OPINIÓN

 
Fernando SANS RIVIÈRE
ÓPERA ACTUAL 214
(JUNIO 2018) 
 
La incorporación de Valentí Oviedo (Manresa, 1977) como nuevo director general del Liceu supone la culminación del cambio en la dirección del coliseo barcelonés. Savia joven que junto al presidente de la Fundación del Gran Teatre, Salvador Alemany –nombrado hace un año y medio–, deberá aunar esfuerzos de gestión y captación de recursos apoyados en la labor de la directora artística, Christina Scheppelmann, y del musical, Josep Pons, para relanzar al teatro hacia posiciones de referencia.
En la presentación de Oviedo quedó claro que su prioridad está en la excelencia del Coro y la Orquesta, así como el proyecto educacional y artístico, un reflejo de la vitalidad, creatividad, pasión por el teatro y la modernidad de Barcelona. Para ello aporta su experiencia y visión estratégica al frente del consorcio de la OBC y de L’Auditori barcelonés (2013-16) y como gerente del Instituto de Cultura de Barcelona (2016-18) para profundizar en los valores de la Ciudad Condal e impregnarlos en el ADN del que es el gran equipamiento artístico catalán. Para ello se ha visto con los 325 empleados de la casa constatando su ilusión por el Liceu y está apoyando a la dirección artística para que cuente con los creadores, artistas y profesionales más destacados del país en las próximas temporadas, especialmente en la 2019-20 que celebrará el 20º aniversario de la reinauguración del Teatro. Precisamente ya se anunció que levantará el telón de esa temporada una Turandot con dirección escénica de Franc Aleu –colaborador de La Fura dels Baus–, que presentará una producción revolucionaria basada en la realidad virtual. Además Oviedo quiere enfatizar el Sevicio Educativo liceísta contando con pedagogos y musicólogos. El actual presupuesto –unos 46 millones de euros– parece insuficiente y se espera redondearlo a 50 lo antes posible, aunque lo ideal sería volver a los más de 55 de antes de la crisis, los que ahora maneja el Teatro Real de Madrid.
 
Por otra parte hay que remarcar la excelente labor de Antonio Moral al frente del Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM), entidad que bajo su mando desde 2010, en plena crisis, reunió tres organismos del Inaem rebajando su presupuesto de 3,5 millones de euros a 2 y aumentando tanto el número de conciertos –a unos 300 anuales en toda España, Europa y América– como la taquilla –un millon de euros– gracias a precios populares y a una gran imaginación en los espectáculos, desde conciertos con vermut a música barroca o flamenca. Moral ha decidido abandonar en septiembre un proyecto bien asentado, principalmente por “la rigidez de la administración española” en la cual, según Moral en declaraciones al diario El País, “manda más Hacienda que el Ministro de Cultura y el Inaem”. La solución pasaría “por una mayor flexibilidad en la gestión convirtiendo el CNDM en una agencia pública o fundación dependiente del Estado como se ha hecho con el Teatro de la Zarzuela al incorporarse al Teatro Real”.

 

 
 
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