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Gran Teatre del Liceu / Paco AMATE
 
Asumió la presidencia del patronato del Gran Teatre del Liceu de Barcelona en octubre del pasado año. Salvador Alemany posee una amplia experiencia profesional en la dirección de empresas  Internacionales, además de liderar y participar en numerosas entidades vinculadas a temas  Sociales, deportivos y culturales. 
 
Fernando SANS RIVIÈRE
ÓPERA ACTUAL 206
(OCTUBRE 2017)
 
La colaboración activa de Salvador Alemany (Barcelona, 1944) con el coliseo barcelonés se inició en 2015, cuando fue nombrado presidente del Consejo de Mecenazgo. Desde octubre de 2016 ocupa el máximo cargo de la institución como presidente del Patronato del Liceu en sucesión, por motivos de salud, de Joaquim Molins, quien falleció unos meses más tarde. Alemany recibe a ÓPERA ACTUAL en el Liceu y tras un año de su nombramiento.
 
ÓPERA ACTUAL: ¿Cómo ve en la actualidad al Gran Teatre del Liceu? ¿Cuáles son sus retos a corto plazo?
Salvador ALEMANY: Me he incorporado en un momento de ilusión y de fortalecimiento del proyecto artístico del Teatre, un aspecto esencial para lo que contamos con un buen equipo de expertos. Desde que entré en el Consejo de Mecenazgo adopté una posición activa en el aspecto económico y especialmente en el equilibrio presupuestario, asumiendo la presidencia de una Comisión delegada de la Ejecutiva orientada a consensuar con las administraciones públicas las medidas necesarias para restablecer este equilibrio económico. Alcanzarlo ha centrado nuestro esfuerzo durante los primeros meses de mi mandato como presidente de la Fundación, contando con el apoyo del equipo del Gran Teatre, de todas las instituciones públicas y de la Sociedad del Liceu. Ahora se trata de seguir manteniendo y afianzando este consenso.
 
El equipo directivo del Liceu en la presentación de la temporada actual: Josep Pons (director musical), Salvador Alemany (presidente del Patronato), Roger Guasch (director general) y Christina Scheppelmann (directora artística)
 
Ó. A.: ¿Qué cree que puede aportar desde su cargo y con su experiencia?
S. A.: Aun cuando soy un espectador habitual del Teatre desde su reconstrucción, ya dejé claro en mi toma de posesión como presidente del Liceu que no me habían elegido por ser un melómano, sino por mi experiencia dirigiendo equipos y generando consensos. En los últimos años, la institución ha progresado mucho en la definición y la comprensión general de sus objetivos y en la racionalidad sobre la manera de alcanzarlos. Hemos de seguir avanzando por este camino y citaré, como ejemplo, la necesidad de compatibilizar el deseo de disponer de una orquesta, un coro y una oferta operística excelentes con la dificultad para dotar económicamente esos retos. Esto es lo que todos nos proponemos, diseñar soluciones que respeten las ideas de los diversos estamentos del Liceu en favor de la calidad. Cuento para ello con todo el actual equipo de la casa y los cambios futuros en el mismo siempre dependerán de las dos partes. Todo requiere su tiempo y no nos faltará dedicación para ello.
 
Ó. A.: ¿Los ingresos propios (55 por cien) y las subvenciones públicas (45 por ciento) han de mantener esta proporción?
S. A.: Yo creo que el modelo actual es bueno. En reconocimiento a la labor social y económica que el Liceu presta al conjunto de la sociedad, las administraciones aportan algo menos de la mitad del presupuesto. En este momento, las cuatro administraciones (Ministerio de Cultura, Generalitat de Catalunya, Ayuntamiento de Barcelona y Diputación de Barcelona) están cumpliendo con los porcentajes de aportación que se pactaron tras la reconstrucción posterior al incendio. El resto de recursos proviene de las actividades propias, como la venta de entradas, mecenazgo y alquiler de espacios. Lo que sí estamos intentando es elevar los ingresos por mecenazgo para acercarnos a los 10 millones anuales que un día tuvimos. No es fácil, la crisis cambió algunas cosas; los mecenas ya no pueden poner un dinero para después contentarse con unas entradas y una placa con su nombre que los reconozca. Esto obliga a trabajar con cada mecenas como un proyecto específico y ello no es una tarea fácil. El Liceu tiene a su favor su prestigio y reputación internacional, también entre los artistas, siendo la institución cultural que más dinero recauda por mecenazgo de toda Cataluña. Nosotros hemos de trabajar con los puntos fuertes del modelo que tenemos y dejarnos de victimismos comparativos. Tenemos una buena colaboración con el Teatro Real de Madrid y no debemos comparar nuestro modelo con el de otros grandes teatros europeos que tienen una mayor subvención pública, o con los estadounidenses, que tienen una ley de mecenazgo que hace que las empresas tengan notables incentivos para sus aportaciones a las instituciones culturales.
 
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“El Liceu tiene a su favor su prestigio. Es la empresa cultural que más dinero recauda por mecenazgo en Cataluña”
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Ó. A.: En estos años de crisis el Liceu ha acumulado una deuda de 14 millones de euros. ¿Cómo espera eliminarla?
S. A.: Ante una deuda corporativa hemos de analizar las obligaciones que conlleva, el período de carencia, los intereses y el plazo de retorno del capital. Hemos de pensar que debe cancelarse generando un excedente cada año que permita el cumplimiento de los compromisos. Aunque el análisis histórico nos dice que el origen de nuestra deuda viene en buena parte de los obligados recortes de las administraciones públicas, en las actuales circunstancias presupuestarias no sería realista pedir a las administraciones que la cancelen de manera inmediata. Hemos de tener la capacidad de soportar este endeudamiento y de cancelarlo sin que se resienta la calidad artística. Si fallamos en esto último, fallaría todo. Además ahora contamos con una exención fiscal extra en favor de los mecenas, gracias a considerarse el 20º aniversario de la reapertura del Liceu que celebramos en 2019 como un “acontecimiento de especial interés”. Es una oportunidad para recuperar la caja y para dejar en el Liceu una continuidad de este mecenazgo de cara al futuro.
 
