NOCHES DE ESTRENO

 Gran teatre del Liceu / Hartmut Schörghofer 
 
Gran Teatre del Liceu
www.liceubarcelona.cat
DEMON
23, 26, 29/IV, 2, 5, 8, 11 /V
Demonio: Egils Silins. Gudal: Alexander Tsymbalyuk.
Tamara: Asmik Grigorian. Sinodal: Igor Morosow
Mensajero: Antoni Comas. Ángel: Yuriy Mynenko.
Sirviente de Sinodal: Roman Ialcic. Cuidadora de Tamara: Larisa Kostiuk.
Orquestra Simfònica y Cor del Gran Teatre del Liceu
(Dir. Cor: Conxita García).
Dirección: Mijaíl Tatarnikov.
Dirección de escena: Dmitry Bertman.
 
Excelente y rara oportunidad para descubrir una ópera presente en el repertorio de los teatros rusos, pero que apenas se programa en Europa. Demon, de Anton Rubinstein, llega al Gran Teatre del Liceu en calidad de estreno en España en su versión original en una nueva producción del coliseo lírico barcelonés en colaboración con el Helikon de Moscú y las óperas de Burdeos y Núremberg dirigida escénicamente por Dmitry Bertman y musicalmente por Mijail Tatarnikov.
 
Lourdes MORGADES
 
Demonios y furias forman parte del patrimonio de la ópera desde sus orígenes, pero no fue hasta el siglo XIX que la figura de Satán captó la atención de los compositores que lo convirtieron en protagonista de algunas de sus óperas, entre las que destacan por como lo describen Faust (1859) de Gounod, Mefistofele (1867) de Arrigo Boito y Demon (1875) de Anton Rubinstein (1829-1894), cosmopolita pianista y prolífico compositor que fundó el Conservatorio de San Petersburgo y fue maestro de Chaikovsky. Actualmente, la música de Rubinstein apenas se interpreta, salvo su ópera Demon, que circula por los coliseos líricos rusos y desde hace unas décadas aparece ocasionalmente en algunos escenarios de Europa y Norteamérica.
Rubinstein eligió el poema más popular de Mijaíl Lermontov, El demonio (1829-1839), para escribir la ópera, la historia de un diablo que se enamora de una joven, mata a su prometido y la seduce ocasionándole la muerte. Los ángeles se la llevan al cielo y condenan al demonio a la soledad eterna. El poema fue prohibido por sacrílego hasta 1869. El compositor se aleja en Demon de la tradición musical rusa para seguir la estética francesa y alemana en una partitura, de gran vuelo melódico. “Es la mejor ópera de Rubinstein”, afirma el director de escena ruso Dmitry Bertman, encargado de la producción que se estrena en el Liceu. “La escribió con la verdadera inspiración de un compositor romántico y volcó toda su alma en la música. Su partitura es completamente diferente a la de los compositores del Grupo de los Cinco, con los que mantuvo unas relaciones complicadas. Rubinstein era cosmopolita, mientras Musorgsky creaba una nueva tradición, la ‘música del futuro’ rusa y le llegó su hora, pero la hora de Rubinstein todavía no ha acabado”, asegura.
Demon se estrenó con gran éxito en 1875 en el Teatro Imperial de San Petersburgo, donde se representó más de cien veces en los siguientes nueve años y catapultó a Rubinstein como compositor nacional. La ópera recorrió Europa traducida al alemán e italiano y fue en esta última versión la que se estrenó en España, en el Teatro Novedades de Barcelona, el 10 de octubre de 1905. Tras la muerte de Rubinstein su música empezó a perder popularidad y actualmente apenas se interpreta fuera de Rusia. Demon se ha ido manteniendo en el los coliseos líricos rusos en especial por el gran papel que el demonio representa para las voces masculinas graves, que cautivó en el pasado al legendario Fiodor Chaliapin, además del alemán Theodor Reichmann y los italianos Titta Ruffo o Mattia Battistini.
Precisamente Dmitry Bertman descubrió la ópera gracias a las grabaciones que Chaliapin hizo de tres de sus arias más conocidas, “No llores chica, no llores en vano”, “Por los océanos del aire” y “Soy el que escuchas”. Para llevarla a escena se ha inspirado en una obra de El Bosco. “Una poderosa fuente de inspiración ha sido la tabla de Hieronymus Bosch Ascensión al Empíreo, del retablo Visiones del más allá. Lo que nos ha fascinado es la visión de la Tierra como un mundo de transición y la escenografía, obra del salzburgués Hartmut Schörghofer, convierte el escenario en un túnel que conecta los mundos en los que se desarrolla la acción. El segundo elemento es una gran esfera que simboliza el reino trascendental en este mundo cerrado. La esfera aparece y desaparece y en ocasiones hasta bloquea la salida. Técnicamente es un globo que contiene un proyector que proyecta imágenes de interior al exterior”.
 
 
Tu proyecto, Dima
 
Demon es una ópera que el barítono Dmitri Dima Hvorostovsky –fallecido en noviembre del pasado año– apreciaba especialmente. Quería darle difusión porque la consideraba una obra maestra muy poco conocida fuera de Rusia. El personaje protagonista –el Demonio– es ideal para un cantante-actor; se trata de un papel muy dramático, con tintes románticos y melancólicos por su destino infeliz, ya que se enamora sinceramente. Pero su relación es imposible, incluso cuando la intenta con violencia. Con Dima hablamos mucho sobre el proyecto, sobre el director de escena más adecuado para llevarlo a cabo e incluso del reparto, que al final lo conforman colegas muy queridos por él. Con Dmitry Bertman, que firma la producción que estrenaremos, realizaron en 2015 una interesante versión en Moscú. Con su talento vocal, presencia escénica y personalidad, Dima Hvoros­tovsky habría sido un Demonio ideal. Esta producción, por el cariño que tenía por la obra y por su implicación en el proyecto, se la dedicamos a su memoria.  * Christina SCHEPPELMANN,  directora artística del Gran Teatre del Liceu de Barcelona 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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