EN PORTADA

Decca / Amanda NICOLIC
 
El consagrado tenor mexicano inaugura este mes la temporada del Liceu barcelonés con una de las obras maestras del bel canto; en agosto pasado presentó en Salzburgo su primer disco en solitario, Contrabandista (Decca). En la cresta de la ola, Camarena afronta el futuro lleno de proyectos e ilusiones.
 
Mario MUÑOZ
ÓPERA ACTUAL 217
(OCTUBRE 2018)
 
La sonrisa como campamento base y el discurso más elaborado de lo que podía suponerse. Javier Camarena recibe a ÓPERA ACTUAL­ en Madrid, en medio de sus funciones de Lucia di Lammermoor con un obvio cansancio pero con la maleta llena de proyectos y también con un brillo en la mirada tan elocuente como muchas de las respuestas que ofrece sin apenas reflexión. Este mes el Gran Teatre del Liceu inaugura con su talento la nueva temporada, en unos Puritani a la irlandesa en los que compartirá escenario una vez más con la soprano sudafricana Pretty Yende, con quien ha coincidido en diversos escenarios. Ambos, precisamente, han cantado la ópera de Bellini en la Metropolitan Opera de Nueva York, con un gran éxito. Camarena interpretó también esta misma obra en el Teatro Real, ocasión en la que compartió escenario con la alemana Diana Damrau, una versión escénica de Emilio Sagi que se grabó en Dvd. El cantante se confiesa agotado tras unos meses de actividad frenética, tanto en ópera escenificada como en recitales –este curso ha actuado desde Nueva York a Santiago de Chile, desde Los Ángeles a Viena–, sin olvidar todo lo que conlleva haber grabado su primer disco en solitario (ver despiece en páginas siguientes). “En todo caso es un cansancio muy satisfactorio”, se apresura a aclarar días antes de su debut en el Festival Castell de Peralada, en el que eclipsó con un recital en el que interpretó parte de su disco. “Pero por destacar algo de lo más reciente, tengo que decir que he vivido unos días muy bellos en el Teatro Real dando vida a Edgardo, un rol complejo, hermoso, lleno de contrastes. Lucia de Lammermoor es una ópera muy completa en cuanto a sus personajes y dramaturgia”. En este regreso al Liceu –donde debutó con L’elisir d’amore en 2012 y al que ha regresado en La fille du régiment, Maria Stuarda y su primer Rigoletto– lo hará en un montaje de Annilese Miskimmon con dirección musical de Christopher Franklin. 
 
En el Festival de Salzburgo, junto a Plácido Domingo, interpretando Les Pêcheurs de perles de Bizet /Salzburg Festpiele / Marco Borrelli 
 
 
 
Ópera Actual: Cerró temporada en Madrid y ahora la abre en Barcelona, sin contar el paréntesis de festivales de verano...
Javier CAMARENA: Bueno, lo de la agenda siempre es algo loco. Yo me muevo por bloques, hay que estar bien comprometido con cada producción y con la mirada fija en ella, por el bien de todos. El caso de Lucia en Madrid era especial por cuanto era mi debut como Edgardo, y tienes que darte tiempo para ir madurando el personaje, dejarte espacio para investigar todas sus ambivalencias y construir algo donde confluya lo que tú tienes que decir con lo que la tradición aporta.
Ó. A.: ¿Considera que la ópera I Puritani es como volver a casa?
J. C.: Exacto. Tuve que darme un descanso con este título porque tuve que hacer cuatro o cinco producciones distintas en una misma temporada: Nueva York, Zúrich, Madrid, Ciudad de México... La ventaja de aquella reiteración es que a fin de cuentas cada producción apuntaba a un aspecto distinto: mismo motor, distinto destino, y de eso se aprende mucho. Nada tenía que ver la visión de Sagi con la de Mazzola o Benini. Tras esta pausa, retomarlo en Barcelona y con un reparto junto a Pretty Yende es una alegría. Me motiva haber recuperado esa chispa dramática.
Ó. A.: ¿Y qué tal el reencuentro con Pretty Yende?
J. C.: Excelente. Por suerte ya hemos trabajado juntos mucho antes. Hicimos un Barbiere en el Met en enero del año pasado y también la sustitución de Diana Damrau en una función de I Puritani. Dimos además un par de conciertos en Brasil el verano pasado; para esta temporada tenemos media docena de producciones juntos. Es una gran colega, una cantante estupenda que prioriza los mismos aspectos que yo, con un acercamiento muy humano. Adoro trabajar con ella, tenemos una muy buena dinámica y se acompaña de una muy bella amistad.
Ó. A.: ¿La diferencia de edad enriquece la ecuación? Ella es muy joven...
J. C.: Si tienes la curiosidad y los canales abiertos, tengo tanto de aprender de Pretty como ella de mí. El único camino para el crecimiento musical es tener la humildad de aprender cada día de tus colegas. Tanto en lo positivo como en lo negativo... [Risas]. Recuerdo que en la primera colaboración con ella, en Il barbiere, nos quitamos la palabra de la boca: “¡Tenía muchas ganas de cantar contigo!”.
 
