Opéra de Lille
Mozart COSÌ FAN TUTTE
Ruzan Mantashyan, Virginie Verrez, Laura Tatulescu, Anicio Zorzi Giustiniani, Alessio Arduini, Nicolas Rivenq.
Dirección: Emmanuelle Haïm. Dirección de escena: Christophe Honoré. 30 de septiembre de 2017.
 
Christophe Honoré ambientó Così fan tutte en la Abisinia ocupada por Mussolini © Opéra de Lille / Simon Gosselin 
 
Christophe Honoré justificó con vagas razones haber escogido la Abisinia bajo el dominio de Benito Mussolini para poner en escena este Così fan tutte que no pasará a la historia a pesar del apoyo magistral desde el foso del Concert d’Astrée. El director de escena mató así dos pájaros de un tiro: la denuncia de la condición femenina –¿la de las italianas en Abisinia?– y los abusos del colonialismo italiano y por extensión de todos los colonialismos.
 
La escenografía, interesante y de buena ley de Alban Ho Van, brindó un ambiente local a la historia. Para situar mejor la época de la acción se incluía una foto de Pío XI –personaje desconocido en Francia– y otra del Duce, aunque difícil de reconocer. También dispuso el director una docena de extras que parecieron venidos del país africano, amén del coro de Ciudad del Cabo The Celestial 12, cuyos integrantes pudieron pasar también por abisinios a ojos europeos.
 
Una vez más, pues, un director de escena había empezado su trabajo leyendo con detención el libreto, buscando y hallando en su cerebro una situación histórica y un lugar originales –“no vamos a hacer siempre lo mismo”– que respondiera a algún punto importante de la trama. A continuación se ha de forzar el resto del texto de la ópera para adecuarlo –hacerlo entrar a martillazos– al contexto decidido por el regista de antemano. Un modus operandi muy utilizado para poner al día historias del pasado. Para más inri, el joven director –en cuanto a experiencia operística– impuso a los cantantes posiciones y piruetas corporales incompatibles con la dificultad del canto mozartiano, sobre todo para artistas de mediana calidad o en barbecho.
 
Nicolas Rivenq (Don Alfonso) defendió con dignidad su rol, faltándole tan solo un poco de respiración en algún momento fundamental. Laura Tatulescu –Despina no solo descocada, sino también una verdadera furia sexual– hizo gala de un timbre poco agradable y una presencia en el escenario a todas luces insuficiente para la misión confiada por Don Alfonso. Por otra parte, dos mujeres jóvenes, viviendo junto a un batallón de soldados, a miles de kilómetros de la madre patria, poca necesidad tendrían de cualquier Despina para saber cuáles fueran sus intereses.
 
Ruzan Mantashyan (Fiordiligi) fue aplaudida al final de una de sus arias, por la precisión de su canto, su timbre agradable y su buena dicción italiana. Virginie Verrez (Dorabella) agredió los oídos con sus emisión; controlada, pero estridente. Anicio Zorzi Giustiniani (Ferrando) y Alessio Arduini (Guglielmo) cumplieron en sus cometidos y aventajaron en dicción a sus amadas por el hecho de ser ellos italianos.
 
Felicítese a Emmanuelle Haïm, que, con el gran aplomo que se le conoce, pasó por encima de todo cuanto viene dicho. Con gran vergüenza torera, digna de las mejores, dirigió el foso y el escenario –su atención se volcó sobre el escenario esta vez– con su ya bien conocida mano de hierro en guante de terciopelo. Añádase que fue esta su primera interpretación de la obra de Mozart. El público, más bien frío durante la representación, propinó una salva de aplausos cerrada y entusiasta al salir a saludar los artistas.  * Jaume ESTAPÀ