Festival Internacional de Santander
Concierto MONTEVERDI & FRIENDS
Obras de Monteverdi, Merula, Cavalli, Marini, Anglesi, Kapsberger y anónimas. La Galanía: Raquel Andueza, soprano, Pablo Prieto, violín, Manuel Vilas, arpa doppia, y Jesús Fernández Baena, tiorba. Iglesia de la Santa Cruz de Escalante, 28 de agosto de 2017.
 
 
La Galanía, en el Palacio de Festivales © Festival Internacional de Santander / Javier Cotera
 
Raquel Andueza y La Galanía, antes de actuar en el Palacio de Festivales de Santander, ofrecieron un concierto en el Ciclo de Cámara y música antigua en la Iglesia de la Santa Cruz de Escalante. Fue esta una actuación que estuvo dedicada a la figura de Claudio Monteverdi y otros compositores coetáneos, además de incluir obras anónimas. Conforman La Galanía un grupo de músicos técnicamente muy sólido y conjuntado, lo que les permitió interpretar versiones de las obras que, por encima del nivel que pudieron alcanzar, siempre aportaron algo positivo. La Iglesia de la Santa Cruz en cuanto a dónde se encuentra ubicada y su tamaño resultó un espacio apropiado –el recital era de música profana–, si bien las cuestiones acústicas no eran precisamente buenas en la parte trasera del templo.
La soprano apoyó sus intervenciones en una técnica muy cuidada, lo que implicó el uso de una serie de resortes técnicos y expresivos considerables, como la messa di voce, la manera de proyectar los adornos o de realizar la emisiónde sonidos fijos. En general cantó muy ajustada en relación a las obras elegidas, tanto técnica como expresivamente. A veces su voz hubiera requerido más amplitud, lo que le hubiese permitido poner de manifiesto una mayor gama de recursos, como se vio en “Si dolce è ´l tormento”, interpretada, eso sí, de una forma absolutamente canónica. Resultaron muy singulares los efectos que consiguió con las breves notas de adorno, que dieron en esencia su sentido a la obra anónima “Viver in questo estato”, y resultó muy sugerente el apropiado carácter de balanceo que  dio al aria “Oblivion soave” de Monteverdi. En cuanto al violín, tiorba y el arpa doppia, hicieron gala de un fraseo magnífico y un sonido adecuado, estableciendo los correspondientes diálogos y apoyos armónicos con la voz o entre ellos. El violinista mantuvo una expresividad constante y el tiorba se lució con una pulsación clara en la “Toccata arpeggiata” de Kapsberger. A esto se unió el que tuvieron la capacidad de pasar de lo serio a lo jovial con facilidad, y conseguir dar la sensación de un encanto sencillo, por encima de la complejidad de las obras.  * Agustín ACHÚCARRO