Junto a Cecilia Bartoli en La Cenerentola en el Festival de Salzburgo. Camarena conoció a la mezzo romana en Zúrich, donde forjó su carrera y aprendió gran parte de su actual repertorio. Ahora ella es la productora  de su primer disco / Salzburger Festspiele / Silvia Lelli
 
 
 
Ó. A.: La acción de I Puritani en el motaje liceísta se traslada a la Irlanda del Norte del siglo XX. ¿Qué tal lleva las actualizaciones de las direcciones escénicas?
J. C.: Normalmente lo llevo bien, no me ha tocado hacer nada muy descabellado. O he trabajado con directores muy apegados al libreto o, los que se han separado, lo han hecho con una visión lúcida e inteligente, como Jens-Daniel Herzog en Les Pêcheurs de perles de Zúrich. Los dobles sentidos coherentes me encantan, me parece que hay mucho respeto detrás hacia el espíritu original. No tengo problemas a la hora de trabajar con nadie, pero necesito un porqué que dé sentido a mis movimientos, a mis pautas sobre el escenario. Es un trabajo de equipo que yo necesito para volver todo esto orgánico y verosímil. Pero, resumiendo, diré que no he vivido la aventura de trabajar con directores dictatoriales.
Ó. A.: Tanto Edgardo como Arturo tienen una larga tradición interpretativa. ¿Le resulta difícil cohabitar con ella y con las pretensiones del melómano especializado?
J. C.: En realidad no, son legados que están ahí, referencias históricas en parte obligadas... Pero quien esté tan fascinado por esas grabaciones y que espere idéntica representación en vivo, siempre tiene la opción de escucharlo en casa. La ópera ha evolucionado a la par que los instrumentos, las propuestas escénicas o las calidades vocales. Si quieres entender una voz en toda su profundidad lo has de hacer en directo, con una orquesta sobre un escenario. Allí puedes evaluar esa voz en el espacio, lo que transmite y aporta, su relación con lo que la rodea, tener esa sensación de comunidad cuando el sonido de la orquesta te empapa. En una grabación escuchas a un cantante frente a un micrófono, con mil oportunidades para repetir cada pasaje. No es correcto comparar, creo, ambos mundos. Esta dinámica hay que romperla, porque además la mayor parte de los detalles dinámicos de la partitura no se hace en las grabaciones. Yo pongo mucho énfasis en esto porque es lo que define el estilo belcantista: los compositores de este estilo son tan claros con lo que quieren obtener que no podemos darle la espalda a lo que está escrito. Estos son los detalles que le dan relieve al discurso. Por mi parte no escucho las grabaciones referenciales hasta muy poco antes de cantar un personaje, cuando ya tengo decidido qué quiero decir.   
Ó. A.: ¿Le cuesta, tras tanto trabajo, salirse de sus personajes al acabar?
J. C.: Claro que cuesta, pero, ¡no tengo más remedio! Baja rápido el telón y tengo que ponerme lo antes posible del otro lado. El tipo de representación de ópera que se hace hoy día no te da la oportunidad de vincularte mucho más. Pero yo tampoco necesito más. Le pongo todo mi corazón a la historia de cualquier personaje, pero al final del día quiero recuperar todo lo que le he prestado. No tengo una relación con los personajes que interpreto en la que esté tan sentimentalmente involucrado como para sufrir por ellos.
 
