trabajo dramático. El resultado estremeció de emoción la sala.
 
Completaron el éxito Scott Wilde y Orhan Yildiz –Tommaso y Moruccio convincentes–, AnnaSchoenck, que ejecutó con brillantez la particella de Nuri, y Paul Kaufmann, vocalmente muy preciso en el papel de Nando. Jolana Slavikova (Pepa), Sofia Pavone (Antonia) y Anna Destraël (Rosalia) trabajaron en profundidad los papeles de las compañeras de fatigas de Marta.
 
Los coros (Alfonso Caiani) cumplieron y sonaron suficientemente cohesionados, si bien en el escenario estuvieron siempre bien separados por sexos.  * Jaume ESTAPÀ