Ópera Nacional de Chile
Rossini LA CENERENTOLA
José María Lo Monaco, Michele Angelini, Pietro Spagnoli, Joan Martín-Royo, Ricardo Seguel / Matías Moncada, Yaritza Véliz, Marcela González. Dirección: José Miguel Pérez-Sierra. Dirección de escena: Jérôme Savary. Teatro Municipal, 17 de agosto de 2017.
 
Josè Maria Lo Monaco, Cenerentola en Santiago de Chile © Ópera Nacional de Chile / Javier Torres
 
La Cenerentola volvió al Teatro Municipal bajo la dirección musical de José Miguel Pérez-Sierra, conocedor de este repertorio y que llevó a los cantantes y al público por el sinfín de detalles de una partitura brillante y variada que exige a la vez energía y control para manejar tiempos musicales complejos y cambiantes, y para exponer con claridad el lirismo expresivo adecuado a los momentos de intimidad. La concentración musical y el logrado equilibrio entre las fuerzas instrumentales y vocales consiguieron resultados admirables en el quinteto en que Cenerentola pide ir al baile y en el dúo de Dandini y Ramiro “Zitto, zitto, piano, piano”, así como en “Questo è un nodo avvilupato”, con su endiablado trabalenguas.
La producción de Jérôme Savary, estrenada en 1993, se ha paseado por el mundo desde la muerte del maestro en 2013 como una suerte de homenaje a su obra, pues su Cenerentola es una buena representante de aquello que quiso hacer en su carrera. Repuesta en Chile por Frédérique Lombart, la versión enfatiza el aspecto bufo sin desconocer la triunfante bondad de la protagonista –que sin embargo declara “E sarà mia vendetta il lor perdono”, lo cual tiene bien poco de piadoso–. Gran parte de la comicidad se debe al tratamiento que se hace de las hermanastras, Tisbe y Clorinda: crueles, tontorronas y feísimas, y bastante procaces en su apetito por conquistar al Príncipe. Se echó en falta al menos una insinuación de la crítica social y del arribismo que laten tras esta historia basada en el terrible cuento de Perrault.
La ópera es espectáculo en vivo, y eso se puso de manifiesto en esta función: el  bajo-barítono Ricardo Seguel (Alidoro), enfermo de faringitis, no pudo seguir adelante con su gran aria “La del ciel nell'arcano profundo” y se debió bajar la cortina para buscar a quien pudiera reemplazarlo. Las estrellas quisieron que estuviera en el teatro Matías Moncada, quien debía asumir el papel en las funciones con otro elenco y que saltó a escena vestido de calle, cumpliendo cabalmente con su cometido y salvando la situación con toda dignidad. Fue acogido como un héroe por el público, transformando el accidente en triunfo. El papel de Angelina/Cenerentola está escrito para una contralto d'agilità o una mezzo coloratura; Josè Maria Lo Monaco afrontó la prueba con valentía, subrayando la añoranza de “Una volta c'era un re”. Muy bien en los saltos interválicos y en la vocalización vertiginosa, su voz, de caudal menor y que tiene el color oscuro que se requiere, se resiente en los agudos, que suenan algo tensos, lo cual restó algo de impacto al célebre “Nacqui all'affanno” y al consiguiente “Non più mesta accanto al fuoco”.
El Príncipe Don Ramiro fue el tenor Michele Angelini, de adecuada prestancia escénica y dueño de una voz pequeña y ligera, sin el espesor que se requiere. Como siempre, Pietro Spagnoli lució oficio y talento en un Don Magnifico de manual. Fue extraordinaria su participación escénica y también la entrega de sus arias; en particular, la larguísima “Sia qualunque delle figlie”. En la misma línea estuvo el barítono Joan Martín-Royo, un Dandini cómico sin excesos y un cantante flexible y ágil. Clorinda y Tisbe fueron Yaritza Véliz y Marcela González, de exacta musicalidad, voces timbradas y dueñas de una personalidad, atrevimiento y brío inagotables.  *
Juan Antonio MUÑOZ