Teatro La Fenice
Puccini MADAMA BUTTERFLY
Serena Farnocchia, Manuela Custer, Julie Mellor, Vincenzo Costanzo, Luca Grassi, Cristiano Olivieri, Armando Gabba. Dirección: Daniele Callegari. Dirección de escena: Àlex Rigola. 26 de agosto de 2017.
 
La Fenice repuso el montaje de Madama Butterfly concebido por Àlex Rigola © Teatro La Fenice / Michele Crosera 
 
En la programación estival de la estación lírica de La Fenice no podía faltar uno de los títulos más queridos, Madama Butterfly. Se recuperó la regia de Àlex Rigola con vestuario de Mariko Mori –estrenada en la Biennale de 2013–, una abstracción escenográfica que refleja la imposible unión entre la tradición oriental y la occidental. La ya clásica puesta en escena provoca reacciones contrastadas entre el público: sus defensores apuestan por una lectura renovada de la historia; los conservadores añoran los tradicionales decorados japoneses de tiempos pretéritos. Guste o no la versión de Rigola, sirve eficazmente para narrar la atemporalidad de una historia que se desarrolla entre decorados futuristas y de la filosofía zen, con pocos elementos, iluminados magníficamente por un juego de luces que evolucionan paralelamente a los sentimientos de los personajes.
La cinta de Moebius que corona el escenario, invita a reflexionar sobre la infinitud del ciclo de la vida y de la muerte, del amor y el desamor, y sobre la imposible lucha contra el destino: la tragedia de un amor predestinado al fracaso hace de la protagonista una víctima de sus propios sentimientos, con la única salida de su muerte para culminar un ciclo que jamás finaliza.
Serena Farnocchia fue una Cio-Cio-San de agudos espléndidos y gran capacidad para el matiz, ganando en credibilidad dramática a medida que avanzaba la trama. El joven tenor Vincenzo Costanzo (Pinkerton) ha ganado en cuanto a técnica y a seguridad, notándose una gran evolución desde sus primeras interpretaciones del personaje pucciniano hasta la de estas funciones. El cantante se pasea a lo largo y ancho de su equilibrado registro sin fisuras, con técnica redonda, delicadeza expresiva y pasmosa seguridad. Aun así, falta una mayor implicación escénica para hacer más convincente su actuación. Luca Grassi (Sharpless) aprovechó las magníficas resonancias de su bello timbre para reproducir los pentagramas con expresivo arco de fraseo, virtudes que compartió Manuela Custer al hacer suyo el papel de Suzuki con excelentes dotes dramáticas y precioso lirismo.
El coro fue otra de las bazas de la jornada, irreprochable en la afinación y el empaste, y alcanzando momentos conmovedores, como su intervención a bocca chiusa en la parte trasera de la platea. La batuta de Daniele Callegari describió la trama incidiendo en su poderosa carga dramática, con un tempo flexible y dinámico, contrastando los cambios de escena desde el pianissimo más íntimo hasta los más perturbadores forti, y convirtiéndose en un personaje más, imprescindible para comprender la compleja psicología de los protagonistas del drama.  * Verónica MAYNÉS