Washington National Opera
Verdi  AIDA
Yonghoon Lee, Morris Robinson, Ekaterina Semenchuk, Tamara Wilson, Solomon Howard,
Gordon Hawkins. Dirección: Evan Rogister. Dirección de escena: Francesca Zambello. 9 de septiembre de 2017.
 
Ekaterina Semenchuk y Tamara Wilson dieron vida a Amneris y Aida en Washington © Washington National Opera / Scott Suchman 
 
En esta fastuosa apertura de temporada con Aida la WNO confirmaba su intención de acercar la ópera a la calle, es decir, popularizar el género incursionando en elementos de la cultura popular. Para ello, la directora de la compañía, Francesca Zambello, también al frente de esta producción, ha recurrido al grafitero Marquis Duriel Lewis. Conocido como Retna, este artista ha colaborado en proyectos con el cantante Justin Bieber y las firmas Nike, Louis Vuitton y VistaJet y su obra está caracterizada por un enmarañado sistema de grafías de influencia árabe, egipcia y hebrea, entre otras culturas. Para los más tradicionalistas, en esta puesta en escena faltó el aparato de recursos tan esperado en Aida, con un montaje lejos de elefantes y vestuarios exóticos, más bien atemporal en el contexto y con unos decorados que fluctuaron entre el minimalismo del primer acto y la apabullante y visualmente potente presencia de los murales de Retna en la escena triunfal en el segundo. Si no para todos los gustos, y sin aparente coherencia, el resultado estético tuvo la fuerza deseada y fue coronado con la espectacular participación del ballet de la coreógrafa Jessica Lang.
Lo más destacado de esta Aida, sin embargo, fue la solidez del cuerpo de voces, excepcionalmente homogéneo y de calidad. La soprano Tamara Wilson encarnó a una esclava etíope de gran belleza vocal, con la proyección adecuada y sutiles matices, aunque más en la piel de su personaje estuvo la mezzosoprano rusa Ekaterina Semenchuk como Amneris, impecable en lo vocal. El elenco masculino estuvo a la altura, encabezado por el tenor surcoreano Yonghoon Lee, un Radames de considerable presencia dramática e indudable volumen de voz. De menor presencia por sus papeles secundarios, pero más que loables en resultado artístico, la participación de la corpulenta voz de Soloman Howard como el Rey de Egipto y la solemne y controlada intervención del bajo Morris Robinson como Ramfis. El ya veterano Gordon Hawkins fue un digno Amonasro, aunque su voz apuntó algo de vibrato.
El entusiasmo de la batuta de Evan Rogister llevó a la orquesta a un volumen excesivo y tiempos demasiados lentos. El coro, muy destacable, completó un cuadro de voces de una paridad inusual.  * Esperanza BERROCAL