Teatro Real
Mozart  LUCIO SILLA
Kurt Streit, Patricia Petibon, Silvia Tro Santafé, Inga Kalna, María José Moreno, Kenneth Tarver.
Dirección: Ivor Bolton. Dirección de escena: Claus Guth.  13 de septiembre de 2017.
 
Claus Guth llevó su visión de Lucio Silla al coliseo madrileño © Teatro Real / Javier del Real 
 
El padre de Wolfgang Amadeus Mozart se quejó por carta de que el estreno de Lucio Silla en Milán hubiera durado hasta pasadas las dos de la madrugada. En esta primera representación de la obra en Madrid no se llegó a tanto, pero había una cierta desconfianza ante una obra primeriza, poco conocida y ajena al repertorio. Los malos augurios no se cumplieron y aunque una parte del público abandonó la sala –probablemente no es la obra óptima para inaugurar la temporada lírica de un teatro como el Real–, el estreno artísticamente fue todo un éxito. Los responsables de este respaldo obtenido por una ópera seria de más de tres horas, dieciocho arias y escasa acción fueron en muy primer término los cantantes, que consiguieron algo que no es común, como es cantar de verdad durante toda la representación.
El tenor Kurt Streit defendió con solvencia su parte, aunque la voz no sea muy hermosa y tienda a veces a cierta tosquedad; realizó una excelente actuación en el papel protagonista de dictador romano con escrúpulos morales. Patricia Petibon se lució como actriz y algo menos como cantante: aunque en general estuvo muy bien, con su característica voz, tan expresiva y bien entonada, falló estrepitosamente en el da capo de su aria central, infernal, eso sí. Silvia Tro Santafé, que dio vida a Cecilio, amante de la Giunia de Petibon, estuvo magnífica, con una voz homogénea, densa de tonalidades dramáticas y agilidades perfectas: un gran triunfo. El Lucio Cinna de Inga Kalna –barbada, como está de moda últimamente en las soprano músico– lució extensión y potencia, aunque le faltó algo de claridad de emisión. María José Moreno, por su parte, compuso una maravillosa Celia, con un instrumento transparente, lírico en algunos casos, dramático en otros, siempre claro y perfectamente emitido. Muy correcto el tenor Kenneth Tarver en un papel muy convencional, pero con algún aria excelente y de gran dificultad, de confidente-asesor.
Otro de los elementos del éxito fue la veterana puesta en escena de Claus Guth, rescatada para estas funciones del Real. El decorado es espantoso, de un horrendo brutalismo venido de los años 70 del siglo pasado, pero la dirección de actores y la excelente imaginación escénica supieron crear la tensión dramática necesaria para que la ópera no pesara en ningún momento, incluso ante algunas escenas pobremente resueltas como la del intento de asesinato, por ejemplo, y la del final, que destroza la obra.
Finalmente, la Orquesta y el Coro Titulares del Real estuvieron magníficos en una ópera mucho más exigente y de orquestación más compleja de lo que lo suelen las obras de este período. Ivor Bolton dirigió con ligereza y claridad, manteniendo la tensión y subrayando con profesionalidad los momentos de nobleza gluckiana –dígase así– y de gran complejidad psicológica que Mozart, en plena evolución estética, encomendó al foso.  * José María MARCO