Festival de Bayreuth
Wagner  EL ANILLO DEL NIBELUNGO
Iain Paterson, Markus Eiche, Daniel Behle, Roberto Saccà, Christopher Ventris, John Lundgren, Camilla Nylund, Catherine Foster, Albert Dohmen, Andreas Conrad, Stefan Vinke. Dirección: Marek Janowski. Dirección de escena: Frank Castorf. 8, 9, 11 y 13 de agosto de 2017.
 
La producción de Frank Castorf para el Anillo podría haber visto su última reposición este año en Bayreuth © Festival de Bayreuth / Enrico Nawrath 
 
Asistir a una representación del Anillo wagneriano en Bayreuth es algo parecido, salvando las obvias distancias, a una peregrinación a San Pedro del Vaticano o a la Meca. Como el abajo firmante pertenece a la generación que se inició con la propuesta de Boulez y Chéreau para este ciclo y ha presenciado otras varias versiones de la Tetralogía en Bayreuth –y en otros escenarios–, puede afirmar con sinceridad que pocas veces ha visto una presentación más embarullada y escénicamente más desastrosa que la que firmaba este año –parece que por última vez– Frank Castorf. Una muestra de lo afirmado es que, por primera vez desde que uno asiste al Festival, el programa de mano de las funciones incluía un breve resumen argumental de las cuatro obras, lo que indica el convencimiento de los responsables de que ni siquiera los adictos al Anillo podrían situarse adecuadamente en la narración escénica.
De modo especial sufrió arbitrariedades El oro del Rin –no es oro todo lo que reluce–, que si brilló fue por la estupidez de sus planteamientos, con fragmentos con cuatro imágenes escénicas subdivididas en otras tantas pantallas con aspectos filmados incluso contradictorios, que se desarrollaban en un centro giratorio presidido todo por una gasolinera. Dígase, de paso, que parecía pasado de moda que el motivo central de esta Tetralogía fuera el petróleo como fuente de energía y las ambiciones de poder de quienes manejan sus fuentes, pero así se presenta en la versión de Castorf.
Se dijo que Die Walküre era más clásica, pero lo cierto es que una escalera interminable presidía la escena y los cantantes, figurantes y valquirias –y sus héroes muertos– se pasaban el rato subiendo y bajando por los peldaños inacabables de lo que se suponía que era un lugar de Azerbaiyán vinculado con la extracción del petróleo.
En esta parte del Anillo se distinguió especialmente el Wotan del bajo sueco John Lundgren –este Ring ha tenido tres Wotans distintos, cosa que no ocurría desde 1981–. La versión de Siegfried sí que era algo más convencional, con un Mime saltarín y agitado (Andreas Conrad) y un más que notable Siegfried en el tenor Stefan Vinke. El ocaso tuvo, aparte de una buena labor de su Brünnhilde (Catherine Foster), la del magnífico Hagen de Stephan Milling. El espacio no permite la pormenorizada mención de todo el equipo vocal pero su calidad general y la excelencia orquestal del sonido de Bayreuth fue brillantemente obtenida en todo momento por Marek Janowski.
Antes el público de Bayreuth abucheaba a placer hasta los mínimos detalles que no le gustaban, pero ahora ha perdido quizás sentido crítico. Dos leves incidentes de la Brünnhilde de Foster en El ocaso no hubieran sido perdonados por los más exigentes, pero en esta ocasión todo fueron aplausos y parabienes.  * Roger ALIER