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Cinco años después de la excelente impresión causada en su debut como Marquesa del Poggio en la infrecuente Un giorno di regno, del proyecto de ABAO-OLBE Tutto Verdi, la soprano rusa Irina Lungu regresa a la temporada bilbaína con un nuevo personaje que incorpora a su repertorio, Manon de Massenet.
 
Lourdes MORGADES
ÓPERA ACTUAL 209
(ENERO 2018) 
 
La soprano rusa Irina Lungu culmina este enero un intenso año en el que ha incorporado cinco nuevos papeles a su repertorio con el debut, a partir del día 20, del personaje de Manon en la temporada de la Asociación Bilbaína de Amigos de la Ópera (ABAO-OLBE). Durante 2017 ha debutado, a partir de febrero, Giulietta de I Capuleti e i Montecchi en el Teatro Filarmónico de Verona; le siguió en marzo Elvira de I Puritani en el Teatro Comunale di Modena, la Fondazione Teatri di Piacenza e I Teatri di Reggio Emilia; prosiguió con la protagonista de Anna Bolena en mayo en Opéra Grand Avignon, y Corinna de Il viaggio a Reims en septiembre en el Gran Teatro del Liceu de Barcelona. “Ha sido un año de locura”, afirma la soprano a ÓPERA ACTUAL, y se muestra ansiosa por meterse en la piel del personaje que da nombre a la ópera Manon de Massenet, que lleva años deseando interpretar. “No veo a la hora. Creo que Manon se convertirá en un rol especial en mi carrera”, asegura. Lungu empezó a preparar el personaje hace tiempo y tiene claro que “sin charme, Manon no existe. Puede ser cualquier cosa, pero por encima de todo debe ser encantadora, porque el público ha de enamorarse de ella, de lo contrario, esta historia no tiene sentido. Es ella la que mueve todos los afectos”.
 
ÓPERA ACTUAL: Llega a Bilbao para meterse por primera vez en la piel de Manon después de protagonizar por enésima vez La Traviata, en esta ocasión en Japón. ¿Lleva la cuenta de las veces que ha cantado el personaje de Violetta Valéry?
Irina LUNGU: Más de 150...
 
Ó. A.: ¿Ha llegado a aborrecer el personaje?
I. L.: No, pero hubo un momento en que cantar La Traviata empezó a resultarme muy repetitivo y durante las últimas temporadas he tratado de no hacerla tanto. Antes de interpretarla en el Nuevo Teatro Nacional de Tokio, debuté a principios de noviembre pasado en el Teatro Bolshoi de Moscú cantando La Traviata después de un año y medio sin interpretarla. Violetta Valéry es un rol que hago y abandono, pero al que siempre regreso, un personaje que siento muy mío, con el que vivo una suerte de simbiosis y que me ha acompañado a lo largo de toda mi carrera. De hecho, es el rol que tengo como referencia. Es un personaje que me permite calibrar el estado de mi forma vocal y, además, siempre que lo he cantado me ha dado grandísimas satisfacciones como artista.
 
Como Marguerite de Faust en el Teatro  alla Scala de Milán (2010). El francés es una parte fundamental del repertorio de la soprano rusa, que este mes amplía con Manon de Massenet
 
Ó. A.: Después de tantas veces debe tener controlado por completo el personaje.
I. L.: El de Violetta Valéry es un rol muy difícil vocalmente. En el primer acto hay tantas dificultades de técnica vocal que permiten ver el estado vocal de la cantante. Debes ser brillante, tener mucha facilidad para los agudos y sobreagudos. El segundo acto es una cuestión de timbre, de acento dramático, y el tercero es el más dramático, en el que necesitas más actuación. Violetta es ese tipo de personaje con el que puedes sentir que controlas al público, que puedes guiar sus emociones. Para interpretarlo hay que tener el aplomo de una prima donna, porque eres tú quien debe dar vida al espectáculo.
 
Ó. A.: El entusiasmo con el que habla de La Traviata denota pasión.
I. L.: Sin el teatro, sin la ópera, no me puedo imaginar mi vida. Siento y pruebo muchas cosas que sin ser cantante no podría. Sin embargo, hay dinámicas de la vida de artista que no siempre son agradables, que lastran tu vida, que la hacen más difícil. Para ser artista se precisa una continua fuerza de voluntad, porque no es solo ir a ensayar, hay que dar el cien por cien, entregar tu alma, abrirte, y debes hacerlo con personas que no siempre son de tu agrado, incluso a veces con gente difícil, y eso te obliga a ser flexible en la escena, igual que en la vida.
 
