NOCHES DE ESTRENO

 
 
 
Teatro de La Maestranza
EL DICTADOR / EL EMPERADOR DE LA ATLÁNTIDA
30/XI - 2, 4/XII
DER DIKTATOR:
El dictador: Martin Gantner. Charlotte: Natalia Labourdette. Un oficial: Vicente Ombuena. María: Nicola Beller Carbone.
EL EMPERADOR DE LA ATLÁNTIDA:
El emperador Overall: Martin Gantner.
El altavoz: David Lagares. La Muerte:
Sava Vemic. Arlequín: José Luis Sola. Un soldado /
Un oficial: Vicente Ombuena. Bubikopf: Natalia Labourdette. El tambor mayor: Nicola Beller Carbone.
Real Orquesta Sinfónica de Sevilla.
Dirección musical: Pedro Halffter.
Dirección de escena: Gustavo Tambascio /
Rafael Rodríguez Villalobos.
 
 
El Teatro de la Maestranza presenta el 30 de noviembre el programa doble formado por El Dictador y El emperador de la Atlántida, esta última coproducida por el teatro Real de Madrid, el palau de Les Arts de Valencia y el coliseo sevillano.
 
Ismael G. CABRAL
 
 
Tras su paso por el Real, llega al Maestranza Der Kaiser von Atlantis de Viktor Ullmann (1898-1944) el 30 de noviembre (reposiciones los días 2 y 4 de diciembre) en un programa doble junto a otro título de comienzos del siglo XX, Der Diktator de Ernst Krenek (1900-1991). La obra de Ullmann se escuchará en una nueva orquestación de Pedro Halffter. Martin Gantner, David Lagares, Natalia Labourdette y Nicola Beller Carbone son algunas de las voces que integran el reparto de este doble sesión.
 
 
ÓPERA ACTUAL: ¿En qué momento entró en contacto con ambos títulos?
Pedro HALFFTER: Conocí Der Kaiser hace mucho tiempo, porque el tema del nazismo es algo que nunca he llegado a comprender. Como parte de mi educación fue en Alemania tuve que visitar el campo de concentración de Dachau con 15 años y eso me marcó profundamente. Desde entonces he intentado leer todo lo que he podido para aspirar a entender cuáles fueron las razones por las que se llegó a esa situación. Ha habido otros genocidios en la historia pero nunca se ha organizado de una forma tan industrial. Der Kaiser fue compuesta en parte dentro de un campo de concentración. Por otra parte, la obra de Krenek la conocí hace años porque él fue alumno de Schoenberg y también he dirigido su Orfeo y Euridice en el Teatro Real.
 
O. A.: ¿Cuál es su opinión sobre la grabación de Lothar Zagrosek de Der Kaiser en Decca que, hasta ahora, había sido la canónica?
P. H.: Se corresponde a la orquestación original. Pero hay que matizar algunas cosas. A mí se me encarga, bajo el permiso de la editorial Schott, una nueva revisión porque existen manuscritos en los que el propio Ullmann indica que él pensó la obra para una orquesta más grande. Hay un dato que es biográficamente muy importante: Krenek y Ullmann se conocieron porque es muy probable que el segundo dirigiera alguna de las representaciones de Jonny spielt auf del primero, una ópera que triunfó en los años 20 del pasado siglo. La orquestación que yo he hecho está muy basada en esta ópera. Y cuando se dice que esto traiciona el espíritu original habría que plantearse si alguna vez existió una partitura terminada por el propio Ullmann. Por cierto, este, en vida, fue muy aficionado al esoterismo y a la teosofía. Y cuando falleció, en     Praga, se consultó con una médium para completar ciertas partes de la orquestación de la versión para orquesta de cámara. Esto quiere decir que no hay una versión canónica de esta ópera. Y si pensamos que Ullmann estuvo en Praga cuando Mahler estrenó su Sinfonía n. 7, que admiró y aprendió de Schoenberg y cómo orquestó su primera ópera, Der Sturz des Antichrist, es fácil pensar que mi orquestación se acerca mucho más a lo que el pensó para Der Kaiser.
 
O. A.: ¿Cuál ha sido la principal aspiración al concebir esta nueva revisión de la obra de Ullmann?
P. H.: Tanto el director de escena, Gustavo Tambascio [fallecido el pasado 3 de febrero], como yo, nos planteamos desde un primer momento quitarle a la ópera el sello de “música de campo de concentración” y darle un sentido de música absoluta, como si Ullmann hubiera podido tener todos los medios para representar la ópera cómo él deseaba. Esa es la idea original de todo. El acercamiento tiene así mucha más fuerza porque su música, como el libreto, es absolutamente genial, tiene una fuerza extraordinaria.
 
O. A.: ¿Por qué la prologa con Der Diktator?
P. H.: Por muchas razones. La primera, porque Krenek y Ullmann fueron contemporáneos. También por una cuestión que atañe a los libretos: las dos óperas son una sátira, sobre Mussolini (Diktator) y Hitler (Kaiser). Las dos figuras más despreciables de Italia y Alemania quedan retratadas en estos dos títulos. Pero aunque ambas óperas traten un tema muy similar lo hacen de una manera muy diferente. En Der Diktator uno ve a un ser despótico con el que nos enfrentamos; en ese sentido es una ópera muy italiana, con el ego muy en el centro. Mientras que en Der Kaiser es todo mucho más sutil porque necesita bastantes personajes para que al final aparezca el Emperador.
 
O. A.: ¿En qué mundo estético se mueven ambos títulos?
P. H.: En Der Diktator el propio Krenek dijo que él quería imitar un poco el lenguaje pucciniano a su manera; con una expresividad neotonal que puede recordarnos en algunos momentos a Kurt Weill y al primer Shostakovich. Es una música austera, nada ampulosa, pero tampoco es disonante ni compleja de escuchar. Mientras, Ullmann mira mucho más a Mahler, Zemlinsky y Berg. La representación de estas dos óperas quiere rememorar además los 80 años de la Noche de los Cristales Rotos, y eso tiene una simbología muy grande. Aquella tragedia fue el principio del fin de todo.
 
 
 
 
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