Festival de Salzburgo
Mozart LA CLEMENZA DI TITO
Russell Thomas, Golda Schultz, Christina Gansch, Marianne Crebassa. Dirección: Teodor Currentzis. Dirección de escena: Peter Sellars. Felsenreitschule, 13 de agosto de 2017.
 
Peter Sellars se encargó de la dirección de escena de La clemenza di Tito en Salzburgo © Festival de Salzburgo / Ruth Walz 
 
Para su primer Mozart como nuevo director artístico del festival, la decisión de Markus Hinterhäuser de apostar por una formación de instrumentos originales –MusicAeterna de Perm, fundada y dirigida por Teodor Currentzis– en lugar de la omnipotente Filarmónica de Viena parece toda una declaración de principios, reforzada con el encargo de la puesta en escena de La clemenza di Tito a Peter Sellars, nombre asociado en Salzburgo a la era Mortier. El resultado final ha sido una producción en la que los elementos musical y teatral presentaban una unanimidad de intenciones como raramente se ve en un escenario. Currentzis no tiene ningún reparo en manipular la partitura para acercarla al mensaje que el director de escena norteamericano quiere transmitir, introduciendo en momentos clave otras obras de Mozart, sobre todo fragmentos de la Misa en do menor. El resultado final es apasionante gracias al gesto nunca rutinario de Currentzis, capaz de abrazar los tiempos extremos más opuestos, revelando incontables bellezas ocultas de la partitura gracias también a la entrega absoluta de la orquesta –que, además, tocó de pie– y un coro impecable en lo vocal y lo escénico. El único reparo que se puede poner al director griego es la inclusión nada convincente de un laúd en la paleta sonora.
 
Sellars hace teatro político sin ambages, intentado que el espectador reflexione sobre cómo es posible convivir en tiempos de conflicto e ira como los actuales. El director halla una posible respuesta en la figura de Nelson Mandela, emblema de la reconciliación, al que se equipara un Tito capaz de perdonar a los que han atentado contra su vida. Sin rehuir algunos elementos marca de la casa, como acciones coreografiadas, Sellars crea escenas de intensa carga emocional –la preparación del atentado, las velas ante las que se congrega el pueblo conmocionado por el ataque– en una impecable progresión dramática que culmina de forma inesperada: Tito no se salva, sino que muere, y al coro jubilatorio final le sucede la sombría Música para un funeral masónico.
 
El reparto se plegó de forma absoluta a los requerimientos del montaje, pero las alegrías vocales fueron escasas. Russell Thomas posee unos medios importantes que no parecen los más apropiados para Tito y Golda Schultz se vio desbordada por la tesitura de Vitellia. Por suerte, quedaba Marianne Crebassa, Sesto excepcional que ofreció un “Parto, parto” estremecedor. Unos minutos de verdad, musical y teatral, que valen por todo un festival.  * Xavier CESTER