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Un boceto informático de la escena del balcón de Juliette, en el segundo acto de la ópera de Gounod/ China NCPA / Stefano PODA
 
El coliseo pekinés estrena una nueva producción de Stefano Poda. El China NCPA estrena este mes Roméo et Juliette de Gounod, título que llega en una nueva producción de coliseo pekinés firmado por Stefano Poda, responsable de la dirección de escena, escenografía, vestuario, iluminación y coreografía. Un artista total para uno de los títulos fundamentales del repertorio francés.
 
Pablo MELÉNDEZ-HADDAD
ÓPERA ACTUAL 215
(JULIO-AGOSTO 2018)
 
En algo más de una década, el China National Centre for the Performing Arts de Pekín (NCPA) ha ido formando un repertorio propio con más de 80 títulos entre ópera occidental y china, la gran mayoría de ellas presentadas en nuevas producciones propias o en coproducciones, lo que convierte a este gigante asiático en uno de los centros productores más activos del mercado. Con colaboraciones estables con teatros de todo el mundo –desde el Mariinsky de San Petersburgo a la Ópera de Viena o el Metropolitan de Nueva York–, en mayo y junio se unió a esa larga lista la Royal Opera de Londres y Opera Australia, con la que ha coproducido Die Meistersinger von Nurnberg; el primer Wagner que se vio en Pekín fue un Lohengrin (2012) de producción propia, seguido de El Holandés errante (2012), Tannhäuser (2016) y Tristan und Isolde (2017), esta última coproducida con el Festival de Baden-Baden, la Ópera de Polonia y el Met. En la ampliación constante de su repertorio, el NCPA mira ahora a Francia y añade este mes Roméo et Juliette de Gounod, con Patrick Fournillier en el podio y defendido por un doble reparto encabezado por las sopranos Melissa Petit y Mihaela Marcu como Juliette y los tenores Francesco Demuro y Yongzhao Yu como Roméo, con un reparto en el que destacan sobre todo voces chinas (ver despiece en páginas siguientes), todos en un nuevo montaje dirigido escénicamente por el regista italiano Stefano Poda (Trento, 1966), responsable además de la escenografía, los diseños de vestuario e iluminación y hasta de la coreografía.
Poda, muy vinculado con España en los comienzos de su carrera y que debutó en el Teatro Nacional de São Carlos de Lisboa con Nabucco (1994), se presenta en Pekín asumiendo por vez primera la historia de los amantes de Verona. Es de los pocos directores de escena que, al visualizar el espectáculo operístico al completo, integra coherentemente todos sus elementos.
 
 
El China NCPA de Pekín presentará este mes de julio Roméo et Juliette en una nueva producción del regista italiano Stefano Poda.
 
 
Es su manera de entender el oficio, según afirma a ÓPERA ACTUAL: “Siempre ha sido así. Incluso cuando era un niño y dibujaba y me imaginaba una Zauberflöte. Me parece inconcebible cerrar los ojos, escuchar música, ver un mundo paralelo materializarse y luego pedirle a otros realizarlo. ¿Cómo podría pedir reproducir lo que siento y veo? ¿Cómo podría pedirle a otra persona diseñar el espacio para que mis personajes se muevan, que encuentre el corte del vestuario ideal para vestir esos sueños, coreografiar los movimientos o motivar a los intérpretes a partir de la dramaturgia? Lo veo imposible”. Y profundiza; asumir todos los aspectos de una producción, “racionalmente puede considerarse una necesidad en la búsqueda de unidad y coherencia. Pero en el escenario no me mueve el pensamiento racional hacia la dirección de escena o el diseño, sino el instinto hacia un mundo paralelo que hay que rescatar del más allá. En el escenario, todo tiene que ver con todo: por eso me he pasado toda la vida investigando en la danza, la expresión, su relación con la imagen, la escultura, el corte del vestuario, la luz. Todo ello para elaborar un código plástico capaz de dar cuerpo a una dramaturgia de música y acción. La unión de todas las disciplinas es una necesidad espontánea de mi manera de concebir y vivir la ópera. Este género debería ser, por definición, un dinámico taller de arte total, una fiesta de libertad espiritual, una explosión multidisciplinar. He trabajado en los países más diversos enfrentándome a muchos títulos. De esta forma pude aprender y desarrollar una técnica sólida y autónoma para cada área. Lo que un artista descubre con investigación y experiencia es un método, una síntesis y, por lo tanto, un código propio, un discurso. Mi deseo es siempre el mismo: lograr infundir a algo real el encanto de algo soñado. Este es, precisamente, el desafío y la aspiración, conseguir la sorpresa de la inmensidad de la música y recrear mundos que me permitan desvincularme de las cadenas de la vida cotidiana”.
 