 
Junto a Pretty Yende en I Puritani en el Met de Nueva York. Ambos nuevamente formarán pareja en la ópera de Bellini en la inauguración del curso del Liceu este mes de octubre. Abajo, imagen promocional de Camarena para su disco Contrabandista / The Metropolitan Opera / Marty Sohl  
 
 
Ó. A.: Hace poco cosechó un éxito importante con su recital en el Teatro de La Zarzuela centrado en el repertorio castizo. ¿Va a seguir cultivando ese vínculo?
J. C.: Es complicado, al menos desde el punto de vista de estar presente en un título completo. Estoy plenamente dedicado a la ópera y por ende la agenda anda algo saturada al respecto, pero desde mis primeros recitales siempre hay y habrá alguna romanza de zarzuela, sin ser un gran conocedor de ella. Me gustan mucho “No puede ser” o “De este apacible rincón de Madrid”. Hacer recitales seguro que será más sencillo.
Ó. A.: Parece tener muy claros los objetivos de su carrera.
J. C.: Lo procuro. Aunque la mayor parte del tiempo de una manera bastante inconsciente. Hace no mucho reflexionaba sobre mi primera Italiana in Algeri, que fue mi primera ópera de Rossini, ya que no canté nada suyo en mi periodo de formación. Tengo muy presente cómo sufrí, cómo tiré lejos la partitura mil y una veces por la frustración de no saber cómo abordar ciertos pasajes. Hoy día las soluciones a cada problemática ya están buscadas y las resuelvo con naturalidad. Además, todo lugar en el que he colaborado ha sido extremadamente respetuoso con lo que creía que debía abordar en cada momento. Y cuando tuve dudas lo consulté con mi maestro, Francisco Araiza.
 
 
 
Ó. A.: ¿Se ve en un lugar muy distinto del que está hoy en diez o quince años?
J. C.: Espero verme siendo consecuente con mi edad. Hay papeles que ya me van interesando menos, como Tonio o Nemorino. No quiero parecer el abuelo del personaje que interpreto. Con el tiempo quiero abordar Faust, Rigoletto, Traviata, Roberto Devereux, Werther...  He revisado con cuidado las carreras de mis cantantes favoritos, como Ramón Vargas o Fritz Wunderlich, y tomo como referente la inteligencia de Alfredo Kraus a la hora de cuidar su voz, pero espero tener la sensatez de saber decir “hasta aquí llego”. Y entonces apartarme a disfrutar de otras facetas del canto, enseñando o dirigiendo. Disfrutar la vida con mi familia fuera de los escenarios.
Ó. A.: ¿Ha sido muy cara la factura que ha tenido que pagar con su familia?
J. C.: Tengo la gran suerte de contar con una familia que va a la par conmigo, a mi lado, y la ventaja respecto a otras generaciones de tener a mis hijos a un clic de distancia. Eso aminora un poco la sensación de soledad, pero lo cierto es que tienes que acostumbrarte a que en esta profesión prima lo esporádico. Te pierdes mucho de tu paternidad, todos los pequeños cambios, porque es en los hijos en los que ves que pasa el tiempo. Dos días después de nacer mi primer hijo yo andaba a miles de kilómetros de él y de mi mujer: cantaba en París y lloraba solo frente­ a tiendas de pañales. Es la parte gris de mi trabajo, pero hay que ser congruente con aquello a lo que te dedicas.
 
