NOCHES DE ESTRENO

 
En la temporada en la que el Teatro Real explora las fronteras de la ópera, el coliseo madrileño estrena en España Die Soldaten, obra clave de la historia de la música del siglo XX que se presenta en una producción de la Ópera de Zúrich dirigida escénicamente por Calixto Bieito y musicalmente por Pablo Heras-Casado. 
 
Lourdes MORGADES
 
Teatro Real
www.teatro-real.com
DIE SOLDATEN
16, 19, 22, 24, 28, 31/V - 3/VI
Wesener: Steven Humes. Marie: Susanne Elmark. Charlotte: Julia Riley. Madre de Wesener: Hanna Schwarz. Stolzius: Leigh Melrose. Madre de Stolzius: Iris Vermillion. Coronel Obrist: Reinhard Mayr. Desportes: Stefan Vinke. Pirzel: Nicky Spence. Eisenhardt: Germán Olvera. Capitán Haudy: Rafael Fingerlos. Capitán Mary: Wolfgang Newerla.
Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real.
(Coro Intermezzo –dirigido por Andrés Máspero– y Orquesta Sinfónica de Madrid).
Dirección musical: Pablo Heras-Casado.
Dirección de escena: Calixto Bieito.
 
 
 
El 15 de febrero de 1965 y después de que Bernd Alois Zimmermann (1918-1970) tuviera que rehacerla tras haber sido desechada por irrepresentable, la Ópera de Colonia finalmente estrenó Die Soldaten, grito antimilitarista que clama contra los monstruosos efectos deshumanizadores de la guerra, que se ha convertido en una de las obras clave de la música del siglo XX y la partitura que abrió las puertas del futuro a la ópera. El estreno tuvo una gran acogida por parte de la crítica y la ópera se ha afianzado poco a poco en el repertorio pese a la gran complejidad que entraña su representación por su enorme orquesta con piano, órgano, tres conjuntos de percusión con 20 instrumentistas cada uno, un combo de jazz, cinta magnética, 16 cantantes, 10 recitadores, bailarines y un complejo tratamiento vocal con canto, recitado hablado y Sprechgesang. Su estreno en España, este mes, en el Teatro Real en una coproducción de la Ópera de Zúrich y la Komische Oper Berlin con dirección de escena de Calixto Bieito y musical de Pablo Hersas-Casado, se convierte en uno de los acontecimientos de la temporada. La Ópera de Colonia, por su parte, recupera la obra de Zimmermann desde el 29 de abril y hasta el 20 de mayo en una nueva producción dirigida por otro director español, Carlus Padrissa, de La Fura dels Baus.
 
 
 
Die Soldaten, con libreto del propio Zimmermann, se basa en la obra homónima de Jakob Michael Reinhold Lenz (1751-1792), un escritor visionario del periodo Sturm und Drang de la segunda mitad del siglo XVIII que se anticipó al naturalismo y al expresionismo. La acción se sitúa en Lille y Armentières, en el Flandes francés, y transcurre ayer, hoy y mañana. La protagonista es Marie, una joven e inocente burguesa seducida por un oficial, quien la viola y abandona. Para estar cerca del militar del que se ha enamorado, Marie pasa de mano en mano en el cuartel como objeto de la lujuria y la violencia a la que la someten los oficiales, quienes la abocan a una imparable degradación que culmina en horribles visiones de la brutalidad de la humanidad a lo largo de los siglos en una espiral interminable de actos violentos contra ella y otros.
“Es una obra extraordinaria, de una intensidad emocional impresionante que habla de nuestro mundo mucho más de lo que parece”, afirma Joan Matabosch, director artístico del Teatro Real, quien suscribe la cita de Zimmermann: “Lo que me entusiasma de la obra es que esos hombres y mujeres los podemos encontrar en todas las épocas y todos los días, que en el fondo son inocentes y que son reducidos a la nada, condicionados menos por el destino que por una constelación fatal de caracteres y circunstancias”.
“El compositor utiliza un recurso muy de su época para dar la sensación de acción irreversible, que vuelve sobre sí misma y que es implacable, porque ninguna psicología de un personaje ni acción humana va a poder detenerla”, señala Matabosch. “Y este recurso es lo que en la época se conocía como ‘concepción esférica del tiempo’, que Zimmermann adoptó como propia: creía que todo lo que sucedió en el pasado y todo lo que acontecerá en el futuro existe de una manera simultánea. Es solo la percepción humana lo que nos da la ilusión de que los acontecimientos siguen una cronología. Este es el sentido de que escriba que la acción se desarrolla ‘ayer, hoy y mañana’ y de que la acción se repita una y otra vez”.
Sobre la fama de irrepresentable que arrastra Die Soldaten, el director artístico del Real asevera: “En la actualidad se puede montar perfectamente si el teatro está dispuesto a hacer el esfuerzo de meterse en un proyecto que necesariamente va a tener que poner en cuestión sus propias rutinas de trabajo”. 
 
