Staatsoper
Wagner PARSIFAL
Andreas Schager, Wolfgang Koch, Kwangchul Youn, Claudia Mahnke. Dirección: Kent Nagano. Dirección de escena: Achim Freyer. 24 de septiembre de 2017.
 
Achim Freyer se encargó de la puesta en escena de Parsifal © Staatsoper Hamburg / Hans Jörg Michel
 
La Ópera Estatal de Hamburgo inauguró la temporada con una nueva producción de Parsifal con el sello inconfundible de Achim Freyer. Responsable de la puesta en escena, el decorado, el vestuario y la iluminación, el veterano hombre de teatro alemán prestó su fulgurante estilo visual a una lectura del último drama wagneriano que tenía como eje conceptual la figura de una espiral, sin principio ni final, un reflejo de la sociedad del Grial, fuera del tiempo y del espacio convencionales, que Freyer retrató con tintes sombríos, mortuorios incluso. A este mundo oscuro llegó un Parsifal todo blancura –entre otros referentes, tanto el vestuario como el exagerado maquillaje beben del mundo del circo– que seguía su camino de autodescubrimiento en el abigarrado jardín de las muchachas flor con sus atributos físicos divertidamente amplificados, antes de encontrar el beso fatal de Kundry, criatura puro instinto con una melena que la cubría de arriba abajo. La redención, o la liberación según se mire, se produjo cuando Parsifal provoca que todo el decorado se abra y la espiral se desmonte, dejando a la vista la estructura del escenario en el que se puede ver la última palabra de las muchas que Freyer ha ido proyectando durante la representación: “Principio”.
Kent Nagano firmó desde el foso una lectura de tiempos fluidos, que no apresurados, y con cierta neutralidad expresiva inicial que fue dando paso a un impecable sentido narrativo sacando el máximo rédito de unas fuerzas estables en gran forma. Más que en los pasajes más aparatosos, fue en los momentos detallistas –los beatíficos compases finales, por ejemplo– donde la versión del director norteamericano resultó más convincente.
Andreas Schager fue un Parsifal de firmes acentos, más heroico que lírico, frente a la Kundry fraseada con buen tino por una Claudia Mahnke que sorteó con habilidad los retos de la compleja tesitura. Kwangchul Youn fue todo un lujo como Gurnemanz, tanto por la belleza de la voz como por la pertinencia de la línea de canto; Wolfgang Koch fue un Amfortas lacerante, más en el tercer acto que en el primero; Vladimir Baykov, pese al aspecto de Joker, no forzó el trazo en su malévolo  Klingsor, y Tigran Martirossian fue un Titurel de bienvenida salud vocal.  * Xavier CESTER