Liceu social
 
Ó. A.: ¿Falta mayor responsabilidad social?
S. A.: En mi opinión, no. Creo que existe en las empresas una buena conciencia de la importancia de la cultura para conseguir un mejor desarrollo social en beneficio de todos, también de las empresas, y debemos ser convincentes al emitir el mensaje de que el Liceu trabaja para mantener y elevar el nivel cultural de nuestro país.
 
Ó. A.: ¿Qué esfuerzos se hacen para que el Liceu sea de todos? ¿Que políticas sociales existen en el coliseo barcelonés?
S. A.: El Liceu de todos es una suma de proyectos que están en marcha y que abarcan desde las visitas al teatro hasta el trabajo en las escuelas y la apertura del acceso a la ópera y a la música a los colectivos jóvenes y vulnerables, colaborando con los servicios sociales públicos como con el ciclo La ópera en las prisiones. Lo más importante de estos proyectos es que nos los creamos, porque a veces se hacen sin un sentido profundo, y eso no puede ser porque nuestra actividad la hemos de trasladar a la sociedad, que también ha de creérselo. Solo así lo disfrutarán los beneficiarios y la sociedad estará más cerca de comprender lo que el Liceu ha de ser. Los elementos de comprensión son tan importantes como los proyectos.
 
El presidente del Patronato del Gran Teatre del Liceu junto a su esposa Ramona Canals y a la soprano Sabina Puértolas / Gran Teatre del Liceu / Antoni BOFILL
 
Ó. A.: ¿Cómo valora el trabajo de la directora artística y las temporadas actuales?
S. A.: Hay un índice clarísimo para valorarlo y este es el número de espectadores. Hemos pasado de 220.000 a 300.000 espectadores en cuatro años. Ello quiere decir que, a pesar de los posibles cambios socioeconómicos, hay una respuesta positiva a lo que se está haciendo. Después yo veo un convencimiento general en lo que hacemos. Ha habido y debe continuar habiendo debate entre los responsables de las diferentes áreas del teatro y nuestro público más fiel en cuanto al relato. Yo soy un fanático del relato –de lo que quiere ser el Liceu– y he comprobado que tenemos relato y el debate sigue vivo. En un teatro es muy importante que, internamente y desde fuera, se sepa muy bien cuál es la oferta que se persigue, es muy importante un relato compartido. Hay teatros con un proyecto verdiano, otros wagneriano, dedicados a las grandes voces o a la formación de jóvenes. Creo que el Liceu hoy ofrece una oferta de equilibrio, que combina grandes voces con otras más jóvenes, como ha sucedido en Il viaggio a Reims. Por cierto, en el estreno quise conocer a Sabina Puértolas, una joven soprano española que aquí empieza a cantar regularmente como si fuese de plantilla. Creo que este equilibrio entre cantantes extranjeros y nacionales debe mantenerse. Se está haciendo un relato de equilibrio, teniendo en cuenta que somos un teatro internacional de ópera. En la entrevista a Josep Pons que apareció en ÓPERA ACTUAL 201, nuestro director musical apostaba por hacer más conciertos para dar visibilidad a nuestra Orquesta; estamos de acuerdo porque, aunque nuestro público es más de ópera que de conciertos, estos también forman parte del equilibrio y tenemos que encontrarles espacio en nuestra programación sin restar la oferta lírica o la de danza y permitiendo cierto margen a espectáculos de otros programadores. Lo que vende más son las óperas de repertorio y populares, pero tenemos una obligación de innovar corriendo algún riesgo. No hemos de abandonar nuestro pasado, pero también avanzar hacia unas temporadas equilibradas de las que nos sentiremos seguros.
 
La Simfònica del Liceu
 
Ó. A.: ¿Hay voluntad y presupuesto para acabar de completar la plantilla de la Simfònica del Liceu?
S. A.: Hemos hablado de ello con el director general, Roger Guasch, y con el musical, Josep Pons, y puedo afirmar que el proyecto sigue adelante. En Il viaggio a Reims los solistas de arpa y flauta travesera eran dos magníficos músicos invitados. Esto significa que una filosofía de orquesta y coro propios es compatible con contar con grandes invitados. Nuestra apuesta es la de tener la mejor orquesta posible, mejorándola progresivamente, y coger lo mejor que haya fuera para complementarla cuando convenga. Hay un buen entendimiento en la filosofía y en el dimensionamiento de nuestra orquesta.
 
Ó. A.: ¿Qué le diría a los aficionados y empresarios para que se hagan mecenas del Liceu?
S. A.: A todos ellos, que nos aporten sus ideas para mejorar nuestra oferta artística y social y a las empresas que, trabajando juntos, el mecenazgo al Liceu debe ser rentable. Cualquier empresa con proyección exterior, y también local, puede registrar un gran éxito al acompañar al Teatre a sus clientes y colectivos­ vinculados. El vínculo potencia mutuamente el prestigio del Liceu y de las empresas mecenas. El equipo del Gran Teatre se esmera en la gestión del patrocinio y creo que los patrocinadores y benefactores están contentos de la manera con la que les estamos tratando. 
 
 
 
 
 
 
 
 
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