ÓPERA ACTUAL: ¿Cómo es posible enfrentarse, de manera original, a una historia tan conocida como la de Romeo y Julieta?
Stefano PODA: No veo necesario enfrentarme de manera obligadamente original a una historia que forma parte de un mito. El mito es mito y con eso ya es suficiente. Simplemente aplico a Roméo et Juliette mi proceso de recreación. Y no me va a importar encontrar y mostrar la relación con la actualidad de una historia que siempre se repetirá, en todas las épocas y en todas las latitudes.
Ó. A.: ¿Qué otras obras líricas inspiradas en Shakespeare ha dirigido a lo largo de su carrera?
S. P.: He puesto en escena Macbeth, Falstaff varias veces, y Otello, recientemente en Budapest.
 
Ó. A.: ¿Hay alguna inspiración determinada para el montaje que estrenará en el NCPA? ¿Qué verá el público pekinés?
S. P.: Hoy estamos embriagados de realismo, quizás debido a un progreso tecnológico abrumador que nos hace accesibles a todo de manera fácil, alcanzable y, por lo tanto, inútil. Y así, la primera preocupación de quien tiene que poner en escena una ópera parece ser la de reafirmar su “actualidad” en el contexto de un storyboard. Al contrario, lo que más me motiva es recrear imágenes en las que el espectador no solo reconozca una historia actualizada como las que se ven en televisión, sino muchos otros símbolos y estímulos para vivir a través de la música la historia de su propia vida. Mi sueño es lograr, incluso por un solo instante, que el espectador pueda recobrar su proprio universo interior. En lugar de qué representar deberíamos detenernos en cómo transmitir el secreto de la emoción: lo que puedo sugerirle al público es redescubrir la fuerza de la unión de música, imágenes y sentimiento más que la polivalencia de la narración, como sucede con el cine. La ópera puede brindarnos la magia del misterio de la narración sin las necesidades de la descripción concreta. En la opera se canta: nos lleva más allá. “La música habla de todo sin nombrar nada”.
 
Boceto del personaje de Juliette visto por los ojos de Stefano Poda, ante el diseño escenográfico concebido para la obra de Gounod que podrá verse en Pekín
 
Ó. A.: Con esto de la globalización y de las coproducciones entre teatros de distintos continentes, ¿cree que es lo mismo dirigir una ópera en Tokio, Madrid, Nápoles, São Paulo o Moscú? ¿Es la misma mirada o hay que adaptarse a la del público local?
S. P.: Esta es una buena pregunta y un gran tema que me solía afligir, porque siempre me he enfrentado a un público muy diverso y heterogéneo, desde el de Sudamérica hasta el de Corea, pasando por Francia o Alemania. Sin duda este aspecto hay que tenerlo en cuenta, porque el verdadero fin de nuestro trabajo es y sigue siendo el espectador, el público. También es cierto que hoy, con la globalización, todo se ha simplificado. Por otro lado sería demasiado arduo modificar una forma de lenguaje según las diferentes necesidades y sensibilidades. Tal vez ni siquiera sería honesto, ya que uno se pasa una vida entera refinando un estilo y una técnica personal para después aportar modificaciones tan improvisadas como arriesgadas o pocos creíbles. Por lo tanto, siempre trato de usar el buen sentido y salvaguardar con coherencia lo que son los pilares tanto de mi inspiración como de mi lenguaje. Por suerte, el mío es privilegiado en este sentido, porque es un lenguaje abstracto: abordando sentimientos ancestrales me resulta más fácil dirigirme a un público universal y mantener intacta la forma de expresión. Sin embargo he notado que las reacciones del público y de los críticos de cualquier latitud son siempre extremas y muy similares. Extremas en el entusiasmo y en la resistencia. Siempre hay el mismo tipo de reacción.
A fin de cuentas, la humanidad es la misma, pero hay más personas que tipos de personalidad. El público de la ópera es, en general, un público eminentemente musical, no siempre visual, no necesariamente frecuentador de las restantes artes. Existen individuos dotados de inteligencia con propensión auditiva y otros con propensión visual. No todos asocian ambas propensiones o la desarrollan contemporáneamente. En la mayoría de los casos prevalece la falta de autonomía de juicio y por consecuencia el alineamiento a las corrientes de pensamiento convencional, tradicional o moderno. Mi caso escapa a cualquier corriente y clasificación. La audiencia más estimulante es ciertamente la más joven, que es la más exigente, pero también la menos estereotipada. En conclusión, no haría una gran diferencia entre las dimensiones culturales en el sentido étnico, sino más bien entre las dimensiones espirituales, en el sentido humanístico Al dirigir y diseñar, ¿qué se plantea primero?
 