Ó. A.: 2017 ha sido un año en el que ha debutado cuatro nuevos papeles y ahora, en enero, con la Manon de Bilbao ya serán cinco. ¿Es normal en su carrera este ritmo frenético de incorporación de nuevos personajes?
I. L.: No. 2017 ha sido un año de locura. Los cantantes siempre hacemos proyectos, y yo siempre había querido cantar I Puritani, siempre había querido hacer la Giulietta de I Capuleti e i Montecchi, siempre había querido hacer Anna Bolena. Y todos estos títulos han coincidido el mismo año, y no he sabido rechazar ninguno, porque todos eran papeles muy deseados. Anteriormente no se había dado la ocasión, ni el contexto justo, ni el teatro adecuado para poderlos cantar por primera vez. He tenido que estudiar mucho y esto me ha supuesto una gran inversión de energía, un período frenético, pero que tiene retorno, porque la próxima temporada volveré a cantar Anna Bolena­ y más adelante, también Elvira de I Puritani. Conseguir hacer algo que no has hecho antes es siempre una gran satisfacción. Con respecto a Corinna de Il viaggio a Reims, ha sido genial volver a Rossini, un compositor que no canto demasiado a menudo. De hecho, antes de cantar en el Liceu Il viaggio, solo había interprerado dos óperas de este compositor, Moïse et Pharaon hace unos 15 años e Il Turco in Italia en 2009. Y ahora me llega Manon, un personaje fascinante y un poco parecido a Violetta, pero diverso en varios aspectos.
 
Como Giulietta de I Capuleti e i Montecchi en el Teatro Filarmonico de Verona (2017)
 
Ó. A.: ¿Cuándo empezó a prepararlo?
I. L.: Hace ya tiempo, porque es un rol que deseaba interpretar desde hace años y he ido buscando cosas para informarme y leyendo la historia. Manon es un personaje que me fascina y quiero encontrar otro papel que me haga sentir tan bien como Violetta Valéry para poder alternarlo. He encontrado la Juliette de Gounod, un rol ideal para mi voz, y la Marguerite de Faust, todos personajes del repertorio francés, como Manon. Este es muy parecido al de Violetta, con ese amor sincero, el lujo, con un ambiente similar al de La Traviata. Esto me ha hecho pensar que Manon puede ser un personaje que llegue a sustituir a Violetta.
 
Ó. A.: ¿Cuáles son para usted los retos musicales y teatrales de Manon?
I. L.: El reto musical es conseguir hacer creíble el personaje en su complejidad. He visto muchas grabaciones en vídeo y he escuchado muchos discos y Manon es un personaje con muchos matices. He visto versiones más dramáticas y otras más ligeras que logran a hacer creíble un personaje más superficial. Yo me inclino por el lado más profundo, el más sincero, el del amor, el de su historia con el Chevalier Des Grieux. El reto es coger un personaje complejo como este y convertirlo en una mujer que exprese mil cosas a la vez. Que refleje la naturaleza femenina más profunda, la de la mujer que cambia de idea, que cambia de humor, que crece a lo largo de la vida. Manon muere muy joven, pero en el camino de su breve vida hace un recorrido completo de mujer, desde la ligereza del inicio, el amor profundo y sincero, el arrepentimiento, el conocimiento de la felicidad de ser el centro de atención, de ser el objeto del deseo de tantos hombres. El desafío que me gusta y estimula es logar en tres horas y media hacer vivir a esta mujer llamada Manon.
 
Ó. A.: ¿Cree que Manon es en el fondo una mujer fatal avant la lettre?
I. L.: Para entender la historia de Manon es necesario entender bien su época. Todo esto sucedía en un momento, el siglo XVIII, en que en Francia existían los libertinos. Fuera de este contexto, para mi Manon pierde la fuerza de su carácter. Ella siente la necesidad de ser libre y su poder sobre los hombres es su manera de logar ser una mujer libre. 
 
Como protagonista de Maria Stuarda en La Scala de Milán (2008)
 
Ó. A.: ¿Cuál es su Manon discográfica de referencia?
I. L.: Adoro la de Beverly Sills, que es mi preferida. Es elegante, encantadora y muy seductora. Y también me gusta mucho la Manon de Victoria de los Ángeles, cuyo estilo es excelente, su manera de expresar la frase en francés, de hacer el personaje sin excesos. La música francesa, al contrario de la italiana, huye del exceso, todo está matizado. La expresividad está en la elegancia de la frase, en el gusto por expresar la palabra, el fraseo, la distinción de estar en escena. Es un estilo que adoro, que se ajusta a mi temperamento y me resulta cercano.
 
