Monteverdi
L’ORFEO / IL RITORNO D’ULISSE IN PATRIA / L’INCORONAZIONE DI POPPEA
Krystian Adam, Hana Blazikova, Lucile Richardot, Francesca Boncompagni, Gianluca Buratto, Kangmin Justin Kim, Anna Dennis, Furio Zanasi, Francisco Fernández-Rueda, Gareth Treseder, John Taylor Ward, Michal Czerniawski, Zachary Wilder, Carlo Vistoli, Silvia Frigato, Francesca Biliotti, Robert Burt. Dirección: John Eliot Gardiner. Dirección de escena: John Eliot Gariner y Elsa Rooke. 22, 25 y 26 de agosto de 2017.
 
El festival de verano de Lucerna alcanzó una de sus cotas más altas con la interpretación completa de la llamada trilogía Monteverdi, en el 450º aniversario del nacimiento del compositor. O lo que es lo mismo, la ejecución de las tres óperas del divino Claudio que se interpretan en la actualidad: L’Orfeo, Il ritorno d'Ulisse in patria y L'incoronazione di Poppea. Al frente del magno proyecto se situaba John Eliot Gardiner junto a las formaciones que él mismo fundó, los English Baroque Soloists y el Montervedi Choir. Las obras llegaron al Festival después haber recalado en Salzburgo, Edimburgo y Venecia –la trilogía completa­­–, mientras que en Barcelona y Aix-en-Provence pudo escucharse el Ulisse –en concierto–, quizá el título menos representado de los tres. Con sencillas puestas en escena concebidas por el propio Gardiner junto a Elsa Rooke, la revisión de estas joyas monteverdianas se apoyaron también en una iluminación maravillosa y en un adecuado vestuario, aspectos que ayudaron a otorgarle teatralidad a la propuesta, ya de por sí muy vigorosa.
En la primera de las jornadas se interpretó L’Orfeo (1607), que por su corta duración se ofreció sin interrupción. Ello le conferiría una mayor intensidad musical y dramática. Fue una lectura dinámica, homogénea, que desgranaba sapienza, tanto en los hermosísimos recitativos de la cuerda pulsada como en los abrumadores pasajes corales, de excelsa sonoridad, o los maravillosos ritornelli. La edición de las partituras eran del mismo Gardiner, publicada por Chester Music. El equipo vocal fue en conjunto muy sólido y sobresalió el Orfeo de Krystian Adam, que gustó mucho en todas sus intervenciones, especialmente en el sentido “Possente Spirto”, en el que regaló altas dosis de sensibilidad. Gianluca Buratto impactó como Caronte/Plutone por un timbre profundo y cavernoso y un fraseo impecable. Hana Blazikova fue una espléndida Musica, que supo adaptarse para interpretar, luego, a Euridice. Del conjunto de pastores, cabe destacar al muy sólido Francisco Fernández-Rueda. Furio Zanasi (Apollo) le dio el aporte de veteranía a un reparto sin fisuras.
Il ritorno d'Ulisse in patria (1641) volvió a reunir a los principales solistas de Orfeo junto a otros integrantes del Monteverdi Choir. La edición de este Ulisse se preparó para las funciones de la gira, por el mismo Gardiner, pero esta vez en colaboración con Paolo Zanzu y miembros de los coros y orquestas Monteverdi. Dígase de paso que para las tres jornadas, la sonoridad conseguida en la inmensa sala del KKL Luzern fue exquisita. Tanto por la colocación de músicos y coro, como en las disposiciones tan teatrales como sonoras de los solistas. Gardiner volvió a demostrar su gran conocimiento del compositor de Cremona con una lectura enérgica a la vez que cuidada, cálida y comunicativa. Se repitió en la calidad de los solistas, entre los que destacaron especialmente Zanasi (Ulisse) precisamente por su clase interpretativa y los instrumentos de Buratto (Tempo/Nettuno/Antinoo) y de Adam (Telemaco). Zachary Wilder (Eurimaco) gustó más que en la primera jornada junto a la también muy solvente Anna Dennis (Melanto).
La última función de esta magna epopeya culminó con la última de las óperas que se conservan, L'incoronazione di Poppea (1642), separada de su predecesora por solo un año y con elementos que demuestran la clara madurez compositiva de Monteverdi. Se estrenó para los carnavales de Venecia y relata la relación adúltera del emperador Nerón y su amante Poppea. El contratenor Kangmin Justin Kim como el demente Emperador dejó al público con la boca abierta. Si ya en la primera jornada como Speranza había gustado, aquí remató su prestación enternecidamente, con grandes dosis de musicalidad. Dotado de un instrumento privilegiado, Kim hizo gala de un control absoluto de fraseo y técnica. Blazikova volvió a hacer gala de una maravillosa intuición teatral y musical para ofrecer una ejemplar Poppea. La compenetración de ambos cantantes fue absoluta y ofrecieron sentidas versiones de “Come dolci, Signor” o el conclusivo “Pur ti miro, pur ti godo”.
Tres jornadas excepcionales de manos de un inspirado Gardiner, sus extraordinarias formaciones y un homogéneo y brillante equipo de solistas que exudaron la máxima exquisitez musical.  * Albert GARRIGA