S. P.: No sé si primero es el huevo o la gallina. Se trata de un gesto simultáneo. No es que venga primero lo visual o lo conceptual o el movimiento. Primero viene la emoción, mucho antes que la historia. Sobre todo vale un principio: no hago distinción entre dimensión espiritual y visual; es una intuición que crece y se desarrolla. En su origen de energía arquetípica una idea no tiene cuerpo ni forma, pero la genera, la desarrolla y esta toma vida en un todo orgánico. Es obvio que mi trabajo vive en una dimensión que es artesanal, generalmente fuera de los teatros de repertorio. De cualquier manera, para responder a su pregunta, le diré que en mi proceso todo comienza por la música. El resto es Ausstrahlung [carisma]. La ópera es un género en sí, no es cine ni teatro. Todo nace de una emoción musical, de la que surge una idea y de la idea, tal vez, un concepto. Ni es solo una cuestión conceptual ni solo estética. Mi tarea consiste en darle cuerpo a la música. No quisiera entrar en controversia ni con la tradición (caducada), ni con el Regietheater ni con las puestas en escena ahora de moda que constituyen una “tradición en el revés”. La ópera no es un género hablado, sino cantado, por lo tanto lleva a un mundo espiritual contrario al real, un mundo que de ninguna manera puede ni debe ser concreto. Mi determinación instintiva se mueve contra la tautología y contra la representación narrativa forzada. También creo que en este momento confuso y deshumanizado que vivimos el teatro y la ópera deberían ofrecer un refugio humanístico. ¿Por qué ir al teatro y encontrar el mismo lenguaje del cine o de la televisión? La ópera debe ofrecer al espectador la oportunidad de un descubrimiento, de un encuentro consigo mismo, algo que la vida cotidiana no permite, obligando a una homologación del gusto y del pensamiento. Lo que más me interesa es ofrecer un instrumento óptico para que, en una estructura suficientemente despojada, el espectador pueda realizar su propio proceso reflexivo e incluso creativo.
 
Ó. A.: ¿Cómo completa ese proceso con los cantantes, la danza o los coros?
S. P.: Es el desafío más interesante y difícil. Hoy los cantantes están acostumbrados a cantar en situaciones adversas, actuar con detalle o hasta desnudarse, más que a “mirarse dentro”, más que a sentir (no escuchar) y creer en la música. Lo que importa es el aura, la mirada, la sorpresa, “aprender a des-aprender”, descubrir la conexión entre texto y música. Mi reto es que ninguno de los cantantes con los que trabajo “actúe” porque la magia se da cuando “se hace y sucede de verdad”.
 
 Este será el Roméo que verá el público del China NCPA en la nueva producción de la obra de Gounod que lleva la obra a Pekín entre el 18 y el 22 de julio. El mes comenzará en el coliseo asiático con la reposición de la ópera china Long March de Qing Yin. En agosto se anuncian Jinsha River de Lei Lei, Fang Zhimin de Weidong Meng y La Sonnambula de Bellini
 
