Opéra Municipal de Marseille
David Alagna LE DERNIER JOUR D’UN CONDAMNÉ
Roberto Alagna, Adina Aaron. Dirección: Jean-Yves Ossonce. Dirección de escena: Nadine Duffaut. 28 de septiembre de 2017.
 
 
Roberto Alagna, en Le dernier jour d’un condamné © Opéra Municipal de Marseille 
 
Jean-Yves Ossonce dirigió con la mano izquierda a causa de la fractura de su brazo derecho debida a una infortunada caída en el vestíbulo del propio teatro marsellés durante los ensayos de esta obra. Aún así, logró que la orquesta de la casa diera un excelente rendimiento al servicio de la música de David Alagna –hermano del tenor Roberto Alagna–, expresiva, lírica, violenta por momentos, como lo era el tema central de la obra: la injusticia de la pena de muerte.
A partir del libro homónimo de Victor Hugo, trató la familia Alagna al completo –Roberto, David y Federico– la cuestión desde el estricto punto de vista del condenado, sin cuidarse en precisar la mala acción cometida por el convicto. En la idea de los libretistas de Le dernier jour d’un condamné, como en la de Victor Hugo, cualquiera que haya sido el crimen cometido por el delincuente, la sociedad por vía de la condena a la pena capital da al criminal un castigo psicológico –más que físico– muy superior al que sufrieron sus víctimas. No es lugar aquí para este debate.
El libreto trazó paralelismos entre dos convictos. De ninguno de los dos supo el público cuál había sido su pecado. Uno de los condenados se situó en Europa, seguramente en Francia, a principios del siglo XIX; la otra, en Estados Unidos, en la actualidad. Fue patente la unicidad del sufrimiento en ambos, aunque los malos tratos infringidos por los guardianes cambiaron mucho con el paso del tiempo.
Aplaudió el público marsellés –siempre prolijo en materia de vítores– la puesta en escena de Nadina Duffaut, así como a los dos protagonistas por un igual. Adina Aaron, la americana convicta, mostró dignidad hasta el punto de extrañarse el público de la seriedad de la pena. Buena presencia, excelente dicción francesa, emisión dúctil, afinación y timbre adecuado al personaje caracterizaron el trabajo de la joven soprano estadounidense. Roberto Alagna, en el papel del condenado dieciochesco, lució por el contrario un timbre mucho más rugoso, atormentado y doliente, no exento de la fuerza que conllevaba la desesperación. Como convenía al personaje, no escatimó el tenor decibelios a las horas del desaliento y de los malos tratos, que fueron muchas.
La obra, por deseo explícito de los tres libretistas, estuvo encuadrada por unos textos del propio Victor Hugo, inspirados, inflamados, convincentes, sorprendentes también por su actualidad, soberbiamente recitados por la actriz Catherine Alcover, acompañada por el violín angustiado de Alexandra Jouannié.
De esta manera, valiente, inició la Ópera Municipal de Marsella una temporada que se anuncia muy fructífera.  * Jaume ESTAPÀ