Ópera seductora
 
 
La producción que presenta el Real se estrenó en Zúrich en septiembre de 2013 y con ella Calixto Bieito cumplió su sueño de dirigir Die Soldaten, que el director de escena ya propuso a Matabosch a principios de la pasada década cuando era director artístico del Liceu barcelonés. “Es una de las grandes óperas del siglo XX, un grito de angustia, de depresión, de horror. Cuando la escuché por primera vez, hace casi dos décadas, me causó una gran impresión”, señala Bieito, quien desde que a finales de los años ochenta y empezara a trabajar como director teatral se obsesionó con Lenz, cuya obra tradujo del francés para trabajarla con actores, aunque no llegó a dirigir un título suyo hasta 2013. “Desde el principio tuve claro que en Die Soldaten el cuartel era la música. De esta idea parte el concepto de la producción y de convertir a los músicos en una gran orquesta militar que machaca y machaca”, asegura Bieito.
Rebecca Ringst, la escenógrafa, trabajó la idea junto al propósito de Zimmerman de crear un nuevo tipo de ópera combinando más medios y rompiendo las unidades de tiempo, lugar y espacio. El resultado, cuenta, es “una estructura de dos niveles en la que la orquesta se sitúa en la parte superior, mientras la acción con los cantantes transcurre en la parte inferior, delante del escenario y sobre el foso cubierto. Los músicos transfigurados en soldados, siempre presentes en el escenario se convierten en una fuerza bruta que lo arrasa todo como un tsunami”.
El hecho de que el director de orquesta esté de espaldas a los cantantes queda solventando en esta producción con la presencia del asistente musical y apuntador de la Ópera de Zúrich, Vladimir Junyent, quien ejerce de codirector desde la primera fila de platea. “Como los cantantes no tienen contacto directo con el director y dada la gran complejidad de la obra, mi labor como apuntador cobra mayor protagonismo y responsabilidad, aunque en el fondo siga haciendo el mismo trabajo de siempre, dar las entradas a los cantantes, pero en esta producción desde primera fila de platea, porque el foso está cubierto y ocupado por los intérpretes”, explica Junyent.
“La idea militar es un reflejo del siglo XX”, afirma Calixto Bieito. “En Die Soldaten está todo, el terror de la bomba atómica, Hiroshima, los bombardeos de Dresde, y, sobre todo, la corrupción moral y ética del siglo XX, que todavía dura. Durante los ensayos no me sucede, pero en los pases sufro porque esta es una obra muy dura para los cantantes, a los que Zimmermann lleva al límite y obliga a continuos saltos interválicos. No puedes ensayar más de tres horas o te vuelves loco. Con esta ópera debo ser muy concreto en los ensayos al trabajar sobre el universo neurológicamente enfermo de todos los personajes vinculados al cuartel”.
Pablo Heras-Casado no dudó ni un segundo cuando Joan Matabosch le propuso dirigirla: “Die Soldaten es un gran reto, incluso para mí que en los últimos años me he acostumbrado a un repertorio bastante extremo en cuanto a dificultad y dimensiones, pero es una suerte poder hacerla”, señala. “Ahora tengo 40 años y espero tener la oportunidad más adelante de volver a dirigirla, porque es una de las obras claves en la historia de la ópera del siglo XX”.
 
Estilo plural
 
Cuando en el verano de 1957 Erich Bormann, director de escena de la Ópera de Colonia, señaló a Zimmermann las posibilidades que tenía la obra de Lenz Die Soldaten, ya explorada en 1930 por Manfred Gurlitt, el compositor halló aquello que hacía tiempo andaba buscando, además de un argumento en el que podía ver las atrocidades de la guerra que había vivido en Polonia, Rusia y Francia y tanto le habían afectado. Para él, la ópera era un anacronismo desde su mis­­mo nacimiento, pero pese a ello era un género vivo y eso de joven le sorprendía, luego le divirtió y finalmente le fascinó hasta el punto de interesarse en la composición de una ópera que, con el descubrimiento de Lenz y su negación de las unidades aristotélicas tradicionales de tiempo, lugar y acción, se correspondía a la concepción músico-dramática que tenía de la forma.
 
A partir de entonces, Zimmermann, adscrito al serialismo, empezó a desarrollar un método personal de composición que denominó “estilo plural” en el que une al método serial la técnica del collage. Su idea es que el tiempo se puede experimentar como una unidad en la que presente, pasado y futuro son simultáneos creando así un “presente permanente”. El compositor expresa esta simultaneidad temporal en lo musical por medio de la cita y en lo teatral con la superposición de escenas y la comunión de las diversas artes: canto, música, ballet, artes plásticas, cine, pantomima, cintas magnéticas... Esta concepción dramática de simultaneidad se traduce en un nuevo concepto de partitura en la que los cuatro actos son divididos en secuencias de géneros instrumentales que se repiten: Strofe, Ricercare (tres), Toccata (tres), Ciaccona (tres), Nocturne (tres), Rappresentazione, Rondino y Tropi unidos por interludios. Las citas musicales van del canto gregoriano al jazz, pasando por el coral de la Pasión según San Mateo de Bach “Wenn ich einmal soll scheiden”, preludios barrocos o marchas rítmicas. El pluralismo de escenas teatrales alcanza su zénit en el cuarto acto con la superposición de doce escenas que transcurren simultáneamente.  * L. M.
 
 
 
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