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Mario MUÑOZ
ÓPERA ACTUAL 218
(NOVIEMBRE 2018) 
 
El 7 de diciembre es una fecha marcada en rojo en el calendario de cualquier aficionado a la ópera. El Teatro alla Scala de Milán, como es tradición, inicia su temporada el día de san ambrosio y, un año más, cinesa se encargará de que los aficionados españoles puedan ser testigos de la velada desde la distancia, en sus muchas salas de cine distribuidas por todo el país. este año el curso se inicia con un Attila de Verdi coprotagonizado por Saioa Hernández. la soprano madrileña, Con una agenda de vértigo y docenas de proyectos, recibe A ÓPERA ACTUAL aún afectada por el fallecimiento de quien fue su maestra, Montserrat Caballé.  
La soprano catalana tuteló a Saioa Hernández en el estudio de Il pirata y Norma, “en un momento muy complicado, tras decidir cambiar de profesor y buscar otra técnica más cercana a cómo yo sentía mi voz. A ella y a mi marido Francesco les debo toda mi carrera, superando con ellos una crisis vocal bastante grande que me ocasionaba un agujero que rompía la homogeneidad de mi registro”.
 
ÓPERA ACTUAL: ¿Cómo era Caballé como maestra? ¿Cómo se recupera uno de la pérdida de su mentor?
Saio HERNÁNDEZNo te recuperas. Caballé fue mi madrina artística y me acogió con una generosidad que nunca podré agradecer lo suficiente. Supo ser, además, una maestra directa. A veces reaccionamos de forma violenta ante las realidades que nos ponen delante, pero ella era muy clara en lo que opinaba, que es lo que se debe esperar de un maestro.
 
Ó. A.: ¿Hay algo de Caballé en usted cuando se sube hoy día a un escenario?
S. H.: Siempre hay gente que te dice que le recuerdo a ella en algunos aspectos. Ya me gustaría a mí ser capaz de hacer las cosas que hacía... Su modo de usar el aire era inimitable. Con todo, su voz era muy distinta a la mía, así que lo que yo intento es imitar el sistema, no el sonido. Humildemente busco esa pureza de sonido que ella tan bien había desarrollado. Cuando consigo hacer algo en el que la sientes más presente, como en el final de La Traviata, por ejemplo, me emociono mucho. Pero de Caballé no solo aprendí técnica, sino que también me enseñó a afrontar esta vida, a adoptar cierta actitud frente a este mundo.
 
Ó. A.: ¿En qué se centra para dar esa intensidad a sus roles?
S. H.: Para mí lo más importante a la hora de cantar es el estilo. No cambio nada en cuanto a mi técnica vocal entre un rol como Gilda u otro más rotundo. Pero porque no es necesario, todo está ya en la escritura musical. Solo con respetar lo que el autor dice tienes mucho camino recorrido, sin perder nunca la visión de conjunto. De hecho a veces me aprendo mejor las partes de los demás que las mías... Si ese estilo está conseguido, si los recursos del compositor para dibujar tu personaje aparecen, el resto va a estar allí. Ese compromiso vocal con el estilo del personaje es mi manera de involucrarme. Hay cantantes a los que admiro mucho y que son capaces de cantar hoy Lady Macbeth, mañana Leonora y pasado Violetta. Para mí eso es muy difícil a día de hoy. Soy animal de escena más que de concierto, y necesito ensayar con todo el equipo desde un principio.
 
 
 
Ó. A.: ¿Alguna preferencia en cuanto a personajes?
S. H.: Me enganchan los que evolucionan en el transcurso de la ópera, que dramatúrgicamente son muy complejos al pasar por todo un abanico de emociones. Coincide con que técnicamente tienen de todo: staccato, sobreagudos, graves, voz de pecho... Es el perfil de Lady Mac­beth, Gioconda o Francesca da Rimini. Mundos complejos que aportan mucho a mi carrera y con tiempo para digerir lo que te dan. Eso como punto de partida. Luego la realidad laboral va haciendo que todo se comprima. Tengo cinco roles que prepararme en este mes, y luego van solapándose en el tiempo. Por mi parte intento no hacerme ideas preconcebidas respecto a mi personaje. Sí de la psicología y el desarrollo de su personalidad, pero obvio en un principio toda la parte gestual. Soy, como decía, de trabajar en equipo. Con el tiempo también he cambiado mucho en cuanto al estudio musical. Antes cantaba mucho más y ahora he aprendido que me va mejor estudiar desde el conocimiento de mi instrumento, analizando dónde voy a respirar, en qué lugares hay que preparar qué notas. Tras muchas lecturas, digamos de cabeza, ya sí es momento de cantar.
 
Ó. A.: ¿Impone inaugurar la temporada de La Scala?
S. H.: Surgió de manera inesperada. Estaba haciendo Giocon­da en tres teatros distintos (Piacenza, Módena y Reggio Emilia) durante varias semanas. En la última tenía que compatibilizar las funciones con los ensayos de mi próxima Tosca en el Teatro Regio de Parma. En ese caos me avisaron de que tenía una audición con el maestro Riccardo Chailly para La Scala, con Attila. Yo me había puesto enferma poco antes y, aunque para la prueba ya me había recuperado, acudí con la desventaja de que no había podido cantar las arias ni una vez, a lo que sumaba problemas de espalda. El maestro fue muy atento conmigo, y tras escuchar “Santo di patria” y algo de Ballo me dijo: “Bueno, pues nos vemos en el estreno”. No me lo podía creer. Estoy deseando comenzar los ensayos en La Scala [los iniciaba el 23 de octubre] hasta ese 7 de diciembre de estreno. Y estoy emocionada además porque ya han salido más cosas en ese mismo teatro.
 
Ó. A.: ¿Para cuándo una mayor presencia en España?
S. H.: No depende de mí... La verdad es que a nivel artístico en Sabadell me pasaron las mejores cosas y es donde tuve las mejores oportunidades. Hice papeles que probablemente no vuelva a hacer. Esa Lucia, esa Olimpia... Tienen todo mi agradecimiento. Respecto al futuro, a mí me gusta mucho cantar en mi ciudad o en mi país, pero las circunstancias no se están dando. Por ahora mi carrera discurre con mucha mayor facilidad en Italia, pero estoy segura de que todo llegará. A medio plazo, debutaré en 2022 con la Abigaille del Nabucco en el Teatro Real, un personaje que me gusta mucho y estoy deseando hacer. 
 
 
 
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