Festival Internacional de Santander

 

Verdi MESSA DE REQUIEM

María José Siri, Daniela Barcellona, Antonio Poli, Riccardo Zanellato. Dirección: Gustavo Gimeno. Palacio de Festivales, 27 de agosto de 2017.

 

 

Gustavo Gimeno llevó la batuta en el  Requiem de Verdi en el Palacio de Festivales cántabro © Festival Internacional de Santander / Javier Cotera 

 

 

Gustavo Gimeno condujo este Requiem a base de ductilidad, de combinar teatralidad, sin excesos, con un sentido humano del hecho religioso. La claridad estructural que aplicó el director se notó desde el comienzo con la emotiva frase descendente de los violonchelos y la intervención del coro en sottovoce. La emotividad, desde facetas muy diferentes, se mantuvo durante toda la obra hasta el “Libera me” final, con su inmensa capacidad de conmover. El director contó con una Filarmónica de Luxemburgo bien articulada y ensamblada, especialmente lúcida en las secciones de cuerda y metales, con una espectacular participación de las trompetas.

El Orfeón donostiarra no solo hizo gala de una extensión dinámica impresionante, con susurrantes parlati, bruscos cambios de volumen, sentido de la melodía, pianísimos transparentes y una pujanza arrebatadora, sino que lo llevó a la práctica en los pasajes más exactos. Ahí estuvo su “Dies irae”, la versatilidad de su canto en el “Tuba mirum” y el crescendo que ahonda en un profundo lamento del “Lacrymosa”.

El cuarteto de voces solistas vino a cuadrar las intenciones de Gimeno, pues se sumaron muy bien al planteamiento que el director hizo de la obra. La soprano María José Siri cantó con una voz redonda, llena de claroscuros. Al llegar al “Libera me” con su forma de declamar consiguió elevar la profunda emoción del momento. Además se conjuntó muy bien en sus dúos con la mezzo Daniela Barcellona, quien por lo demostrado en sus intervenciones puso de manifiesto que conocía a fondo los resortes de la partitura. Por timbre y gusto a la hora de cantar se ganó su redención el tenor Antonio Poli, por su emotiva interpretación del “Hostias” del “Offertorium”, que inició en un pianísimo nítido, al que siguió un raudo crescendo. En cuanto al bajo Riccardo Zanellato su voz no llegó a alcanzar la contundencia que piden a una voz grave momentos como “Mors Stupebit” y a veces su fraseo pudo precisar de mayor legato. Sí estuvo a la altura en cuanto al sentido que dio al texto.

Una versión del Requiem contenida en no pocos pasajes, lo que contribuyó a aumentar su emotividad, sin que por eso dejara de lado el empuje dramático y la carga teatral. Bien pudiera ejemplarizar los resultados generales el “Rex tremendae majestatis” por cómo pasó el “Salva me” desesperadamente implorante entre las voces solistas y el coro para acabar en una súplica conmovedora.  * Agustín ACHÚCARRO