NOCHES DE ESTRENO

Una escena del espectacular montaje de Aida para el Teatro Real de Hugo de Ana, quien aparece a la derecha. Arriba, el maestro Nicola Luisotti
 
Teatro Real
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AIDA
7, 8, 9, 10, 11, 13, 14, 15, 16, 17, 19, 20, 21, 22, 23, 24, 25/III
Aida: Liudmyla Monastyrska / Anna Pirozzi / Lianna Haroutounian. Amneris: Violeta Urmana / Ekaterina Semenchuk / Daniela Barcellona. Radames: Gregory Kunde / Alfred Kim / Fabio Sartori. Amonasro: Ambrogio Maestri / George Gagnidze / Ángel Ódena. Ramfis: Roberto Tagliavini / Rafal Siwek. Sacerdotisa: Sandra Pastrana. Mensajero: Fabián Lara.
Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real.
(Coro Intermezzo –dirigido por Andrés Máspero– y Orquesta Sinfónica de Madrid).
Dirección musical: Nicola Luisotti.
Dirección de escena: Hugo de Ana.
 
En un nuevo acto de homenaje del Teatro Real a su segundo centenario –o al vigésimo año de su reapertura como teatro de ópera–, vuelve sobre las tablas esta Aida que imaginó Hugo de Ana en 1998 y que tanta tinta provocó a su paso. Revisada y arropada por un reparto con grandes figuras (Liudmyla Monastyrska, Anna Pirozzi o Gregory Kunde entre otros), la más espectacular de las óperas de Verdi se entregará a la batuta de Nicola Luisotti, director asociado del real. 
 
Mario MUÑOZ
 
Aquella verosimilitud que defendía Aristó­teles en sus tres unidades teatrales y que Lope de Vega reelaborara siglos después en el Arte nuevo de hacer comedias de este tiempo, tiene un elemento sugestivo que muchas veces se pasa por alto en su traslado al mundo de la ópera. Se trata, claro, de que la acción de cualquier trama más que ser cierta lo aparente adecuadamente. Pero esa percepción de lo cierto varía tanto según quien lo escuche que el resultado acaba por convertirse en una patria difusa. Imaginar una verdad creíble para una parte del público de 1872, año en el que Giuseppe Verdi estrenó su ópera Aida, es difícil; dar a luz una verdad universal para todos ellos es tarea imposible. Por suerte, el exotismo al que fue tan fiel el movimiento romántico musical de la segunda mitad del siglo XIX facilitó esta tarea.
La creación de un microuniverso verosímil en el marco del Egipto faraónico que Verdi plantea en Aida debió suponer la quintaesencia de su credo dramático, aquel “copiare il Vero può essere una buona cosa, ma inventare il Vero è meglio”. Con un lenguaje ya muy sofisticado tras el Don Carlo, pero todavía lejos del hastío dramático de sus últimos años, Verdi construye sobre el relato de Auguste Mariette una fábula brillante (en su doble acepción, “admirable” y “que brilla”) sobre el poder.
La producción por la que apuesta el coliseo madrileño se sustenta sobre el montaje clásico de Hugo de Ana, que data de 1998, una creación apegada en su día al despliegue técnico de un Teatro Real recién inaugurado. El montaje se enfrenta a sus gardelianos veinte años tras un proceso de reimaginación necesario, porque dos décadas son en realidad mucho tiempo para la mayor parte de las producciones en un mundo en el cual imperan los vértigos.
Juegan a favor de la propuesta los aspectos que fascinaron en su día, como su entramado tan bien medido de espectacularidad y simbolismo. El regista argentino pone en primer término los conflictos del ser humano a costa de arrinconar los arquetipos fuera de escena. Para ello se cuenta con una arena que empatiza con el ánimo de Aida, con pirámides repletas de ruina como metáfora incisiva de la decadencia.
De Ana jugaba a colocar a ras de escenario lo claustrofóbico del sometimiento a cualquier tipo de poder, con cuadros evocadores, espejos y personajes en penumbras. Muchos de esos elementos se mantienen en el replanteamiento del director de escena, destacando su potente lirismo y una fuerza plástica que es a la postre el verdadero hilo dramático de la ópera.
Nicola Luisotti estrenará con este montaje su condición de director asociado del Real –que asegura su presencia en al menos un título por temporada durante los próximos cuatro años– tras las buenas críticas cosechadas con su Rigoletto de hace un par de cursos y los síntomas de buena conexión con la Orquesta Titular del Teatro Real. 
En el aspecto vocal, viejos conocidos del coliseo se darán cita en los tres repartos que insuflarán vida a las 17 funciones programadas de esta Aida. Gregory Kunde encabeza el primero, en un momento de madurez dramática. Alternará su capacidad de introspección con (como ya ocurrió en Otello) las de Alfred Kim y Fabio Sartori. Para Aida se cuenta con las espectaculares Liudmyla Monastyrska y Anna Pirozzi, con Lianna Haroutounian como alternativa, mientras que como Amneris se turnarán Violeta Urmana, Ekaterina Semenchuk y Daniela Barcellona. Nombres como los de Roberto Tagliavini o Àngel Òdena completan una plantilla importante para uno de los platos fuertes de la temporada madrileña que ocupará buena parte de este mes de marzo.
 

 

 
 
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