NOCHES DE ESTRENO

Una escena de la producción de Tristan und Isolde que podrá verse este mes en la temporada liceísta / Opéra de Lyon / Stofleth
 
El director de escena Álex Ollé vuelve a partir del 28 de noviembre al Gran Teatre del Liceu de Barcelona para presentar su versión de Tristan und Isolde, una producción de 2011 de la Opéra de Lyon que supuso el debut wagneriano del fundador de la Fura Dels Baus, quien confiesa que le costó entrar en el universo contemplativo de la obra, ajeno a su estilo. 
 
Lourdes Morgades
ÓPERA ACTUAL 207
(NOVIEMBRE 2017)
 
Gran Teatre del Liceu
TRISTAN UND ISOLDE
28/XI - 2, 4, 7, 10, 12, 15/XII
Stefan Vinke, Albert Dohmen, Iréne Theorin, Greer Grimsley, Francisco Vas, Sarah Connolly, Jorge Rodríguez Norton.
Orquestra Simfònica y Cor del Gran Teatre del Liceu
(Directora del Coro: Conxita García).
Dirección: Josep Pons.
Dirección de escena: Àlex Ollé (La Fura dels Baus).
 
 Àlex Ollé / Joan TOMÀS
 
 
Tristan und Isolde fue mi primer Wagner y la primera producción que dirigí en la Opéra de Lyon, en 2011, uno de los teatros líricos en los que más trabajo actualmente. Serge Dorny, su director, buscaba quién podía dirigir una nueva producción de Tristan und Isolde después de que se rompiera el acuerdo con quienes debían hacerlo y Gerard Mortier me recomendó. La propuesta me llegó con poco tiempo, apenas un año antes del estreno del montaje. 
 
Esta es una ópera que roza el misticismo. Tras la historia de amor encontramos el viaje interior de sus protagonistas. Es una obra psicológica, mental, y con Alfons Flores, mi escenógrafo, buscamos un espacio simbólico para representarla; un espacio que ayudara al espectador a construirse su propio universo. En Tristan und Isolde lo esencial es la música, que más allá de lo que dicen las palabras transmite muy bien los estados emocionales de los protagonistas y te atrapa. Wagner decía que jamás disfrutó de un amor tan intenso como el de Tristán e Isolda y que componía la ópera como un monumento a este sentimiento. El universo que creamos en el montaje juega a favor para introducir al público en un mundo evocador de la naturaleza. 
 
Inicialmente me costó entrar en Wagner, porque no tenía nada que ver con lo que había hecho hasta el momento. Tristan und Isolde es una ópera extremadamente dilatada. ¡El dúo del segundo acto dura 40 minutos! Ello te obligar a dilatar la escena y a entrar en una especie de meditación y dejarte llevar. Finalmente conseguí sentirme a gusto, aunque era un poco como ir contra mi propio estilo y entrar en un universo contemplativo. 
 
La solución escénica del primer acto es muy interesante a nivel de espacio, con una plataforma que representa el barco en continuo movimiento durante todo el acto. El movimiento del viaje de Isolda hacia el futuro para casarse con el rey Marke. Un viaje hacia delante que contrasta con todo lo que dice, que habla del pasado. Y aquí aparece el filtro mágico, que en definitiva no es más que la aniquilación de la voluntad individual en ese amor loco en el que desconectas de los otros y te conectas únicamente a la otra persona. 
 
Un elemento escénico característico del montaje es una esfera, que en el primer acto es la luna, en el segundo simboliza el castillo del rey Marke, un espacio de aislamiento para los amantes, y en el tercero un peso sobre el ya moribundo Tristan que solo vive para volver a ver a Isolde. Lo que antes era castillo se convierte entonces en una losa. 
 
Pese a que tuvimos muy poco tiempo para trabajar en el proyecto, la propuesta escénica de Tristan und Isolde sigue siendo absolutamente válida. La producción no se ha repuesto en los seis años que han pasado desde su estreno hasta hoy y ahora, con motivo de su presentación en el Gran Teatre del Liceu, he querido retocar una cosa, el vestuario de Josep Abril. Tras el estreno en la Opéra de Lyon nos dimos cuenta de que el contraste entre escenografía y vestuario era muy grande. La producción fue bien, obtuvo muy buenas críticas, pero con el figurinista acordamos que cuando la producción se repusiera trabajaríamos el vestuario para impregnarlo del espacio, del cemento. Faltaba que escenografía y vestuario se integren. Un caso era muy simbólico y en el otro demasiado concreto. Los montajes siempre están abiertos, aunque raramente cambio demasiadas cosas cada vez que hago una reposición, solo pequeños detalles. Las producciones son materia viva. 
 
Después de Tristan und Isolde mi siguiente Wagner fue El holandés errante, que me cogió ya más maduro, el 2014, también en la Opéra de Lyon. No tengo ninguna otra propuesta para dirigir una ópera de Wagner y si me la hicieran debería pensarlo. Me encuentro más a gusto con Puccini, porque hay una gran teatralidad en sus obras en la que puedes dejar huella sin tener que variar mucho. Lo último que hice de Puccini es La Bohème y me costó un poco al principio. Él decía que era la ópera de las pequeñas cosas, pero realmente te das cuenta de que refleja una transición entre la adolescencia, la juventud y la madurez a partir de la muerte de alguien. La dirigí en Turín en octubre de 2016 y este pasado verano pudo verse en el Festival de Edimburgo. 
 
El año próximo va a ser un año tranquilo, principalmente de reposiciones. Aunque tengo algunos nuevos montajes: La historia del soldado de Stravinsky, una coproducción entre Lyon, Lausanne y Montpeiller, y ya en la próxima temporada, Mefistofele de Boito que se estrenará en Lyon en coproducción con las óperas de Stuttgart y Roma. Y en febrero de 2019, Fankenstein de Mark Grey en La Monnaie de Bruselas, un estreno absoluto que quedó pendiente por las obras de reforma del coliseo lírico belga.  

 

 
 
 
 
 
 
Contáctanos
 
Dir:C/ Loreto 13-15, Esc. B. entlo 1ª, 08029,- BARCELONA
 
Tel: (+ 34) 93 319 13 00