 Decca / Amanda NICOLIC 
García de contrabando
 
El 13 de agosto Javier Camarena presentó en el Festival de Salzburgo su primer disco en solitario, Contrabandista*, el primero editado por el sello que gestiona como productora la mezzo romana Cecilia Bartoli, asociado a Decca. Dedicado al compositor sevillano Manuel García, el Cd incluye arias de El gitano por amor, La Mort du Tasse y Florestan grabadas por primera vez, además de piezas de Rossini –como un dúo junto a Bartoli– y de Zingarelli. “Estoy muy feliz con el material que hemos trabajado”, afirmó Camarena a ÓPERA ACTUAL momentos después de su recital en Peralada, donde cantó varias piezas del disco. “He conseguido mi objetivo: ofrecer historia, contenido nuevo con un hilo conductor que transporta a la actualidad una música muy hermosa que había sido relegada y olvidada con el paso del tiempo. Creo que este proyecto ha valido la pena no solo por esta música maravillosa, sino por recordar y poner en valor a un eslabón fundamental en la música como es Manuel García, entre el bel canto y el Ro­­manticismo. Compositores como Liszt o Bizet lo tomaron como referente. Por eso estoy tan agradecido a Cecilia Bartoli y a su fundación por hacerlo posible”.
ÓPERA ACTUAL: ¿Por qué se decidió por este repertorio?
Javier CAMARENA: Todo comenzó por de mi deseo de que mi primer disco no fuera el típico catálogo con la enésima grabación de “La donna è mòbile” o “Una furtiva lagrima”. Quería algo que aportara, aunque fuera con obras de un solo compositor, incluso de los conocidos, pero con un material innovador, no más de lo mismo. Y a quién fui a buscar fue obviamente a Cecilia Bartoli. Fui con la idea de otro proyecto; ella me dijo que se lo pensaría y después de unos días me presentó este repertorio en torno a Manuel García, que ella ya conocía desde su disco sobre María Malibran. Juntos nos metimos en el mundo de este autor, en su música, en su biografía, en su obra. Y me sorprendía al ir conociéndolo como compositor, empresario, intérprete, mestro y otras tantas facetas. Y mientras más lo fui conociendo, más fui entendiendo su música, porque al ver sus partituras no te dicen mucho: pueden parecer monótonas y repetitivas, pero hasta que no te das cuenta de que era un maestro del virtuosismo, de las variaciones, de las ornamentaciones, su obra no toma sentido. Su escritura era una guía para ir creando e improvisando.
 
Como Duca di Mantova de Rigoletto en el Gran Teatre del Liceu, donde debutó el papel la temporada pasada / Gran Teatre del Liceu / Antoni BOFILL
 
 
 
Ó. A.: ¿Qué le llama más la atención de este repertorio?
J. C.: La variedad. El disco contiene dos aspectos, uno del García compositor y otro de él como intérprete. Hay arias de cuatro óperas suyas y otras de Rossini que él interpretó, además de una de Giulietta e Romeo, de Niccolò Zingarelli.
Ó. A.: Terriblemente difícil.
J. C.: Sí, y más con las variaciones que le añado, que hacen la pieza mucho más intensa y rica. Como decía, hay selecciones de la ópera más conocida de García, El poeta calculista, además de ejemplos que lo presentan como compositor de grand opéra francesa, La Mort du Tasse y Florestan, siendo muy reconocido por ello en su época. Son arias inéditas y que muestran de la mejor manera la versatilidad que García podía demostrar en sus composiciones. En ellas, además, quedan claros los compositores que admiraba, sus referentes, ya que a veces su música recuerda a Mozart o a Rossini... Todo ello lo vas encontrando a medida en que te vas metiendo en su música.
Ó. A.: A lo que se une su repertorio como intérprete.
J. C.: Claro, no podía faltar Rossini y su Almaviva de Il barbiere, o Cenerentola; hablamos de la obra de un compositor con el que García trabajó mucho. Está también un aria de Ricciardo e Zoraide, una ópera hoy muy poco conocida –es un aria muy complicada que él no cantaba, pero que está dentro del contexto–, sin olvidar ese dúo de Armida que Cecilia quiso grabar conmigo y que es una maravilla.  * P. M.-H.
 
* Crítica en página 81, disco que se sor­­tea en el concurso de la página 89
 
 
 
 
 
Como Tonio de La fille du régiment en la  producción de Laurent Pelly que ha cantado tanto en Madrid como en Barcelona y en la que ha tenido que bisar el aria “Ah! Mes amis” a petición del público con una gran  repercusión / Gran Teatre del Liceu / Antoni BOFILL
 
 
 
Contáctanos
 
Dir:C/ Loreto 13-15, Esc. B. entlo 1ª, 08029,- BARCELONA
 
Tel: (+ 34) 93 319 13 00