NOCHES DE ESTRENO

Teatro Real
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BOMARZO
24, 28/IV - 2, 5, 7/V
Nicola Beller Carbone, John Daszak, James Creswell, Hilary Summers, Germán Olvera, Da--mián del Castillo, Albert Casals, Thomas Olie--mans, Milijana Nikolic, Francis Tójar.
Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real.
(Coro Intermezzo –dirigido por Andrés Máspero– y Orquesta Sinfónica de Madrid).
Dirección: David Afkham.
Dirección de escena: Pierre Audi
 
 
El Teatro Real, en su empeño durante los últimos tiempos por desterrar algunas dolorosas ausencias en el repertorio que programa, sube a su escenario una de las creaciones más trascendentes del siglo XX latinoamericano: Bomarzo, de Alberto Ginastera, ópera basada en la novela homónima de Manuel Mujica Láinez, quien también se encargó de adaptar su texto al libreto.
 
Mario MUÑOZ
 
Con estas palabras se desenmascara el duque Pier Frances-co Orsini, el novelado protagonista de Bomarzo: “Si quieres saber de mi, te lo dirán unas piedras [...] Cada una de esas rocas tiene un corazón de nieblas”. Alberto Ginastera tomó como inspiración el texto del escritor argentino Mujica Láinez para cumplir con el encargo que le había hecho la Opera Society de Washington. Ginastera compuso en un primer momento la Cantata Bomarzo, en 1964, basándose en tres prosas y cantos del novelista sobre el personaje. Años después confesaría que Pier Francesco “no me dejaba tranquilo, me seguía asediando, aparentemente no había agotado sus posibilidades dramáticas”. Efectivamente, tres años más tarde se estrenaba la ópera coincidiendo con la publicación de otro de los monumentos artísticos latinoamericanos, Cien años de soledad, quedando la cantata como un mero expositor de experimentación sonora en el cual los procedimientos de la ópera fueron probados.
 
El libreto, al igual que la novela, se inicia frente a La boca del infierno, tal vez la escultura más famosa de las colosales figuras grotescas que adornan el Jardín de los monstruos del castillo de los Orsini en la localidad italiana de Bomarzo. Allí Pier Francesco toma un bebedizo elaborado por su astrólogo que pretende darle la inmortalidad, pero la poción contiene un potente veneno y en su camino hacia la muerte el duque irá rememorando escenas de su vida que explican de alguna manera su degeneración física y moral, mezclando para ello el nivel de lo real con el de lo onírico y el de lo imaginado.
 
La obra se estructura en dos actos y quince escenas, y huye del planteamiento lineal al uso al desbaratar desde un principio el misterio del destino de su personaje. Con ello Mujica y Ginastera consiguen centrarse en la manera en la que un conflicto mantenido en el tiempo deforma al ser humano. Se trata del cómo, no del qué. En lo musical el compositor argentino se nutre del Wozzeck de Berg y del Pelléas et Mélisande de Debussy, y por ello también en cierto sentido del discurso sonoro del Tristán wagneriano. El lenguaje atonal que manifiesta la partitura, superpuesto en algunos fragmentos a un lirismo más tradicional, va a acabar creando una dialéctica propia que se enriquecerá de un universo referencial bastante amplio.
 
El tipo de conflictos que acomete la obra (el maltrato, la crueldad, la erotización mal entendida, el vínculo ente dolor y demencia), sumado a un sentido de la sexualidad abiertamente turbio complicaron el camino de su estreno en Argentina, donde fue censurada por el gobierno de Onganía bajo acusación de obscenidad.
 
Nicola Beller Carbone debuta en el Teatro Real con un papel, el de Julia Farnese, esencial para entender la evolución última de Pier Francesco. “Mi personaje, Julia Farnese, carece de la violencia de otros –comenta a Ópera Actual la soprano alemana–, es muy lírico y con unas buenas dosis de sensualidad, de insinuación. La sexualidad abierta tal vez está en el papel de Pantasilea, pero mi aportación se mueve más en el ámbito de la sutileza. Para ella lo más importante del amor está en lo pequeño: la sonrisa puede a la palabra ardiente. Julia no busca el abrazo sino la cadencia gentil”.
 
El lenguaje contemporáneo de la música supone, tal vez uno de los retos más importantes de Bomarzo de cara al público. “En este papel y en general en cualquiera –continúa Beller Carbone– la conjunción del texto y la palabra es el desafío principal porque, no lo olvidemos, esto es teatro musical. Dentro de la música del siglo XX es importante encontrar la frase. En ópera romántica ese melodismo es mucho más evidente, pero aquí hay que localizar un determinado fraseo que articule toda la intervención, y eso requiere de un trabajo nada sencillo. Luego hay que calzar ese fraseo en el ritmo, que es el esqueleto fundamental dentro de este tipo de música, e interiorizar toda la expresividad corporal. En los detalles pequeños (cómo sentarse, cómo andar) es donde se hace creíble un personaje”.
 
Beller Carbone afirma que se encuentra cómoda en este tipo de repertorio “Porque me interesa más la forma en cómo se abordan los temas en la música en el siglo XX, en la que la idea del número cerrado se ha disuelto y tenemos un viaje sin tanta frontera. La complejidad, la industrialización, la guerra, están implícitas en los personajes, y se muestran de manera más urgente. Eso me interesa muchísimo”.
 
En el reparto del estreno local de Bomarzo acompañan a Nicola Beller Carbone John Daszak como atormentado protagonista (Pier Francesco Orsini), James Creswell (Gian Conrado Orsini), Hilary Summers (Diana Orsini), Germán Olvera (Girolamo), Damián del Castillo (Maerbale), Albert Casals (Nicolas Orsini), Thomas Oliemans (Silvio de Nardi), Milijana Nikolic (Pantasilea) y Francis Tójar (Mensajero). La dirección musical corre a cargo de David Afkham, cada vez más cómodo en ropajes operísticos, con dirección de escena de Pierre Audi. La obra se podrá ver en el Teatro Real de Madrid en cinco sesiones entre el 24 de abril y el 7 de mayo, con un buen número de actividades paralelas en la Fundación Juan March, la Biblioteca Nacional o la Escuela de Música Reina Sofía.
 
 
 
 
 
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