Rossini Opera Festival
Rossini LA PIETRA DEL PARAGONE
Aya Wakizono, Marina Monzó, Aurora Faggioli, Maxim Mironov, Gianluca Margheri, Paolo Bordogna, Davide Luciano. Dirección: Daniele Rustioni. Dirección de escena: Pier Luigi Pizzi. 11 de agosto de 2017.
 
El Festival de Pésaro recuperó el montaje de La pietra del paragone concebida por Pier Luigi Pizzi © Rossini Opera Festival 
 
La pietra del paragone tienen algunos pasajes originales y divertidos pero en conjunto puede ser considerada como una obra menor dentro de la producción rossiniana. A un genio de la talla del compositor italiano, sin embargo, debe concedérsele el derecho a crear un producto no totalmente acertado, sobre todo si se mueve en un campo enteramente nuevo para él. El autor tenía apenas veinte años en el momento de la composición y hasta aquel momento solo había escrito una ópera bufa, L’equivoco stravagante, que tampoco contaría entre las mejores de su producción. En aquel período se ocupaba sobre todo de escribir farsas en un acto y en realidad La pietra del paragone tiene esas mismas características pese a su más larga duración, obtenida a base de alargar la escasa peripecia argumental.
 
Ha sido repuesta este año en el montaje ya visto en Pésaro en 2002 con la regia, la escenografía y el vestuario de Pier Luigi Pizzi, a los que ha aportado algunas modificaciones que no varían la disposición original y que no parecen haber envejecido. Todo se desarrolla con la acción ambientada en los años cincuenta en un moderno hotelito de estilo racionalista, situado en medio de un parque y con una piscina y un campo de tenis privados. Vive allí el Conde Asdrubale, que no es en este caso el hombre ya maduro descrito en el libreto sino una persona joven que no pierde ocasión de mostrar su aspecto atlético, moviéndose por la escena en traje de baño o en albornoz. También los demás personajes representan a una fatua sociedad moderna y, por ejemplo, las tres mujeres visten creaciones de grandes estilistas del siglo pasado. A esta dirección escénica brillante y divertida –elegante, también– se debe el interés que una obra ya anticuada pueda producir en el público actual.
 
Decepcionó en cambio la dirección de Daniele Rustioni, pesada y plana y que ni siquiera el ocasional frenesí del ritmo llegó a convertirla en vivaz. Gianluca Margheri tiene el physique du rôle para este Conde Asdrubale en traje de baño y resolvió también con acierto la faceta vocal del personaje. Paolo Bordogna es ya un valor seguro y poco hay que añadir a sus ya acreditados méritos. Davide Luciano es también un rossiniano experto y Maxim Mironov ratifica su condición de tenor sensible y aristocrático, que incluso en los pasajes virtuosísticos conserva mesura y elegancia. La protagonista femenina era la japonesa Aya Wakizono. Correcta pero escasamente consistente: Donna Clarice debía ser algo muy distinto cuando la cantaba la gran Maria Marcolini para la que Rossini escribió el papel. En el sector femenino secundario Marina Monzó mostró unas prometedoras dotes vocales y Aurora Faggioli destacó sobre todo por su exuberante presencia escénica.  * Mauro MARIANI