Ó. A.: ¿Tiene algún compromiso para volver a cantar Manon después del debut en Bilbao?
I. L.: Por el momento tengo que debutarlo y espero que después me surjan compromisos para volverlo a cantar. A veces pasa que debutas un rol y no quieres volver a hacerlo. Ya me sucedió con Mimì: llegué a hacer tres producciones de La Bohème, pero luego dije que no. A veces no te enamoras de manera inmediata de un personaje. Siempre es un enigma cuando debutas un papel.
 
Ó. A.: Su repertorio se centra en el bel canto romántico. ¿Qué le gusta más de este estilo?
I. L.: Sí, mi repertorio se centra en el bel canto, pero no solo en este estilo. Me gusta ser una artista versátil, porque acepto repertorios diversos, pero creo que el bel canto es la base de todo cantante, incluso de los que hacen un repertorio más dramático, verdiano o pucciniano. La formación de base de un cantante debe estar siempre en el bel canto, porque es un estilo que te enseña a cantar, sin el cual no puedes terminar tu formación de cantante con una impostación de voz correcta. Incluso las sopranos que cantan Turandot deben pasar por el bel canto. Es la escuela de canto, la técnica del fraseo sobre la respiración. A mí el repertorio belcantista me gusta mucho como estética de canto, como modo de expresión de emociones. Además, es una manera de cantar que me permite trabajar sobre mi voz y tenerla disciplinada. Es fundamental para cantar sin esfuerzo, para tener una buena técnica de base y usar y controlar bien el fiato.
 
En el Teatro Comunale Luciano Pavarotti de Módena como Elvira de I Puritani (2017), uno de los papeles que Irina Lungu siempre quiso debutar.
 
Ó. A.: Canta repertorio italiano y francés, pero usted es una cantante rusa. ¿Dónde está su repertorio ruso?
I. L.: Nací en Moldavia, pero soy de familia rusa y cuando era pequeña regresamos a Rusia central. Antes de formarme como cantante me diplomé en dirección de coro y estudié el repertorio de coro ruso, pero cuando empecé a estudiar canto conocí otro mundo, el del bel canto, el repertorio italiano y el francés, y en realidad me siento como si hubiera nacido belcantista. Inicié mi carrera en la compañía de un teatro ruso en el que canté durante dos años llegando a interpretar dos títulos rusos, La novia del zar y Iolanta, pero desde 2003 vivo en Italia y en Europa el repertorio ruso no se hace demasiado y las veces que he sido invitada a cantar en Rusia ha sido para hacer repertorio italiano. Quizá cantar repertorio ruso no sea mi destino, pero me gusta mucho. Además disfruto escuchándolo como público en el teatro. Espero poder cantar alguna vez Evgeni Onegin; me gustaría poder hacer el personaje de Tatiana.
 
Ó. A.: ¿Qué nuevos roles prepara para después del debut de Manon?
I. L.: En un futuro próximo lo que quiero es volver a cantar los personajes que he debutado recientemente, encontrar nuevos matices a todos estos nuevos papeles. Para un futuro más lejano tengo muchos proyectos, entre ellos cantar Leïla de Los pescadores de perlas. De hecho, es una ópera que ya he cantado, fue el título con el que debuté como cantante a los 21 años, pero lo interpreté en ruso, así que cantarlo en francés será como un debut. Y también me gustaría seguir profundizando en el repertorio francés con Thaïs de Massenet, y también en el repertorio italiano. Siempre estoy abierta a hacer cualquier Donizetti, incluso sus óperas raras. Y algún día haré más Verdi, Otello o quizá Simon Boccanegra.
 
Ó. A.: ¿Y Rossini?
I. L.: Para cantar las obras de Rossini­ hay que ser un intérprete rossiniano, aunque es verdad que hay muchos personajes que se adaptan a mi voz, como Ninetta de La gazza ladra, por ejemplo. De los Rossinis serios, Tancredi me gusta mucho, como también Le siège de Corinthe. Como le decía, ya he hecho Moïse et Pharaon y me gustaría volver a cantarlo ahora con más experiencia, al igual que hacer de nuevo Il Turco in Italia e Il viaggio a Reims, cuyo rol de Corinna no es de coloratura rossiniana.­ Otro compositor que también canto poco es Mozart y es una lástima. He cantado Donna Anna de Don Giovanni, que me piden bastante, e hice una vez Così fan tutte, pero dejé el rol de Fiordiligi porque es demasiado grave para mí, pero la Condesa de Le nozze di Figaro lo haría con muchas ganas. Esta temporada hubo una oportunidad, pero ya tenía compromisos adquiridos.
 
