NOCHES DE ESTRENO

Una escena de la producción de I masnadieri que podrá verse este mes en la temporada de ABAO-OLBE 
 
Temporada ABAO-OLBE
I MASNADIERI
21, 24, 27, 30/V (Palacio Euskalduna)
Vincenzo Costanzo, Carmen Giannattasio, Vladimir Stoyanov, Mika Kares, Juan Antonio Sanabria, Petros Magoulas, Alberto Nuñez. Bilbao Orkestra Sinfonikoa. Coro de Ópera de Bilbao (Dirección: Boris Dujin). Dirección: Miguel Ángel Gómez Martínez. Dirección de escena: Leo Muscato.
 
 
La ABAO-OLBE continúa revisando la totalidad de las óperas de Verdi. este mes inaugura su temporada con uno de los títulos verdianos menos difundidos, I masnadieri, para el que contará con un sólido reparto encabezado por Vincenzo Costanzo, Carmen Giannattasio y Vladimir Stoyanov, con Miguel Ángel Gómez Martínez en el podio y en una producción del Teatro Regio de Parma que firma Leo Muscato.
 
Roger ALIER
 
El estreno de I masnadieri en la temporada bilbaína será todo un acontecimiento, ya que se trata de devolver a la vida una de las óperas de Giuseppe Verdi me­­nos difundidas. Enmarcada en el Tutto Verdi de ABAO-OLBE, proyecto galardonado con el Premio ÓPERA ACTUAL 2010, I masnadieri (Los bandidos) podrá verse en cuatro funciones, los días 21, 24, 27 y 30 de octubre, contando con la Bilbao Orkes­tra Sinfonikoa en el foso y con el Coro de Ópera de Bilbao que dirige Boris Dujin.
 
Después de que el compositor italiano hubiera conseguido estrenar, en 1845, Ernani en Londres, el empresario Benjamin Lumley decidió que había que capitalizar el éxito de esa primera ópera verdiana presentada en la capital británica, encargándole una ópera nueva para la temporada de 1846. Sin embargo, en esos años, la salud de Verdi dejaba bastante que desear y los buenos deseos del empresario tuvieron que aplazarse durante un año: I masnadieri no se estrenaría hasta 1847. La pasión por la ópera italiana que se vivía en Londres se había mitigado un poco, pero la presencia de un compositor de la talla de Verdi no dejó de ser un evento que dio óptimos resultados a la iniciativa de Lumley. 
 
En esa época la famosa soprano sueca Jenny Lind estaba contratada en el teatro de Lumley. A pesar de que Verdi estaba acostumbrado a escribir para sopranos de mayor envergadura vocal, en esta ocasión tuvo que adaptar su escritura, ya que el “ruiseñor sueco” estaba muy lejos del tipo de soprano verdiana que el compositor acabaría desarrollando durante prácticamente toda su carrera. La Gilda de Rigoletto es una de las pocas excepciones, aparte del papel que escribiría para Jenny Lind en I masnadieri.
 
 
La estancia de Verdi en Londres se prolongó varios meses; en la correspondencia del único discípulo de Verdi, Emanuele Muzio (que estuvo residiendo en Londres con él y participó en los ensayos), se explica que el compositor era objeto de constantes visitas de gente importante, diplomáticos y admiradores mientras trabajaba en su nueva ópera; el 29 de junio todavía no había acabado la composición y faltaba todavía orquestarla. Sin embargo, con un buen empujón al trabajo, Verdi consiguió entregar su labor a tiempo para el estreno en el mes de julio.
En el equipo vocal, además de Jenny Lind, figuraban el tenor Italo Gardoni, de buena presencia escénica y calidad vocal suficiente, y en el papel del viejo Massimiliano, uno de los grandes bajos históricos de estos años, Luigi Lablache. El papel del barítono Francesco fue confiado a Filippo Coletti, cuyo historial no se había beneficiado mucho de haber participado en la flojísima Alzira de dos años antes.
 
El poeta y aristócrata Andrea Maffei, amigo de Verdi, estaba buscando temas que tuviesen una calidad literaria mejor que los guisos teatrales de Temistocle Solera, cuya principal obsesión era despertar el patriotismo dormido de la Lombardía, o las anquilosadas propuestas de Salvatore Cammarano. Fue gracias a Maffei que Verdi pudo, más tarde, poner música a un argumento de Shakespeare (Macbeth) y a él también se debió la entrada en el campo verdiano del dramaturgo alemán Friedrich von Schiller, al que Verdi recurriría en más de una ocasión y cuyo drama Die Räuber sería la base de I masnadieri.
 
El argumento de Schiller daba pie a una destacada vinculación de la protagonista, Amalia (el papel que cantaría la Lind), con su suegro, el anciano Massimiliano, maltratado y casi asesinado por su hijo Francesco, que aprovecha la vida de bandolero de su hermano Carlo para desposeerlo de sus bienes e incluso para tratar de agenciarse a su propia esposa. Como es sabido, Verdi tuvo siempre una especial debilidad por expresar musicalmente las relaciones paterno-filiales (padre-hija y madre-hijo, sobre todo), pero en esta ocasión, debido a las características del argumento, ofrece una variante sobre este tema: la relación suegro-nuera. 
 
Por otro lado, en la época del estreno –el primer Romanticismo–, estaban tremendamente de moda los temas teatrales sobre bandidos y otros marginados sociales (piratas, corsarios, gitanos, etc.): no hay que olvidar la primera escena de Ernani, cuyo protagonista es un rebelde contra la incierta autoridad de Carlos I de España que se afianza al ser nombrado emperador en el famoso concertante final del tercer acto. La nueva ópera de Verdi tenía un precedente poco relevante: I briganti que Mercadante había estrenado diez años antes en París.
 
El paso de I masnadieri por los escenarios operísticos europeos fue primero más o menos regular: se estrenó en Roma, Florencia, Venecia y Milán con pocos meses de diferencia, y luego en Barcelona (Teatro de la Santa Cruz, 1848) y Madrid (1849). Pero después de unos años –llegó a Nueva York en 1860– este título empezó a ser toda una rareza y en el siglo XX prácticamente dejó de existir. El renacer del bel canto en las décadas de 1960 y 1970 propició su reaparición. Ninguna ópera puede darse por muerta, porque cualquier día puede reaparecer en el repertorio tal y como I masnadieri reaparecerá en la inauguración de la temporada 2017-18 de ABAO-OLBE, a la que llega por primera vez en la dilatada historia de la Asociación. 
 
 
 
 
 
 
 
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