Opéra National de Bordeaux
Offenbach LA VIE PARISIENNE
Anne-Catherine Gillet, Jean-Paul Fouchécourt, Marc Barrard, Marie-Adeline Henry, Philippe Talbot, Enguerrand de Hys, Aude Extrémo, Harmonie Deschamps. Dirección: Marc Minkowski. Dirección de escena: Vincent Huguet. 26 de septiembre de 2017.
 
© Opéra National de Bordeaux / Vincent Pontet 
 
Fue sin duda la puesta en escena de Vincent Huguet lo que más sobresalió de esta producción. La escenografía (Aurélie Maestre) del primer acto, una estación de trenes con más de una morcilla de puesta al día jocosa e inteligente, fue la más comprensible de las cuatro que propuso la artista. Las demás fueron aceptables con un poco de imaginación. También el vestuario (Clémence Pernoud) quedó a buena altura y las alusiones a personas conocidas en Francia como Sonia Rykiel, Madame de Fontenay o el modisto Karl Lagerfeld vinieron como anillo al dedo para subrayar de qué tipo de gente hablaban en su día los libretistas Henri Meihlac y Ludovic Halévy.
 
El trabajo dramático del coro de la casa se situó a gran nivel, sobre todo en el ya citado primer acto. Los coristas interpretaron lo que se ve en toda estación de tren: gentes que van y vienen, que se encuentran y se separan, que esperan y que se van decepcionadas y confusas. Hubo risas y lágrimas. Los solistas, por el contrario, parecieron pasar momentos de angustia, de no saber qué hacer.
 
Vocalmente sobresalieron Anne-Catherine Gillet (Gabrielle) por su gran presencia escénica y su educada voz al servicio de su complejo personaje, así como el barítono Marc Barrard (Le Baron), de emisión perfecta, divertido y con ganas de divertirse. Algo decepcionó vocalmente Marie-Adeline Henry –Métella, disfrazada de Madame Macron– por el metal que apareció en el agudo en forte, frecuente en su personaje. Sorprendió por el contrario muy positivamente el trabajo de Aude Extrémo (La Baronne) por la claridad de su emisión, exacta y templada, muy afín con los sentimientos contradictorios de su papel.
 
Mathias Vidal dio del brasileño una versión poco clara, que el público aplaudió, por la simpatía que emanaba del actor. También fueron aplaudidos Enguerrand de Hys (Bobinet) y Philippe Talbot (Gardefeu) por las mismas razones. Harmonie Deschamps interpretó una Pauline muy aceptable. Sin menoscabo de su brillante carrera interpretativa, dígase que Jean-Paul Fouchécourt (Frick y Prosper) mostró esta noche más virtudes dramáticas que vocales.
 
El ballet de la casa (Eric Quilleré) quiso mostrarse a la altura de las circunstancias en este inicio de temporada amueblando la obertura de forma dinámica, artística e inteligente –la orquesta lo fue menos– y dando del galop final una curiosa versión con las bailarinas vestidas de blanco, como si de un ballet romántico se tratara. Para remachar el clavo, el cuerpo de baile brindó al final del segundo acto un espectáculo en off en plena plaza de la Opéra.
 
Quedó menos bien parada la orquesta. Marc Minkowski, actual director general de la Opéra National de Bordeaux, abandonó desde la obertura todo intento de restituir la parte lírica de la partitura, limitándose a marcar el tempo de manera poco menos que charanguera.  * Jaume ESTAPÀ