La luz lo es todo
Mirando a su trayectoria, Stefano Poda recuerda que primero que nada aprendió “a manejar el espacio escénico –que nunca ha sido decoración o escenografía, sino la contaminación de ideas de arquitectura con ideas de instalación contemporánea–, y después a iluminarlo. La luz lo es todo, porque puede seguir las curvas de la música y penetrar en los paisajes ocultos del sentimiento revelando su aura. Solo la luz se corresponde adecuadamente con la música porque la música, como la luz, es espíritu y no necesita cuerpo. Aprendí mucho estudiando a Caravaggio y a artistas holandeses. Otro paso importante en mi trayectoria fue que el vestuario que no fuese vestuario, sino la emanación del espíritu de los personajes, esculturas o instalaciones intervenidas. Por eso a menudo mis diseños son prendas pesadas, oblongas, difíciles y desgastadas, como antiguas vestiduras sagradas de telas reconstituidas y reteñidas, superpuestas y plisadas, con incrustaciones corroídas, rehenes de un pasado atávico que cargan todas las formas de civilización en su interior y al mismo tiempo se hacen contemporáneas. De estas larvas nunca nos liberaremos completamente excepto cuando alcanzamos un estado de pureza o catarsis final y aparece el cuerpo purificado, liberado, incluso privado de cualquier sensualidad. Otra etapa fundamental fue mi trabajo con la danza o, mejor dicho, con la no-danza: la necesidad de buscar un código más puro para el movimiento y la coreografía, una necesidad fisiológica de relación entre sentimiento profundo y su manifestación. La única verdad es la que llevamos en lo profundo y la recobramos en el sueño, en la regresión psicológica, en el subconsciente. La música funciona a la manera del sueño: libera de las ataduras del cuerpo y nos deja percibir un más allá (“jenseits”). Entonces es algo así como una regresión.
 
 Melissa Petit y Francesco Demuro, protagonistas del Roméo et Juliette que, en una nueva producción de Stefano Poda, dirigirá en el China NCPA el especialista en repertorio francés Patrick Fournillier
 
China NCPA
Roméo et Juliette
18, 19, 20, 21, 22/VII
Juliette: Melissa Petit / Mihaela Marcu.
Roméo: Francesco Demuro / Yongzhao Yu.
F. Laurent: Burak Bilgili / Wenwei Zhang. Mercutio: Alessandro Luongo / Yang Zhang. Benvolio: Jianchao Guo. Stéphano: Jurgita Adamonyte / Yuan Zhang. Capulet: Luca Grassi / Jie Mei. Gertrude: Nina Duan. Tybalt: Lu Yuan / Xin Wang. Pâris: Yanming Huang. Duc de Verone: Meng Wang. Gregorio: Denghui Zhao.
China NCPA Orchestra and Chorus.
Dirección: Patrick Fournillier.
Dirección de escena: Stefano Poda.
 
Con un repertorio en el que la creación francesa tiene especial protagonismo, el maestro galo Patrick Fournillier estará al mando de este estreno de Gounod en el NCPA capitaneando un reparto encabezado por la soprano francesa Melissa Petit y por el tenor italiano Francesco Demuro. Entre otras obras del repertorio francés, Fournillier ha dirigido títulos como Dialogues des carmélites, Thaïs, Faust, Lakmé, Le roi de Lahore, Carmen, Manon, Les mamelles de Tirésias, Werther, Les contes d’Hoffmann, Sapho, Les pêcheurs de perles, Ariane et Barbe-bleue, Samson et Dalila, Iphigénie en Tauride, La damnation de Faust, Louise, Hamlet, La Voix humaine, L’étoile (Chabrier) o Pelléas et Mélisande. Melissa Petit debutó en 2010 como Gianetta de L’elisir d’amore y ha formado parte de los Opera Studio de Hamburgo y Zúrich, ganando popularidad al participar en el reality lírico Popstar to Operastar, de Rolando Villazón. Ha triunfado en diversos concursos de canto y en su repertorio figuran Micaëla (que debutó el pasado verano en Bregenz), Sophie (Werther), Servilia (La clemenza di Tito) o Marzelline (Fidelio). Su Juliette de Pekín será la primera de su carrera. El tenor Francesco Demuro, por su parte, posee una carrera más dilatada, ya que este curso celebra una década sobre los escenarios desde su debut en 2007 como Rodolfo de Luisa Miller en Módena. Con un repertorio que se mueve entre el tenor lírico y el lírico-ligero y que tiene en Alfredo de La Traviata su principal valor, Demuro cantó su primer Roméo en 2013, en la Arena de Verona, habiéndolo interpretado también en Corea. En el último año, además, ha incorporado los papeles protagonistas de otros dos títulos franceses, Faust y Les pêcheurs de perles.
 
 
 
 
 
 
 
 
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