NOCHES DE ESTRENO

 
Teatro Calderón
www.tcalderon.com
ROMÉO ET JULIETTE
2, 4, 6/V
Juliette: Katerina Tretyakova. Roméo: Celso Albelo. F. Laurent: Stefano Palatchi. Mercutio: Josep R. Olivé. Benvolio: Beñat Egiarte. Stéphano: Carol García. Capulet: Gerardo Bullón. Gertrude: Mireia Pintó. Tybalt: David Alegret. Pâris: Isaac Galán.
Orquesta Sinfónica de Castilla y León.
Coro Proclásic (Director: Sergio Domínguez).
Dirección: Alain Guingal
Dirección de escena: Stephen Lawless.
 
Este mes llega al Calderón la historia de amor más famosa y triste de la historia, la de los infelices amantes de Verona, Roméo et Juliette en la visión de Charles Gounod. La obra, en el montaje de Stephen Lawless que pudo verse en febrero en el Liceu barcelonés, propone un cambio de época al siglo XIX –sugerido por la partitura decimonónica– y de lugar, a Estados Unidos –en un tétrico espacio escénico unitario, un mausoleo con mínimas transformaciones–, donde los amantes viven su desencuentro fatal. Katerina Tretyakova interpretó el personaje en Barcelona y ahora lo retoma en Valla­­dolid. “Como cantante encontré un pun­­to de vista sugerente y distinto, con un vestuario precioso de Ashley Martin Da­vis y una escenografía que ayuda a proyectar la voz. Creo que funciona bien”, apunta la soprano rusa afincada en España. “Además el personaje me encanta. Juliette, junto con Violetta y Lucia, es uno de mis favoritos. Técnica y dramáticamente no es nada fácil y sí muy interesante, porque permite mostrar tus capacidades como actriz y cantante. Hay pasajes con coloratura y agudos que se deben cantar con mucha ligereza; también hay momentos en los que hay que mostrar colores frágiles con pianísimos y un fraseo sutil y elegante. Al final el papel es más dramático y te exige más bravura y peso en la voz, como en su última aria. Juliette es una persona positiva con deseos de vivir y con carácter fuerte, siendo capaz de tomar decisiones maduras y, si es necesario, hacerle la guerra a los estereotipos, un detalle que me recuerda mi propia adolescencia”.
 
Su Roméo será el tenor canario Celso Albelo: “Él es el emblema de la inocencia del primer amor. Desde el inicio de la ópera se ve esa delicadeza que se intercambian Romeo y Julieta: su primer dúo es la expresión de un amor verdadero y puro”, no por ello exento de dificultades. “Lo más complicado del rol se podría encontrar en la búsqueda de la morbidezza (ductilidad, blandura, delicadeza) del canto, siempre con grandes frases. No podemos olvidar la parte más dramática, presente en los actos segundo y tercero, en los cuales la voz pasa de frases largas y mórbidas a frases incisivas con acentos dramáticos. Encontrar un equilibrio entre ambas partes se vuelve un requisito fundamental para llegar a buen puerto con un rol de tales dimensiones, algo bastante común en el repertorio francés”. Emocionalmente es muy demandante, “porque estamos hablando de sentimientos universales, que allá donde se desarrollen siempre salen a flote. El alma de Romeo y Julieta, en su amor universal, está más allá de cualquier época o condición. Su amor pudo con el odio enquistado, con un odio heredado de generaciones... Por lo mismo, Romeo y Julieta son tan universales como eternos”. 
 
 
 
 
 
 
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