NOCHES DE ESTRENO

 
Gran Teatre del Liceu
www.liceubarcelona.cat
L’ELISIR D’AMORE
7, 9, 12, 14, 16, 18, 22, 24, 26, 28/I
Adina: Jessica Pratt. Nemorino: Pavol Breslik.
Belcore: Paolo Bordogna. Dulcamara: Roberto de Candia.
Giannetta: Mercedes Gancedo.
Orquestra Simfònica y Cor del Gran Teatre del Liceu
(Directora del Coro: Conxita García).
Dirección: Ramón Tebar.
Dirección de escena: Mario Gas.
 
EL barítono italiano regresa a España, esta vez para interpretar a Belcore en L’elisir d’amore en el Liceu barcelonés, título que en Madrid y valencia ha defendido como Dulcamara. Hace ya casi una década que este reconocido intérprete inició su especialización en roles del repertorio bufo, un camino en el que se ha impuesto como uno de los mejores. 
 
 
En 2017, afirma Paolo Bordogna, “pude celebrar veinte años de carrera. En mi primera etapa me dediqué a papeles de barítono brillante. He seguido la evolución de mi voz tanto en lo que se refiere al color como a la extensión. Ernesto Palacio, que fue mi agente durante años, también fue mi consejero en la elección del repertorio y me sugirió que me especializara en el repertorio bufo por mi predisposición escénica manteniendo la elegancia y la agilidad en el aspecto vocal”.
 
– ¿Qué le ha significado esta especialización?
– Bueno, por este motivo el 3 de diciembre me otorgaron el premio Tiberini d’oro, y aunque es agradable ver reconocida la personalidad artística, lo más importante es hacer mi trabajo de la mejor manera para preservar la salud vocal y para complacer al público. Desde que he empezado a llevar mis personajes bufos por todo el mundo se ha acentuado en mí el sentido de la responsabilidad de transmitir la tradición de los cantantes italianos en este repertorio.
 
– ¿Ha cumplido sus objetivos?
Me trazo continuamente objetivos y cada vez que incorporo un papel lo hago como si fuese un descubrimiento, porque soy curioso por naturaleza. No me he fosilizado nunca en una única manera de interpretar un personaje. A veces he recibido proposiciones para abordar un repertorio más lírico, pero he preferido rechazarlas para mantenerme fiel a mi vocación de bufo y no confundir al público o a las direcciones artísticas. Así ha ocurrido cuando me han ofrecido cantar Lucia o Traviata; un artista serio debe saber negarse cuando un rol no le conviene, aunque pueda haber quien se sienta ofendido o no comprenda las razones. Prefiero sentirme orgulloso de lo que hago a llenar mi calendario de papeles diversos. Aun así, mi repertorio supera los 50 roles.
 
- Quiénes son sus referentes? ¿Enzo Dara?
En parte de mi repertorio Enzo Dara fue un artista grandísimo, con quien tuve la suerte de colaborar cuando se dedicaba a la dirección de escena, pero él no ha sido nunca una referencia para mí porque soy vocalmente muy distinto. Mi auténtico punto de referencia es la partitura. Además de a mi maestro, Roberto Coviello –que vivió en primera persona la Rossini renaissance–, tengo que dar las gracias a la grabadora y a mi severa autocrítica. He intentado siempre reforzar mi propia personalidad sin imitar a nadie.
 
- En 2015 presentó el disco Tutto buffo (Decca). ¿Tiene planes para volver a grabar?
Tutto Buffo fue una experiencia maravillosa, un Cd que me permitió darme a conocer. Fue la primera vez que Decca dedicaba un álbum a un bufo, en un recorrido que comprendía tres siglos con los grandes títulos de la ópera bufa. Tengo varios proyectos en los que estamos trabajando, pero tendrá que ser algo especial para igualar por lo menos la originalidad y el contenido del Tutto buffo.
 
– ¿Es más fácil hacer tragedia que comedia?
Alberto Sordi decía: “Uno se puede convertir en un gran actor, pero cómico se nace”. Tenía razón. Desde un punto de vista técnico los papeles cómicos resultan más complicados por las exigencias físicas de la escenificación y por el equilibrio de los tempi cuando se evita caer en lo grotesco. Es preciso tener un gran sentido de la medida. Con papeles serios he tenido que trabajar por sustracción y eso representa un proceso estimulante. Busco el perfil más humano y emotivo, incluso en los roles más divertidos. A veces se trata solo de un subtexto, pero al público le llega una interpretación convincente.
 
- En 2013 en el Real de Madrid y en 2016 en el Palau de Les Arts de Valencia cantó Dulcamara. Ahora será Belcore. ¿En cual de los dos se encuentra más cómodo?
Hace 20 años de mi primer Belcore, y la última vez que lo canté fue en junio en Londres. Ahora me resulta mucho más fácil que antes. Me ocurre a menudo tener que cantar dos papeles distintos de la misma obra, pero lo más extraño es que, dependiendo del rol, parece que la obra cambie totalmente. Es como si viviese la dramaturgia de la obra desde el punto de vista del personaje. Así no me aburro nunca.
 
– ¿Cómo trabaja sus personajes con los directores de escena?
Llego a los ensayos conociendo todos los aspectos de mi papel, con una idea concreta de cómo interpretarlo, pero también abierto a la visión del regista. Soy un intérprete y hago compatible la impostación escénica con mi capacidad como actor. Esto es muy interesante y me lleva a superar determinados límites, un reto que me propociona grandes satisfacciones cuando trabajo con grandes directores de escena, y así me ha ocurrido con Ronconi, Sagi, McVicar, Loy, Pizzi, Michieletto o Vick.
 
– En su agenda destacan sobre todos dos nombres: Rossini y Donizetti.
Tanto Rossini como Donizetti obligan a emplear la voz en toda su extensión y con un gran virtuosismo. Donizetti supone una visión más terrenal y sencilla; Rossini es más etéreo y despreocupado. Añadiría Mozart a ambos autores, pues lo estoy cantando mucho últimamente, especialmente en los personajes de la trilogía dapontiana, Don Alfonso, Figaro y Leporello. 
 
 
 
 
 
 
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