Festival de Salzburgo
Donizetti LUCREZIA BORGIA
Krassimira Stoyanova, Juan Diego Flórez, Ildar Abdrazakov, Teresa Iervolino. Dirección: Marco Armiliato. Festspielhaus, V. de Concierto, 27 de agosto de 2017.
 
Intérpretes de Lucrezia Borgia en el Festspielhaus  salzburgués © Festival de Salzburgo / Marco Borrelli 
 
Es una tradición en el Festival de Salzburgo ofrecer alguna ópera en forma de concierto si, por la razón que sea, no puede montarse escénicamente. Este año, y después de I due Foscari con Plácido Domingo y Joseph Calleja, se recurrió a la Lucrezia Borgia con debuts de nombres importantes en los papeles principales. La parte de la protagonista ha sido frecuentemente asignada a sopranos de coloratura como Gruberova o Devia, pero no ha de olvidarse que también voces líricas o de mayor peso la han servido con ventaja, como por ejemplo Caballé en Barcelona y en Milán, Ricciarelli y Gencer en Florencia o Theodossiou en Turín, sin olvidar a Sutherland en las etapas finales de su carrera, cuando su voz ya era más lírica que propiamente de coloratura. Con estas consideraciones es comprensible que Krassimira Stoyanova, que hace cuatro años hizo en Viena su primera Anna Bolena, haya querido incorporar también este papel, que resolvió con su bella voz y excelente estilo. Como personalidad interpretativa no pareció excepcional, pero en una representación en forma de concierto la cosa tiene menos importancia.
Juan Diego Flórez hacía su primer Gennaro, que repetirá en Múnich en forma escénica junto a Gruberova el próximo año. El tenor mostró en todo momento la mejor disposición para el reto, cantando con impecable limpieza y refulgentes agudos, incluido un Re sostenido al final del prólogo. Como es natural, incluyó en el principio del segundo acto la romanza “T’amo qual s’ama un angelo”, aunque no forma parte del texto original de la ópera sino compuesta posteriormente por Donizetti para otro tenor. Otro tanto podría decirse del breve arioso “Madre, se ognor lontano” que Donizetti compuso seis años después del estreno para una reposición en La Scala. Flórez hizo en todo momento un gran efecto pese a que la voz parecía pequeña y no siempre conseguía superar a la orquesta sin forzar. Quizá los agudos no ofrecieron la facilidad de otras veces, pero en cualquier caso fueron emitidos con brillantez. Su Gennaro fue, en resumen, excelente, y puede situarse en los lugares de privilegio del momento actual de la ópera. Quienes recuerden a Alfredo Kraus en Barcelona en 1989 o más tarde a José Bros en Oviedo y Turín evocarán, con todo, un color de voz que Flórez no llega a alcanzar. Todo en la vida es relativo.
El tercer papel en importancia del reparto, el Duque Alfonso, requiere en mayor medida una voz de bajo que la de un barítono e Ildar Abdrazakov estuvo insuperable en el rol, con una gran personalidad vocal y un canto siempre vibrante. Su cabaletta en el primer acto fue un brillante tour de force. La joven mezzosoprano italiana Teresa Iervolino hizo un excelente Maffio Orsini, revelándose como promesa de futuro. El resto de papeles estuvo correctamente interpretado por artistas jóvenes como Mingjie Lei (Liverotto), Ilker Arcayürek (Vitellozzo), Gleb Peryazev (Gazella), Ilya Kutyukin (Petrucci), Andrzej Filonczyk (Gubetta), Andrew Haji (Rustighello) y Gordon Bintner (Astolfo). El coro de la Ópera del Estado de Viena dirigido por Ernst Raffelsberger y la Orquesta del Mozarteum de Salzburgo tuvieron una buena actuación y Marco Armiliato dirigió con la adecuada experiencia teatral, pero hubiera podido exigírsele algo más de ímpetu y de finura.  * Gerhard OTTINGER