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Está de moda, y no solo por su Carmen en el Teatro Real, sino también porque este mes será protagonista de la temporada clásica de Cinesa con su Carmen del Festival de  Bregenz, por el Dvd que se  edita este mes, precisamente con la misma producción del festival austríaco y por su primer disco en solitario para Deutsche Grammophon. 
 
Mario MUÑOZ
ÓPERA ACTUAL 207
(NOVIEMBRE 2017) 
 
Como Carmen en el Festival de Bregenz  /  Festival de Bregenz / Karl FORSTER

La mezzo francesa Gaëlle Arquez se mueve como pez en el agua entre Carmen o La belle Hélène, Monteverdi o Messiaen. Parece que la versatilidad la define. “Es como estar interesada en diferentes culturas gastronómicas. Disfruto mucho el salto de un estilo a otro y caminar entre épocas. La estética puede ser diferente, pero en mi voz altero solo los recursos, quizás el estilo... Se trata únicamente de cocinar con los mismos ingredientes pero de una manera distinta. No es el qué. Es el cómo. Si, por ejemplo, hiciera solamente Bizet o Mozart, estaría condenada a alimentarme siempre de lo mismo, y yo necesito cambiar con frecuencia por el gusto de probar nuevos sabores. En la música no debe haber sitio para el aburrimiento”.
 
Ópera Actual: ¿Carmen sería su plato favorito?
Gaëlle ARQUEZ: Depende del momento. Necesito de vez en cuando un poco de Barroco o de Mozart para ir luego al repertorio romántico. Ahí entra Carmen. También la Adalgisa de Norma, que haré dentro de poco. Supongo que el hilo argumental de todo este recorrido es que me gusta el equilibrio. He participado recientemente en un estreno de música contemporánea (Les pigeons d’argile, de P. Hurel) y me ha resultado cautivador trabajar con un compositor e intercambiar con él pareceres.
 
Ó. A.: Además de la Carmen del Teatro Real, viene de hacer la del Festival de Bregenz este verano. Son acercamientos muy distintos, ¿requiere estudiar el personaje desde otro punto de vista?
G. A.: En general, siempre comienzo estudiando la partitura para apropiármela. Si no haces de esto algo personal, no te va a funcionar, al menos en mi caso. Luego sí es cierto que busco algo de información, pero lo más vaga posible, sin detalles. Eso me sirve para conocer la historia pero poder presentarme frente al director de escena como una página en blanco. El universo creativo que desarrolle puede ser muy distinto y no creo que sea mi labor bloquearle con la historia verdadera. Si llegas libre a un montaje puedes adherirte con idéntica libertad a distintas propuestas.
 
Festival de Bregenz / Karl FORSTER
 
 
Teatro Real / Javier DEL REAL

Escena final del inmenso montaje de Kasper Holten de la Carmen que protagoniza Gaëlle Arquez en el escenario del Festival de Bregenz ubicado sobre el lago asutríaco del mismo nombte y que podrá verse en los cines de Cinesa. Abajo, en su presentación en el Teatro Real y la portada de Ardente Flamme, el nuevo disco de la mezzosoprano francesa

Ó. A.: A nivel teórico suena muy bien, pero en ocasiones resultará complejo...
G. A.: Cuando se está totalmente de acuerdo con un planteamiento todo fluye muy rápido. Pero en los casos en los que no es así, no hay más solución que dialogar para comprender la visión del otro sin olvidar que, en última instancia, mi trabajo es un trabajo de actriz: debo respetar el concepto del director.­ No son mis ideas las que se van a juzgar, sino las suyas. Yo soy la voz, el carácter, la personalidad, pero no el mensaje. Alguna gente se frustra con esta dinámica, no es mi caso. Esa ida y vuelta de conceptos me parece reveladora y al final siempre se suele llegar a un resultado en el que ambos nos sentimos satisfechos. Y si no, no es un ataque personal. C’est la vie.
 
Ó. A.: ¿Disfrutó de la Carmen acuática de Bregenz?
G. A.: ¡Mucho! Para empezar, porque el entorno es muy bello. Ensayábamos sobre el lago al aire libre, algo muy sensitivo, muy sensual, algo que le va de maravilla a la voluptuosidad de Carmen. Sentir el calor o el frío en la piel cuando llovía u oír el continuo fluir del agua de fondo era impresionante. Todos estos elementos, extraordinariamente vitales, me nutren. Y es también liberador, porque no estamos en el entorno de un teatro. Hay micrófonos, pero la orquesta no está delante sino detrás, y no vemos al director, por lo que estamos obligados a seguir nuestro instinto. El equipo era muy solidario cuando las cuestiones climáticas no acompañaban (¡cantábamos con 12 grados!). Tan encantada quedé que volveré el verano próximo.
 
Ó. A.: Hay que acostumbrarse a manejar otros códigos y otros riesgos.
G. A.: Me parece que los cantantes de ópera están habituados a un determinada comodidad, y eso es peligroso: hay que salir de la zona de confort. En Bregenz no se hace ópera al uso, es un espectáculo para toda la familia, que incluye a los niños. Me parece tan importante mostrar a los niños algo bello y mágico hoy día... Y es algo que no pueden ver en la TV, algo inusual y asombroso.
 
Ó. A.: Qué distinto y distante de la Carmen de Bieito...
G. A.: No tanto. Es distinto, pero, aunque sean dos producciones con perspectivas divergentes, el personaje de Carmen tiene un sustrato común que se mantiene. Es como si se mostrara otra proyección de Carmen, aunque dentro de mí siento una especie de unión, un nexo común. Soy consciente de las diferencias entre las dos: aquí hay mucha más violencia, más baile, y también una sensualidad más explícita. Pero estoy absolutamente feliz de entrar en el universo de Calixto Bieito, me adapto muy bien a su dimensión creativa y el reparto era estupendo.
 
Ó. A.: En la temporada de Cinesa se va a ver la Carmen de Bregenz. ¿Qué opina de la ópera en el cine?
G. A.: Siempre que hay cámaras en una función hay una presión añadida, pero precisamente lo que encuentro interesante de la ópera en el cine es que observamos mejor la expresión del rostro, la parte actoral llega mucho mejor con primeros planos. El cine naturaliza todo porque se captan detalles esenciales como miradas o el movimiento corporal. Además, me parece una iniciativa casi necesaria para toda esa gente que le tiene miedo a ir a la ópera por considerarla elitista o académica o lo que sea. Todos esos códigos superfluos en el cine se obvian y el disfrute es más cercano. Me da la sensación de que muchos quedan cautivados en el cine y acaban sentados en un teatro de ópera.
 
Ó. A.: ¿Nerviosa con el lanzamiento de su primer disco en solitario?
G. A.: ¡Sí! Sale ahora en noviembre, con Deutsche Grammophon, y es como una elaborada tarjeta de visita. He reflexionado mucho sobre el repertorio con el que quería presentarme, y las arias francesas, entre Gluck y Berlioz, me parece que me definen a la perfección. Mi identidad, mi idioma, están muy presentes. No se puede pedir más.
 
 
 
 
 
 
 
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