Como Gilda de Rigoletto en la Opéra National de París (2016)
 
Ó. A.: ¿Qué papeles de los que tiene en repertorio le proporcionan mayor satisfacción en estos momentos?
I. L.: Aquellos a través de los cuales me expreso mejor. La protagonista de Lucia di Lammermoor, que me brinda una gran satisfacción vocal. El final de la interpretación de la escena de la locura, con esa famosa cadencia con flauta, me fascina. Al terminar, cuando llegan los aplausos, en ese momento pienso: “Soy una soprano de verdad”. Sin Lucia no me sentía completa. En marzo volveré a cantarla en la Ópera de Oslo y la siguiente temporada tengo otra producción. Luego ya veremos, porque si continúo haciendo incursiones en el repertorio más lírico quizás deba abandonar el repertorio extremamente virtuosístico y agudo. Siempre escucho lo que me dice mi voz.
 
Ó. A.: Usted, que estudió dirección coral, ¿ha pensado en estudiar también dirección de orquesta?
I. L.: He estudiado la técnica de dirigir y tengo la base, pero no he dirigido nunca una orquesta. Quizá cambie de opinión, aunque por el momento pienso que la dirección de orquesta es un oficio más de hombres que de mujeres.
 
Ó. A.: Pero, ¿por qué? Ya hay mujeres que dirigen y que están haciendo carrera, y cada vez hay más.
I. L.: Para hacer todos estos personajes con encanto debo exaltar mi lado femenino en el escenario, porque sin esto no tiene sentido Violetta, no tiene sentido Manon, no tiene sentido Juliette, no tiene sentido Lucia di Lam­mermoor. Baso mi carrera en exaltar el lado femenino de estas mujeres bellas, fascinante, débiles, sufrientes, fuertes, muchas veces sumisas al mundo masculino, y por eso debo mantener la feminidad exaltada. El director de orquesta, en cambio, es la persona que debe tenerlo todo bajo control, es alguien que manda, que adoptar una posición que desde mi punto de vista es muy masculina, de control, de autoridad absoluta. De esa figura me siento muy alejada, creo que representa todo lo contrario de lo que soy actualmente: una mujer, una cantante que debe hacer personajes muy femeninos. No es que no me interese, pero para expresarme en el mundo del arte por el momento me expreso como cantante, luego igual cambio de idea. Hay algo que sí me gustaría probar, la dirección de escena, que me interesa mucho.
 
Ó. A.: ¿Qué es lo que más le gusta de la ópera como experiencia artística?
I. L.: Como intérprete me gusta ser un instrumento a través del cual puedo comunicar la idea del compositor y pasar al público las emociones de estas bellísimas historias. Esta es una idea que me entusiasma y es en los momentos en que todos te miran y te escuchan que sientes que puedes hacer lo que quieres. Es algo sin lo cual no imagino mi vida. Como melómana me gusta ser la receptora de las emociones expresadas por otra persona con su instrumento; me gusta percibir la empatía con el personaje, vivir, llorar y ver mi vida y mis emociones representadas sobre el escenario. 
 
Ó. A.: Tiene un hijo y una carrera internacional muy importante, ¿cómo logra conciliar carrera y familia?
I. L.: La maternidad es algo bellísimo que ha aportado muchas cosas a mi arte y que ha vuelto más complejo mi universo, porque ahora soy capaz de expresar más emociones en escena, pero mi hijo ha tenido que crecer sin el apoyo de su madre las 24 horas del día todo el año, porque ella es una artista y debe marcharse para trabajar. Eso ha hecho que mi hijo, que este enero cumple 8 años, haya crecido rápidamente, que sea muy independiente y que haya tenido que estar mucho tiempo solo. Pero aunque no nos veamos todos los días tenemos un vínculo muy fuerte. Crecemos juntos, yo como persona con él y él con mi trabajo. La conciliación es imposible, pero también es imposible que vivamos el uno sin el otro. No tengo una receta. Él ya lo entiende. Ahora es una persona pequeña, pero ya tiene su vida, sus intereses, sus amigos, su contexto. No puedo privarle de todo esto para que me siga. Él debe hacer su vida y no creo que por ello nuestro vínculo sea menor. 
 
 
 
 
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